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Altarxito; una forma de llevar la tradición de Día de Muertos a cualquier parte del mundo

 • 4 minutos de lectura

Ana Beatriz Muñoz creó Altarxito, un altar de Día de Muertos plegable que transforma la tradición en una herramienta para sanar.

Karina Avilés

Hay olores que tienen la capacidad de atravesar el tiempo en nuestra memoria sin pedir permiso; por ejemplo, el humo del copal, el dulce de calabaza y el aroma del cempasúchil en flor.

En México, el Día de Muertos es una cita íntima con quienes amamos y ya no se encuentran físicamente con nosotros.

Sin embargo, cuando noviembre termina y la ofrenda se retira, en nuestro corazón, el duelo continúa. El cariño y la necesidad de recordar no se guardan; permanecen con nosotros, en nuestros días, se cuelgan de nuestra sonrisa.

¿Qué ocurre entonces con los duelos profundos que no entienden de estaciones, que no respetan calendarios ni se miden por fechas oficiales?

De esa profunda inquietud y de un largo camino personal de ausencias, mudanzas y nostalgias nació Altarxito, un proyecto creado por la mexicana Beatriz Muñoz Ruiz.

Radicada actualmente en Austin, Texas, Beatriz logró transformar una tradición ancestral en una herramienta portátil de bienestar emocional.

La tradición cruza fronteras

Altarxito, Beatriz Muñoz Ruiz
Karina Avilés

Todo comenzó de manera totalmente inesperada cuando Beatroz asistió como voluntaria a un concurrido desfile de Día de Muertos en Austin, una celebración comunitaria con casi cinco décadas de historia en Texas.

Ver a generaciones enteras reunidas con tanta energía y compromiso con la tradición le hizo cuestionarse cómo ayudar a que esta fecha se mantuviera viva en un país extranjero y tan lejos del olor de los campos de cempasúchil de Xochimilco.

Después de tres años de trabajo constante de la mano de un equipo de diseñadores, logró materializar algo con un trasfondo verdaderamente humano y transformador:

“Un grupo de diseñadores excelentes fueron los que verdaderamente entendieron lo que yo estaba expresando y llegamos a esto: yo lo que quiero es ayudar a la continuidad, a que la tradición siga y que la gente tenga ese espacio para recordar”.

—  B.M.R.

Para Beatriz, la mexicanidad en el extranjero es una muestra conmovedora de identidad que jamás se borra, no importan las fronteras, los muros, nada.

Al hablar de su comunidad y del impacto tan hermoso de su proyecto entre migrantes de varias generaciones, Beatriz nos dice:

“Los mexicanos, donde sea, nos sentimos orgullosos de lo que tenemos y de que la gente entienda nuestras tradiciones”.

Altarxito es una herramienta para sanar

Altarxito, Beatriz Muñoz Ruiz
Karina Avilés

Beatriz nos cuenta también que, otro de sus propósitos al crear Altarxito fue un espacio para el duelo, para la memoria, para la aceptación. Para lograr esa catarsis que tienen los mexicanos año con año al montar su altar y esperar a sus difuntos.

Al vivir lejos de su familia, Beatriz encontró en la colocación del altar de Día de Muertos una forma amorosa y natural de explicarle su propio pasado y sus raíces a sus hijos.

Aquellos entrañables recuerdos familiares dieron paso, con el tiempo, a una reflexión terapéutica mucho más amplia sobre el proceso de decir adiós:

“El Día de Muertos me enseñó que recordar también puede sanar. Quise que este ritual no dependiera de una fecha, sino de una necesidad emocional”.

El Día de Muertos es una de las festividades más difíciles de entender en el extranjero; el mundo lo confunde con una celebración de la muerte, con una fiesta, con una adoración por los muertos...

“Nosotros no adoramos a la muerte. Lo que hacemos es celebrar la vida que esa persona tuvo con nosotros”.

Un refugio para el corazón

Altarxito, Beatriz Muñoz Ruiz
Karina Avilés

Altarxito, hecho con amor, respeto y con arduo trabajo (Beatriz estudió e investigó el significado del altar de Día de Muertos en distintas regiones de México) se distribuyen con éxito a través de su plataforma en línea, conectando hogares en distintas latitudes.

Altarxito también han encontrado un refugio en bibliotecas públicas, museos como el Mexic-Arte Museum en Texas, clínicas, hospitales especializados y retiros espirituales.

Quienes deciden adquirir un Altarxito saben que tener siempre a la mano un espacio seguro y digno para conversar con quienes ya no están en cualquier momento del año es ideal para aceptar y sanar.

Es la oportunidad perfecta de llevar el consuelo, la paz y la memoria a donde la vida misma y el dolor nos lo demanden.

El amor verdadero jamás expira. Con proyectos tan sensibles como el de Ana Beatriz Muñoz Ruiz, la memoria colectiva y la personal pueden fundirse, dialogar e incluso invitar al mundo a este ritual mexicano tan significativo para nuestra idiosincracia.

Al mirar atrás y comprender el trayecto recorrido, Beatriz nos deja una última y luminosa reflexión sobre lo que realmente significa habitar este mundo con consciencia:

“Vivimos un instante nada más, y está bien. Solo quiero que me recuerden como alguien que amó este mundo y supo disfrutarlo todos los días”.

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