Por: Nat Rivera
Los clásicos son esos textos que todo el mundo dice haber leído pero que en realidad nadie lee, sentenciaba Italo Calvino. ¿Pero qué es un clásico?
Un texto se gana el apelativo de clásico, decía Borges, “cuando un pueblo o una nación […] ha decidido leerlo como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”. Se anclan en el inconsciente colectivo y, sin nosotros saberlo, nos construyen. “Sirven para entender quiénes somos y adónde hemos llegado”, decía Calvino. Por eso vale la pena leerlos”.
1. El misterio de la casa desierta y otros relatos, E.T.A. Hoffman
Un hombre se obsesiona con el espectro de una mujer en una casa abandonada.
PARA COLECCIONAR
La pasión, o más bien el mal de amor, es la única afección de nuestra alma que puede producir desórdenes en la vida real.
2. La rumba, Ángel de Campo
Narra los esfuerzos de Remedios Vena por abandonar el barrio pobre donde vive en la CDMX.
PARA COLECCIONAR
Un pasajero comentó con otro: “Que se me hace que el francés se come esa tuna”. El otro dijo: “Pos como amor no les tengo, ni cuidado les pongo”.
3. Cien años de sueño, Antología de cuentos mexicanos del S. XIX
Incluye obras de grandes escritores como Rebolledo o Nervo.
PARA COLECCIONAR
Aquí, en estas soledades, no se conoció nunca el miedo, mientras no nos lo trajeron de todas partes del mundo los buscadores de oro. (...) el terror y el pánico crecieron tan frondosos como los naranjos. “Un espanto de verdad”, Laura Méndez de Cuenca.
4. Eneida, Virgilio
Narra todo lo que le pasó a Eneas, luego de su huida de Troya, para llegar a Lacio y fundar Roma.
PARA COLECCIONAR
De nuevo tiene que recurrir a las lágrimas, de nuevo tiene que apelar a las súplicas y doblar su orgullo bajo el yugo del amor, para que nada le quede por intentar antes de morir inútilmente.
5. Poesía amorosa, Sor Juana Inés de la Cruz
Un retrato sobre el amor y lo que implica: felicidad, sufrimiento, odio, deseo.
PARA COLECCIONAR
Si culpas mi desacato,
culpa también tu licencia
que si es mala mi obediencia
no fue justo tu mandato.
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