La libertad necesita tiempo.
Tal vez por eso cocinar con fuego sea una buena manera de entenderla.
La cocina de humo y brasa no funciona con prisa. Hay que encender el fuego, alimentarlo y esperar. La madera necesita tiempo para convertirse en brasa y quien cocina debe aprender a observar antes de intervenir. El fuego tiene sus propias reglas y uno aprende a trabajar con ellas, no contra ellas. Dentro de esos límites existe un enorme espacio para experimentar, crear y decidir.
Eso, para mí, se parece mucho a la libertad.
Ser libre no significa vivir sin límites, responsabilidades o compromisos. Significa conservar la posibilidad de elegir nuestro rumbo y disponer del tiempo para hacerlo.
Por eso creo que el verdadero objetivo de la riqueza debería ser alcanzar libertad de tiempo.
Durante buena parte de nuestra vida podemos confundir riqueza con acumulación. Queremos tener más, producir más, crecer más. Pero todo lo que obtenemos también exige algo de nosotros: tiempo para conseguirlo, administrarlo y conservarlo.
Entonces aparece una pregunta fundamental: ¿cuándo es suficiente?
Saber vivir con lo suficiente no habla de carencia. Habla de libertad.
Cuando sabemos cuánto necesitamos para vivir bien, también podemos decidir cuánto de nuestro tiempo estamos dispuestos a entregar para conseguirlo. Es más fácil encontrar libertad cuando lo necesario es suficiente que cuando convertimos el “más” en una meta que nunca termina.
El tiempo es probablemente nuestro recurso más valioso. Podemos recuperar muchas cosas, pero no podemos producir un solo minuto adicional de nuestra vida.
Y para conquistar esa libertad de tiempo necesitamos conocimiento.
El conocimiento es una extraordinaria moneda de cambio. Nos permite desarrollar habilidades, resolver problemas y transformar lo que sabemos en un oficio. Y un oficio puede convertirse en una herramienta para construir una vida con mayores posibilidades de elección.
Un cocinero transforma un producto. Un músico transforma sonidos y silencios. Un artista transforma la materia.
Cada oficio desarrolla una forma particular de mirar el mundo y la posibilidad de vivir de aquello que sabemos hacer.
Ahí encuentro sentido en el pensamiento polímata.
No como la pretensión de saberlo todo, sino como la capacidad de aprender diferentes cosas durante la vida.
Aprender lo suficiente para desarrollar una habilidad, convertirla en oficio, hacerla parte de nuestra manera de vivir y conservar la posibilidad de comenzar una nueva misión.
Cada habilidad que desarrollamos representa una nueva posibilidad. Y tener posibilidades también es tener libertad.
Por eso creo en hacer del oficio un estilo de vida y no convertir nuestra vida en el precio que pagamos por ejercerlo.
Existe una diferencia entre vivir de nuestras habilidades y entregar nuestro tiempo a cambio de un sueldo. El trabajo debería ser una herramienta para construir libertad, no aquello de lo que esperamos liberarnos algún día.
La libertad también está en poder cambiar de rumbo. En saber que aquello que hacemos hoy no tiene que definirnos para siempre. Podemos aprender nuevamente, experimentar, equivocarnos y comenzar otra vez.
Volver a empezar también es libertad.
Quizá por eso regreso al fuego.
Con la experiencia aprendemos que no siempre más combustible significa un mejor fuego. El fuego necesita combustible, pero también necesita oxígeno para mantener la combustión.
Con nuestra vida sucede algo parecido.
Necesitamos trabajar, producir, aprender y construir. Pero también necesitamos tiempo para compartir, experimentar, cambiar de opinión, cambiar de rumbo y disfrutar aquello que ya conseguimos.
Hay que saber cuándo poner otra leña.
Y también cuándo es suficiente.
Quizá la verdadera riqueza esté precisamente ahí: tener el conocimiento suficiente para generar lo necesario y conservar nuestro tiempo para vivir, compartir, aprender y decidir.
Porque la libertad no consiste necesariamente en tener más. Tal vez consiste en necesitar lo suficiente y desarrollar las habilidades necesarias para que nuestra vida pueda seguir siendo nuestra.
El conocimiento es la moneda de cambio.
El tiempo es la riqueza.
La libertad es poder elegir.
*Juan Emilio Villaseñor, chef mexicano y fundador de La Cocinoteca en León, Guanajuato. Su propuesta gastronómica se basa en la brasa de maderas y el humo.
Síguelo en Instagram: @juanemiliovillasenor
Su columna se suma a la serie de plumas invitadas que convocamos este mes para diseccionar la Libertad en sus múltiples facetas. Sigue el recorrido de todas las entregas aquí.










