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20 poemas de amor para dedicar a una mujer y conquistarla

Emmanuel Cacho

 • 9 minutos de lectura

Dile todo eso que no sabes como expresar con poesía y recítale al oído estos versos para conquistarla y hacerle saber el amor que te hace sentir a cada momento.

20 poemas de amor para dedicar a una mujer

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La poesía toca fibras desconocidas de las personas, pues pone en palabras muchos sentimientos que la mayoría no encontramos la forma de expresar, especialmente cuando estamos enlazados sentimentalmente con alguien. El enamorarse de una mujer puede cambiarnos la vida y hacernos tomar acciones que nunca pensamos posibles y qué mejor que decirlo con los versos más hermosos, que podrían acercarse a reflejar lo que sentimos por ella.

Ya sea que apenas se están conociendo, son pareja o llevan años de matrimonio, recitar un poema es un acto de amor muy diferente, que nos lleva a una época donde el concepto del romance era distinto al actual. La poesía no es un recurso sentimental que se use con tanta frecuencia, lo que la convierte en nuestra arma secreta para alimentar esa poderosa conexión entre esa mujer especial y tú, pues seguro será inesperada y, por supuesto, conmovedora.

Aquí te presentamos una colección de 20 hermosos poemas para dedicar a una mujer y enamorarla todos los días.

20 poemas de amor para dedicar a una mujer
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1. Tus ojos - Octavio Paz

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,

silencio que habla,

tempestades sin viento, mar sin olas,

pájaros presos, doradas fieras adormecidas,

topacios impíos como la verdad,

otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro

de un árbol y son pájaros todas las hojas,

playa que la mañana encuentra constelada de ojos,

cesta de frutos de fuego,

mentira que alimenta,

espejos de este mundo, puertas del más allá,

pulsación tranquila del mar a mediodía,

absoluto que parpadea,

páramo.

2. XIV - Alfonsina Storni

Estás circulando por mis venas.

Yo te siento deslizar pausadamente.

Apoyo los dedos en las arterias de las sienes, del cuello, de los puños, para palparte.

3. Mientras tú existas - Ángel González

Mientras tú existas

mientras mi mirada te busque más allá de las colinas

mientras nada me llene el corazón

si no es tu imagen

y haya una remota posibilidad de que estés viva en algún sitio

iluminada por una luz cualquiera…

Mientras yo presienta que eres y te llamas así

con ese nombre tuyo tan pequeño

seguiré como ahora, amada mía,

transido de distancia bajo ese amor que crece y no se muere,

bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

4. Amor constante, más allá de la muerte - Francisco de Quevedo

Cerrar podrá mis ojos la postrera

Sombra que me llevare el blanco día,

Y podrá desatar esta alma mía

Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera

Dejará la memoria, en donde ardía:

Nadar sabe mi llama el agua fría,

Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,

Venas, que humor a tanto fuego han dado,

Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;

Serán ceniza, mas tendrá sentido;

Polvo serán, mas polvo enamorado.

5. Canción de amor - Rafael Alberti

Amor, deja que me vaya,

déjame morir, amor.

Tú eres el mar y la playa.

Amor.

Amor, déjame la vida,

no dejes que muera, amor.

Tú eres mi luz escondida.

Amor.

Amor, déjame quererte.

Abre las fuentes, amor.

20 poemas de amor para dedicar a una mujer
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6. Quien alumbra - Alejandra Pizarnik

Cuando me miras

mis ojos son llaves,

el muro tiene secretos,

mi temor palabras, poemas.

Solo tú haces de mi memoria

una viajera fascinada,

un fuego incesante.

7. Bocas - Mario Benedetti

Donde acaba tu boca, ahí es donde empieza la mía.

8. Madrigal - Manuel del Palacio

Me miraste, alma mía,

y fue tal mi alegría

y es mi pasión tan loca,

que sentir me parece todavía

el beso de tus ojos en mi boca.

9. Mientras tú existas - Ángel González

Mientras tú existas,

mientras mi mirada

te busque más allá de las colinas,

mientras nada

me llene el corazón,

si no es tu imagen, y haya

una remota posibilidad de que estés viva

en algún sitio, iluminada

por una luz cualquiera...

