Este año he tenido la fortuna de conocer tres hoteles Four Seasons en Asia: dos en Japón y, en agosto, el Four Seasons Seúl. Todos comparten el mismo nivel de calidad y los mismos valores de hospitalidad, esos que te hacen sentir cerca de casa aunque estés al otro lado del mundo. Pero cada uno tiene su esencia propia, y la experiencia siempre es nueva.
El de Seúl, además, vive un gran momento. A finales de septiembre de 2026 obtuvo dos Llaves Michelin en la Selección de Hoteles de la Guía Michelin, una distinción que en Corea solo recibieron tres hoteles; el año anterior tenía una. Según el hotel, la guía lo describe como un hotel junto a la plaza Gwanghwamun que reinterpreta la grandeza coreana con un lenguaje moderno. Después de cuatro noches ahí, entiendo por qué.
Una habitación con vista al Palacio Real
Llegué a Seúl muy temprano y tuvieron la cortesía de tener mi habitación lista con un early check-in. Los ventanales, de piso a techo, tienen una vista preciosa a la ciudad o al Palacio Real. La mía miraba al palacio, y cada mañana mi primera actividad era la misma: abrir la cortina para ver el amanecer sobre Gyeongbokgung, que está a unos cuantos metros.

Desde ahí se ve todo de un solo vistazo: la puerta Gwanghwamun con sus tres arcos, los techos de teja oscura que se suceden patio tras patio y, al fondo, la montaña Bugaksan cubierta de bosque. Gyeongbokgung fue el palacio real de la dinastía Joseon y se construyó en 1395. Abrir la cortina y encontrarte con más de 600 años de historia es un privilegio que pocos hoteles en el mundo pueden ofrecer.
Si estás planeando tu viaje, pide desde la reserva una habitación con vista al palacio. Las que dan a la ciudad suelen mirar hacia edificios de oficinas.
The Market Kitchen: un desayuno sobre la historia
El desayuno buffet tiene una variedad enorme. Puedes desayunar algo sencillo y muy europeo, algo típico coreano o asiático, y hasta vegano. Panes, mermeladas, miel local, frutas de temporada, embutidos: todo en el piso -1 del hotel, en The Market Kitchen.
El restaurante recuerda un mercado europeo por sus techos de arcos, y reúne en un solo lugar la cocina de los distintos restaurantes del hotel. Al frente está el chef Allen Go, especialista en cocina coreana e internacional, y la propuesta gira en torno a los ingredientes locales de cada una de las cuatro estaciones de Corea.
Pero lo que de verdad me detuvo fue el piso. Entre las mesas, bajo paneles de cristal grueso, se ven piedras grandes y tierra clara, algunas con pequeños números pintados, como los que se usan en las excavaciones arqueológicas. Durante la construcción del hotel se descubrieron los restos de Gong-jo-gil, una de las calles más famosas de Seúl, del siglo XVI, junto con cientos de piezas de cerámica, tejas y herramientas de metal de los inicios de la dinastía Joseon. En lugar de enterrarlos, decidieron dejarlos a la vista. Así que mientras me servía el café, bajo mis pies había una calle que lleva ahí más de 400 años.
No solo es el espacio del buffet: también hay una barra de café y bebidas para pedir algo rápido o para llevar. Sirven café Lavazza preparado por baristas, tés artesanales de Rishi y tés coreanos de origen local, como el de ciruela verde, el de omija y el de jengibre.

Una cascada de chocolate de oro
Y luego está el espacio dedicado a lo dulce. Entrar ahí es como entrar en un sueño.
La pieza central es una escultura: una columna dorada de la que salen brazos con copas a distintas alturas, como un árbol. El chocolate cae de copa en copa en hilos finos, hasta formar un pequeño lago en la base. El hotel la describe como una fuente hecha con oro de 24 quilates que incluye una cascada de chocolate.

