Platicamos con Paco Arango, cineasta y altruista, con una trayectoria importante en España y en el mundo, y nos contó sobre su último trabajo, algo que escapa del glamour del cine y las pantallas, de las alfombras rojas y las fiestas de coctel... El altruismo, y más importante, las labores altruistas en niños con cáncer.
Si no crees en Dios, te doy su teléfono es el anecdotario de luz de los 25 años que Paco Arango lleva con esta labor.
¿Es un libro religioso?, no. Es un libro de fe, un testimonio de la influencia de Dios en el dolor.
La consciencia de la felicidad

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Paco Arango es un hombre sencillo, humilde; jamás se describiría a sí mismo como un hombre exitoso, sin embargo, lo es; y hace 25 años, en medio de ese éxito surgieron las enseñanzas de sus padres en su consciencia: cuando eres afortunado en la vida, por qué no devolverle un poco al mundo.
Así fue como Paco sintió la necesidad de aportar, con su ayuda, a que la vida de los demás se sintiera igual de afortunada que la suya.
Con su desastre de vida, así es como él la define, decidió que era hora de ayudar, la pregunta era, por dónde empezar. El mundo está lleno de sufrimiento, la ayuda nunca sobra, y las causas son infinitas... Cómo llegar a puerto seguro, cómo ubicar la labor en la que se pueda marcar la diferencia.
Pero los caminos de Dios y sus designios nos tienen siempre una sorpresa a la vuelta de la esquina...
Señales divinas

Paco relata al inicio de su libro que, en medio de un día apresurado camino al aeropuerto, en una charla con la conductora del taxi que lo llevaba a su destino, la señal de Dios apareció sin que él supiera que estaba recibiendo su mensaje.
Como si alguien le hubiera puesto las palabras en la boca, Paco empezó su discurso:
No me preguntéis por qué, pero en aquel momento sentí que el Míster me pedía que le diera a esa taxista que era muy importante que perdonara a su madre. Se notaba que seguía profundamente furiosa cuando hablaba de su madre, así que temía cómo reaccionaría. Estábamos a punto de llegar a mi destino, el tiempo se agotaba, y yo buscaba con desesperación una manera de transmitir ese mensaje. [...]
Mi mirada se cruzó con algo al otro lado de la calle: un adolescente, evidentemente enfermo de cáncer, sin cabello, arrastrando un aparato con medicamentos. En ese momento decidí usarlo como una excusa [...]
-Veo que tiene usted una estampita de la Virgen. ¿Usted cree en Dios?
Ella me respondió que s´, que tenía mucha fe. Entonces yomé aire y continué.
-Mire, a veces siento que recibo mensajes de Dios, y en este taxi he recibido dos: uno para usted y otro para mí. ¿Ve a ese chico enfermo con cáncer allá enfrente? Creo que Dios me ha dicho que debo dedicar mi vida a ayudar a niños con cáncer. [...]. El mensaje que he recibido para usted es que tiene que perdonar a su madre.
— Paco Arango
Y aunque fue una mentira, a la larga se trató de una señal divina que Paco Arango siguió con el corazón.
Está bien enojarse con Dios

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Las primeras veces que Paco Arango entró a la fundación a la que le dedicaría su labor altruista, se vio rodeado de niños sin pelo, con la cara pálida y tremendamente conscientes de su estado de salud.
Los niños, cuenta Paco, cambian una vez que reciben su diagnóstico (y no es para menos); se vuelven realistas, cuidadores y consoladores de sus padres e incluso también un poco médicos, pues conocen cada uno de los medicamentos que ayudan a que su cuerpo combata el cáncer.
Cuando Paco se enfrenta a la inminente partida de uno de estos ángeles, lo primero es acercarse a los padres, que son los más enojados con Dios, quienes no aceptan el amor de Dios, quienes lo cuestionan y le recriminan...
Y para Paco, estar enojado con Dios es una manera de comunicarse con el.
Porque Dios, nos dice Paco, no es ese ser ortodoxo, rígido e inalcanzable que pintan las religiones; Dios, el creador de todo lo que conocemos, está siempre abierto a las dudas, los cuestionamientos y hasta los insultos que tenemos para él cuando las cosas se ponen oscuras.
Esa es la clave, abrir comunicación, no importa si es desde la ira o el rencor; cuando se abren los canales de comunicación, Dios nos otorga libertad, la libertad de encontrar la esperanza y la libertad para convertir el dolor en amor.
La infancia, la magia y el cambio

25 años después de su primer día en el pabellón de niños con cáncer, Paco Arango no se arrepiente ni un solo día de haber elegido esta labor.
A pesar de lo desgarrado que le queda el corazón algunos días; a pesar de la tristeza que se le adhiere a la piel, a pesar de la rabia que siente cuando un pequeño se marcha repentinamente.
Paco Arango sabe que el cáncer infantil es real, aunque nunca queramos verlo por el dolor que nos provoca; y sabe también que su ayuda es apenas un grano de arena.
Por eso escribió Si no crees en Dios, te doy su teléfono. La redacción de este libro, que se sintió también como una misión divina, tiene una causa clara; seguir ayudando.
Paco Arango ha fundado hospitales y organizaciones para mitigar la pena del cáncer infantil, y las ventas de este libro, en su totalidad, serán destinadas a la causa que le cambió la vida.