Mientras

yo presienta que eres y te llamas

así, con ese nombre tuyo

tan pequeño,

seguiré como ahora, amada

mía,

transido de distancia,

bajo ese amor que crece y no se muere,

bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

10. Si el hombre pudiera decir lo que ama - Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama,

si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo

como una nube en la luz;

si como muros que se derrumban,

para saludar la verdad erguida en medio,

pudiera derrumbar su cuerpo,

dejando sólo la verdad de su amor,

la verdad de sí mismo,

que no se llama gloria, fortuna o ambición,

sino amor o deseo,

yo sería aquel que imaginaba;

aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos

proclama ante los hombres la verdad ignorada,

la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien

cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;

alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina

por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,

y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu

como leños perdidos que el mar anega o levanta

libremente, con la libertad del amor,

la única libertad que me exalta,

la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:

si no te conozco, no he vivido;

si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

20 poemas de amor para dedicar a una mujer
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11. El día que me quieras - Amado Nervo

El día que me quieras tendrá más luz que junio;

la noche que me quieras será de plenilunio,

con notas de Beethoven vibrando en cada rayo

sus inefables cosas,

y habrá juntas más rosas

que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas

irán por las laderas

saltando cristalinas

el día que me quieras.

El día que me quieras, los sotos escondidos

resonarán arpegios nunca jamás oídos.

Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras

que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,

luciendo golas cándidas, irán las margaritas

por montes y praderas,

delante de tus pasos, el día que me quieras...

Y si deshojas una, te dirá su inocente

postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!

Al reventar el alba del día que me quieras,

tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,

y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,

florecerán las místicas corolas de los lotos.

El día que me quieras será cada celaje

ala maravillosa; cada arrebol, miraje

de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar,

cada árbol una lira, cada monte un altar.

El día que me quieras, para nosotros dos

cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

12. Vivir mirándote - José Manuel Caballero Bonald

En tus ojos un mapa vaticina

el futuro,

bajíos, gozos altos, hondas

grietas, un lodazal. Dios mío,

de espantosa vorágine

y aquella

puerta abierta para entrar

donde estaba esperando

el cuerpo más desnudo de la noche.

Una ventana al tiempo son tus ojos,

me hablan siempre de ti y me restituyen

de todo lo pasado antes de que pasara.

¿Qué habría sido de mí sin esas donaciones

consoladoras de tus ojos? ¡cómo

habría yo podido sustraerme

a la evidencia de saber que he vivido

porque estaba mirándote?

13. Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito - Elvira Sastre

Cualquiera diría al verte

que los catastrofistas fallaron:

no era el fin del mundo lo que venía,

eras tú.

Te veo venir por el pasillo

como quien camina dos centímetros por encima del aire

pensando que nadie le ve.

Entras en mi casa

—en mi vida—

con las cartas y el ombligo boca arriba,

con los brazos abiertos

como si esta noche

me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho,

con las manos tan llenas de tanto

que me haces sentir que es el mundo el que me toca

y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas

y lo primero que haces es avisarme:

No llevo ropa interior

pero a mi piel le viste una armadura.

Te miro

y te contesto:

Me gustan tanto los hoy

como miedo me dan los mañana.

Y yo sonrío

y te beso la espalda

y te empaño los párpados

y tu escudo termina donde terminan las protecciones:

arrugado en el cubo de la basura.

Y tú sonríes

y descubres el hormigueo de mi espalda

y me dices que una vida sin valentía

es un infinito camino de vuelta,

y mi miedo se quita las bragas

y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso

uno a uno

todos los segundos que te quedas en mi cama

para tener al reloj de nuestra parte;

hacemos de las despedidas

media vuelta al mundo

para que aunque tardemos

queramos volver;

entras y sales siendo cualquiera

pero por dentro eres la única;

te gusta mi libertad

y a mí me gusta sentirme libre a tu lado;

me gusta tu verdad

y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo

para colgarme de él hasta el invierno que viene;

gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca

y una boca que me mira mejor que tus ojos;

guardas un despertar que alumbra las paredes

antes que la propia luz del sol;

posees una risa capaz de rescatar al país

y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa,

sin esperarlo ha pasado.

No te has ido y ya te echo de menos,

te acabo de besar

y mi saliva se multiplica queriendo más,

cruzas la puerta

y ya me relamo los dedos para guardarte,

paseo por Madrid

y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción

entonces ven a contarme el amor,

que quiero hacer contigo

todo lo que la poesía aún no ha escrito.

14. Soneto XII - Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor suave,

olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño;

esto es amor, quien lo probó lo sabe.