En la vitrina hay chocolate oscuro por un lado y chocolate con leche por el otro, que sale por un grifo dorado. Ahí puedes poner libremente un churro, una magdalena o un palito de pan y bañarlo en chocolate calientito, como recién hecho. A eso súmale postres, galletas, pasteles y waffles recién salidos del horno. En verdad es una locura.
Hasta las flores de esta zona parecen postres: hortensias fucsias como pompones y esferas de flores exóticas en tonos durazno y coral, sobre pedestales de cristal.

Flores que son esculturas vivas
La constante que he notado en los Four Seasons es el detalle y la atención que le ponen a las flores. Al entrar a un lobby o a una terraza, las flores son como una escultura viva que te da la bienvenida, siempre de temporada y con colores coordinados. Todos los días puedes ver a personas revisando cada planta y cada flor: con pinzas y guantes quitan hojas secas, las acomodan en la posición perfecta, las riegan.
En Seúl, el lobby es casi una instalación de arte. Frente a los ventanales que dan a un jardín de pinos hay hortensias azul violeta en jarrones de vidrio verde, anturios blancos y en tonos lila, orquídeas moradas colgando en pequeños tubos de vidrio sobre varillas negras y bolas de musgo suspendidas en el aire. Sobre todo eso flotan unas esferas amarillas, como un móvil. No es casualidad: el reconocido diseñador floral Nicolai Bergmann, con base en Tokio, abrió dentro del hotel su primera tienda en Corea.

Me tocaron muchas hortensias, en colores que nunca había visto. En coreano se llaman 수국 (sugúk), y su nombre significa “crisantemo de agua”, porque es una flor que ama el agua. Su color cambia según la acidez de la tierra, por eso conviven azules, violetas y rosas.
Dato curioso: el crisantemo escondido en la hortensia
Aunque en el hotel no vi crisantemos, esa palabra escondida en el nombre de la hortensia me llevó a una de las flores más importantes de la cultura coreana. El crisantemo es una de las “cuatro plantas nobles” (사군자, sagunja), junto con el ciruelo en flor, la orquídea y el bambú, y ya aparecía en la cerámica celadón del periodo Goryeo (918-1392). Cada una representa una estación y virtudes confucianas como la pureza, la humildad y la perseverancia; al crisantemo le corresponde el otoño. Simboliza la fidelidad y la lealtad, y se volvió uno de los motivos favoritos para decorar piezas artesanales porque florece hasta finales del otoño, venciendo a la escarcha. Los crisantemos incrustados en el celadón se conocen como sanggam, una técnica muy usada en los siglos XIII y XIV. Yo los vi pintados y grabados en piezas del Leeum Museum, en Seúl.
Un sauna coreano para renacer
Como buen destino de belleza, este hotel tiene un spa muy singular, basado en las tradiciones de los baños coreanos, con vista a uno de los palacios más pintorescos de Seúl. Ahí viví el seshin, la exfoliación tradicional coreana, y salí sintiéndome nueva. Te cuento toda la experiencia en [ENLACE A NOTA 2: Seshin, la exfoliación coreana].

K-beauty desde la habitación
La experiencia de belleza no se queda en el spa. Todos los días, en la habitación, nos dejaban mascarillas, cremas y parches para hidratar los ojos. Ellos realmente viven el K-beauty; no es un amenity más.

Las mascarillas de Jayjun vienen por pasos, como la rutina coreana: una limpia, prepara la piel con una esencia y termina con la mascarilla; otra combina ácido hialurónico y colágeno. A eso se suman parches dorados para el contorno de ojos y un spray de almohada con aroma a hinoki, el ciprés japonés, de la propia marca del hotel.
Junto a los tés hay otro detalle con historia. El té es de Ssanggye, una casa de Hadong, la región más importante de Corea para la producción de té verde. Según la tradición, ahí se plantaron en el año 828 las primeras semillas de té traídas de China, en el templo Ssanggye. Para acompañarlo, un gangjeong de Sohadong Gobang: un dulce tradicional coreano y crujiente, hecho con jarabe 100 % de arroz, azúcar orgánica sin refinar y arroz integral tostado, que nunca se fríe. Tomar ese té en la cama, con la vista de la ciudad, fue uno de mis momentos favoritos del viaje.

