El rigor a la hora de hacer cine hace la diferencia entre una obra maestra y un proyecto caótico. Christopher Nolan, reconocido por su obsesión con los detalles de la realidad que está creando, ha vuelto a acaparar los titulares durante la filmación de la polémica La Odisea.
Esta vez, el motivo no es una falla en los efectos, un actor polémico ni el formato IMAX, sino una prenda de vestir: las famosas botas Ugg.
A pesar de ser el calzado preferido de las estrellas de cine para descansar tras largas jornadas de rodaje con vestuario de época, el cineasta decidió prohibir de forma tajante la presencia de botas Ugg dentro de su set de filmación.
Para la industria del cine, los ratos de descanso durante las horas de filmación son sagradas. Los actores pasan extensas jornadas utilizando vestuarios pesados, corsés o armaduras históricas.
Cuando escuchan la palabra "corte", corren a la comodidad de prendas afelpadas y calzado cómodo como las Ugg, nacidas en las costas australianas y que terminaron en los camerinos de Hollywood. Pero para Nolan, la comodidad moderna rompe la atmósfera necesaria para sostener la realidad que intenta reproducir.
Las estrictas prohibiciones de Christopher Nolan en sus sets de filmación
La prohibición de las botas Ugg no es la única que ha dado de qué hablar dentro de las normas de Christopher Nolan, quien es célebre por imponer normas estrictas que someten a todo su equipo a una disciplina y coherencia absolutas.
En sus sets tampoco se permite el uso de teléfonos móviles ni dispositivos electrónicos, esto para proteger la privacidad de la producción y mantener al equipo enfocado. No le gustan las sillas de descanso para el reparto o el equipo técnico; ya que, según él, si las personas se sientan no están trabajando de forma activa.
Prohibir las botas Ugg tiene que ver con esta filosofía (o manía, según se mire). Nolan cree que las prendas influyen directamente en la postura y la actitud de los actores, por lo que permitir botas Ugg en su set interrumpe la inmersión en la Grecia Antigua.
La búsqueda de realismo en La Odisea exige que cada elemento, visible o no ante la cámara, mantenga la coherencia histórica y la disciplina profesional que caracteriza a sus producciones.
Directores exigentes y actores excéntricos
Nolan no es el único cineasta que mantiene un control absoluto sobre el entorno de producción. La historia del cine está llena de directores con dinámicas intransigentes. Stanley Kubrick era famoso por repetir tomas decenas de veces y exigir una precisión casi matemática en cada movimiento.
Por su parte, David Fincher prohíbe el desorden en el set y mantiene un ritmo de trabajo donde la improvisación es prácticamente nula. De igual forma, Quentin Tarantino prohibe cualquier teléfono inteligente y obliga al equipo a dejar sus dispositivos en una estación de registro antes de ingresar al foro.
Frente a este nivel de exigencia, los actores han desarrollado pequeños rituales para preservar su bienestar. El uso de batas térmicas, calzado ultra cómodo, almohadillas ergonómicas y rutinas de estiramiento son prácticas habituales entre toma y toma.
Estas costumbres permiten soportar desde el mal clima en locaciones extremas hasta las cargas físicas de las escenas de acción. Cuando la visión de un director choca con estas comodidades, el set se convierte en un territorio de disciplina estricta.
La disciplina cinematográfica y el cine moderno
La firmeza de Christopher Nolan respecto a la vestimenta en el set de La Odisea reafirma su compromiso con el cine clásico (o hecho a la antigua, de forma artesanal). Según él, estos detalles le dan alma a las producciones.
Aunque la prohibición de las botas Ugg parece un capricho a los demás, dentro de su universo de grandes producciones tiene una visión: el arte exige sacrificio y rigor en cada detalle.
La tensión entre las costumbres del reparto y las reglas del cineasta forma parte de la mística que rodea cada película. La capacidad de un director para moldear el ambiente de trabajo influye de manera directa en el resultado final que llega a la pantalla.
En el caso de La Odisea, la renuncia a la comodidad cotidiana se perfila como un precio menor para formar parte de uno de los proyectos artísticos más ambiciosos de la década.