15. Reto - Julio Flórez

Si porque a tus plantas ruedo

como un ilota rendido,

y una mirada te pido

con temor, casi con miedo;

si porque ante ti me quedo

extático de emoción,

piensas que mi corazón

se va en mi pecho a romper

y que por siempre he de ser

esclavo de mi pasión;

¡te equivocas, te equivocas!,

fresco y fragante capullo,

yo quebrantaré tu orgullo

como el minero las rocas.

Si a la lucha me provocas,

dispuesto estoy a luchar;

tú eres espuma, yo mar

que en sus cóleras confía;

me haces llorar; pero un día

yo también te haré llorar.

Y entonces, cuando rendida

ofrezcas toda tu vida

perdón pidiendo a mis pies,

como mi cólera es

infinita en sus excesos,

¿sabes tú lo que haré en esos

momentos de indignación?

¡Arrancarte el corazón

para comérmelo a besos!

20 poemas de amor para dedicar a una mujer
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16. Te quiero - Mario Benedetti

Tus manos son mi caricia

mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro

contra la mala jornada

te quiero por tu mirada

que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía

tu boca no se equivoca

te quiero porque tu boca

sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero

y tu paso vagabundo

y tu llanto por el mundo

porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola

ni cándida moraleja

y porque somos pareja

que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso

es decir que en mi país

la gente viva feliz

aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos.

17. Me basta así - Ángel González

Si yo fuese Dios

y tuviese el secreto,

haría un ser exacto a ti;

lo probaría

(a la manera de los panaderos

cuando prueban el pan, es decir:

con la boca),

y si ese sabor fuese

igual al tuyo, o sea

tu mismo olor, y tu manera

de sonreír,

y de guardar silencio,

y de estrechar mi mano estrictamente,

y de besarnos sin hacernos daño

—de esto sí estoy seguro: pongo

tanta atención cuando te beso—;

entonces,

si yo fuese Dios,

podría repetirte y repetirte,

siempre la misma y siempre diferente,

sin cansarme jamás del juego idéntico,

sin desdeñar tampoco la que fuiste

por la que ibas a ser dentro de nada;

ya no sé si me explico, pero quiero

aclarar que si yo fuese

Dios, haría

lo posible por ser Ángel González

para quererte tal como te quiero,

para aguardar con calma

a que te crees tú misma cada día

a que sorprendas todas las mañanas

la luz recién nacida con tu propia

luz, y corras

la cortina impalpable que separa

el sueño de la vida,

resucitándome con tu palabra,

Lázaro alegre,

yo,

mojado todavía

de sombras y pereza,

sorprendido y absorto

en la contemplación de todo aquello

que, en unión de mí mismo,

recuperas y salvas, mueves, dejas

abandonado cuando —luego— callas...

(Escucho tu silencio.

Oigo

constelaciones: existes.

Creo en ti.

Eres.

Me basta).

18. Soneto XXV - Pablo Neruda

Antes de amarte, amor, nada era mío:

vacilé por las calles y las cosas:

nada contaba ni tenía nombre:

el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,

túneles habitados por la luna,

hangares crueles que se despedían,

preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,

caído, abandonado y decaído,

todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,

hasta que tu belleza y tu pobreza

llenaron el otoño de regalos.

19. Ausencia - Jorge Luis Borges

Habré de levantar la vasta vida

que aún ahora es tu espejo:

cada mañana habré de reconstruirla.

Desde que te alejaste,

cuántos lugares se han tornado vanos

y sin sentido, iguales

a luces en el día.

Tardes que fueron nicho de tu imagen,

músicas en que siempre me aguardabas,

palabras de aquel tiempo,

yo tendré que quebrarlas con mis manos.

¿En qué hondonada esconderé mi alma

para que no vea tu ausencia

que como un sol terrible, sin ocaso,

brilla definitiva y despiadada?

Tu ausencia me rodea

como la cuerda a la garganta,

el mar al que se hunde.

20 poemas de amor para dedicar a una mujer
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20. A veces – Nicolás Guillén

A veces tengo ganas de ser cursi

para decir: La amo a usted con locura.

A veces tengo ganas de ser tonto

para gritar: ¡La quiero tanto!

A veces tengo ganas de ser niño

para llorar acurrucado en su seno.

A veces tengo ganas de estar muerto

para sentir,

bajo la tierra húmeda de mis jugos,

que me crece una flor

rompiéndome el pecho,

una flor, y decir:

Esta flor, para usted.

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