Desayuno coreano en Maru
Un momento especial fue el desayuno en Maru, el lounge del lobby, con Inyoung Moon, directora de relaciones públicas del hotel, quien nos guio a través de un desayuno coreano tradicional.
Es muy distinto al desayuno dulce que conocemos: caliente, reconfortante y salado. En la carta de clásicos coreanos aparecen los juk, papillas de arroz, y los guk, sopas. Hay jeonbok-juk, una papilla de arroz con abulón coreano; bugeo-guk, una sopa de abadejo seco con tofu, poro y chile, famosa en Corea como remedio para la cruda; miyeok-guk, la sopa de alga con res hanwoo que los coreanos toman en su cumpleaños; y hanbang dak-juk, una papilla de pollo con hierbas medicinales. Son platillos que alimentan y dan energía para empezar el día.
Golf, terraza y coctelería: más allá de la habitación
El hotel tiene mucho más que descubrir. Su Golf Experience, en el piso 10, tiene cinco pantallas 3D que recrean campos reales de todo el mundo, un simulador que analiza el swing y la postura, e instructores que dan consejos profesionales. A un lado hay una tienda con bolsas de golf de piel en colores vibrantes, ropa, gorras y hasta peluches de borreguitos, con una sala que parece más club que tienda.

Al atardecer, la Garden Terrace del piso 15 se llena de grupos de amigos y familias. Las mesas se iluminan con velas, entre jardineras de cipreses y luces cálidas, como un oasis verde rodeado de azoteas. De mayo a octubre funciona como “Bubbles & Buns”, una experiencia gastronómica de temporada.

Para cerrar la noche, hay que bajar al nivel inferior. Detrás de una puerta sin letrero está Charles H., el speakeasy del hotel, y al fondo, H. Bar, un laboratorio de coctelería para solo ocho personas. En el piso 11, Yu Yuan, su restaurante cantonés, conserva su estrella Michelin.
Tres Four Seasons en un año, y ninguno se parece al otro. El de Seúl se queda conmigo por esa mezcla que define a la ciudad: un palacio de 1395 frente a la ventana, una calle Joseon bajo el piso del desayuno y un ritual de belleza que te hace sentir nueva.
Datos prácticos para tu viaje
- Dirección: 97 Saemunan-ro, Jongno-gu, Seúl, en el barrio de Gwanghwamun.
- Habitaciones: 317 en total, de las cuales 32 son suites. Pide vista al palacio desde la reserva.
- Desde el aeropuerto: está a alrededor de 1 hora 20 minutos en auto del aeropuerto internacional de Incheon. El autobús limusina 6002 para a un minuto del hotel.
- En metro: la estación Gwanghwamun (línea 5) está a unos tres minutos a pie.
- Desayuno en The Market Kitchen: de 6:30 a 10:30 am.
- Sauna coreano: en el piso 9, de 5:30 am a 10:30 pm. Cierra el cuarto martes de cada mes; edad mínima, 14 años.
- Reconocimientos: dos Llaves Michelin 2026 y una estrella Michelin para su restaurante Yu Yuan.
Preguntas frecuentes sobre el Four Seasons Seúl
¿Dónde está el Four Seasons Seúl?
En Gwanghwamun, el centro histórico de Seúl. Está a unos siete minutos a pie del Palacio Gyeongbokgung.
¿Qué habitación conviene reservar?
Las que tienen vista al palacio Gyeongbokgung, en pisos altos. Las que dan a la ciudad suelen mirar hacia edificios de oficinas.
¿Qué es el seshin y dónde se hace en el hotel?
Es la exfoliación corporal tradicional coreana. En el Four Seasons Seúl se reserva en su sauna coreano, en el piso 9.
¿Qué hay para hacer dentro del hotel?
Sauna coreano y spa, simuladores de golf, la terraza del piso 15, el speakeasy Charles H., el H. Bar y restaurantes como Yu Yuan, con estrella Michelin.










