Aunque la flor de cempasúchil es la reina absoluta de las festividades de noviembre en México, el crisantemo también tiene un lugar importante en las ofrendas y cementerios.
De pétalos tupidos, variados y brillantes colores y su resistencia al paso del tiempo, el crisantemo es solemne, aromático y respetuoso; perfecto para ser incluido en las ofrendas y altares de Día de Muertos.
De Oriente a México

La Catrina; historia, origen y significado: ¿tiene que ver con el Día de Muertos?
El crisantemo tiene un origen lejano que se remonta a la antigua China, donde comenzó a cultivarse desde el siglo XV a. C. tanto por sus propiedades medicinales como por su valor simbólico, ya que las antiguas civilizaciones la relacionaron con la longevidad, la nobleza y la llegada del otoño.
Décadas después el crisantemo viajó a Japón, donde se convirtió en el emblema oficial de la casa imperial. El segundo momento cumbre del crisantemo fue su inclusión en la botánica europea y, por último, su llegada a América durante el periodo colonial.
Cuando llegó a territorio mexicano, el crisantemo encontró las condiciones climáticas ideales en la franja central del país.
Las comunidades agrícolas adoptaron su cultivo debido a una cualidad única, y es que la planta florece de manera natural hacia finales del otoño, lo que coincide con las celebraciones de Día de Muertos.
Municipios en el Estado de México, Puebla y Michoacán convirtieron su cosecha en una fuente de economía para la temporada florícola, abastecían los mercados locales a la par de la flor de cempasúchil, la nube y el terciopelo.
Esta producción milagrosa sostiene a miles de familias campesinas cada año y garantiza la preservación de técnicas agrícolas tradicionales que han pasado de generación en generación a lo largo del tiempo.
Simbolismo en la ofrenda: respeto, eternidad y luto

8 objetos que no deberías poner NUNCA en tu ofrenda de Día de Muertos
En el Día de Muertos, el crisantemo encarna el duelo, pero ese duelo que ya pasó por la aceptación y que se siente como u reencuentro con nuestros seres queridos, también representa la devoción filial y la memoria.
A diferencia del cempasúchil, cuyo color intenso evoca la luz del sol encargada de trazar el camino de las almas hacia el altar, los crisantemos son un contrapunto visual que equilibra la composición de la ofrenda con otros colores y significados...
Crisantemo blanco
Simboliza la honestidad, la paz del alma y la pureza. Se coloca en los altares dedicados a los niños o a familiares recordados con mucha ternura y cariño (un poco como almas inocentes y puras que partieron).
Crisantemo morado o lila
Se le relaciona con el luto tradicional, la trascendencia espiritual y el respeto a los antepasados. Es un símbolo de que el vinculo permanece a pesar de la ausencia física.
Crisantemo amarillo
Representa la gratitud por la vida compartida en el pasado y la alegría que se siente al recordar los momentos luminosos juntos.
Por su resistencia a diferentes climas y su capacidad para mantenerse fresca por varios días aun con poca agua, el crisantemo es la flor preferida para elaborar coronas, cruces y arreglos destinados a los panteones.
Estructura visual y ambiente aromático en la mesa del altar

De acuerdo con la estructura tradicional del altar de Día de Muertos, el crisantemo no compite con el cempasúchil,se complementa con él en perfecta armonía.
Mientras el cempasúchil se luce en los arcos de entrada o en los caminos de pétalos para guiar a las almas, los crisantemos se colocan en jarrones para darle al altar un sentido espiritual y solemne.
El crisantemo y su fragancia discreta, sus notas frescas, herbales y ligeramente amargas, ayuda a matizar la densidad del humo del copal, la cera encendida de las velas y la dulzura del pan de muerto.
El crisantemo entiende que se trata de acompañar y lo hace de forma muy especial con sus colores y su aroma.