En Getxo, sobre la bahía del Abra, una antigua residencia de verano mira hacia el Cantábrico. Palacio Arriluce fue construido en 1912, durante los años en que las grandes familias de la burguesía vizcaína levantaron sus casas alrededor de Neguri. Más de un siglo después, el edificio conserva la memoria de aquella época entre jardines, madera, piedra y grandes ventanales abiertos al mar. Desde 2023 funciona como hotel y forma parte de The Leading Hotels of the World, la colección internacional mas prestigiosa de hoteles independientes de lujo.
La historia de Arriluce está profundamente ligada a la de Getxo. La zona se convirtió, a finales del siglo XIX y principios del XX, en lugar de residencia y veraneo para las familias vinculadas a la industria y al comercio de Bilbao. Las grandes villas comenzaron a aparecer alrededor de Neguri, cada una con su propia arquitectura, jardín y relación con el paisaje. Arriluce nació en ese contexto.

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La restauración del edificio ha mantenido buena parte de sus elementos originales. Vidrieras, carpinterías, revestimientos de madera y detalles ornamentales conviven con una decoración contemporánea que introduce color, arte y piezas de mobiliario cuidadosamente escogidas. El resultado conserva algo del carácter doméstico de la antigua residencia: pasillos, salones y habitaciones que todavía permiten imaginar el edificio cuando era una casa privada.
Las habitaciones y suites se distribuyen por las distintas estancias del palacio. Algunas miran hacia la bahía; otras hacia los jardines. La luz del Cantábrico entra por los grandes ventanales y cambia el carácter de los interiores a lo largo del día.

En el exterior, el jardín ocupa buena parte de la parcela y desciende hacia el agua. La piscina queda frente a la bahía, rodeada de vegetación, mientras el antiguo campo de croquet recuerda las costumbres de las casas de verano de aquella época.
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También los espacios gastronómicos forman parte de la historia del edificio. El restaurante DELAUNAY toma su nombre de la artista Sonia Delaunay y lleva esa referencia a su interior, lleno de color y formas geométricas. La cocina, a cargo del chef Beñat Ormaetxea, parte del producto vasco y de la tradición culinaria de la región.
En la antigua capilla se encuentra KUPKA, el bar del hotel. Las vidrieras originales permanecen allí, una presencia especialmente llamativa cuando cae la tarde y la luz atraviesa los cristales.

Fuera del palacio, Getxo invita a seguir recorriendo esa misma historia. El paseo marítimo bordea la costa, las antiguas villas de Neguri recuerdan el pasado residencial de la zona y el Puerto Viejo conserva su carácter marinero. Desde aquí también se llega con facilidad a Bilbao y al Puente Bizkaia, que une Getxo con Portugalete.
Palacio Arriluce pertenece a ese paisaje y a esa historia. Más de cien años después, continúa teniendo al Cantábrico como parte esencial de su arquitectura.
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