Un equipo de marineros mexicanos acaba de completar un viaje que muy pocos se atreven a intentar en toda su vida. A bordo del velero Diablesse, la tripulación recorrió el Paso del Noroeste, una ruta entre hielos que conecta el océano Pacífico con el Atlántico cruzando la parte más alta de Canadá. El trayecto sumó 4,500 millas náuticas y tomó 57 días de navegación continua desde Nome, en Alaska, hasta tocar tierra en Nuuk, la capital de Groenlandia.
Es la primera vez en que un equipo de nuestro país organiza, financia y encabeza con éxito este recorrido. La aventura forma parte del proyecto Sailing for Prosperity, una iniciativa que busca entender cómo se conectan los mares del mundo para aplicar ese conocimiento en la protección de nuestras propias costas.
Cuatro siglos de hielo

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El Paso del Noroeste fue un laberinto indescifrable para la navegación mundial durante más de cuatrocientos años.
Desde finales del siglo XV, decenas de exploradores europeos intentaron encontrar una vía comercial por el norte sin lograrlo. El caso más recordado en los libros de historia ocurrió en 1845, cuando el británico Sir John Franklin y sus 129 hombres desaparecieron sin dejar rastro junto a sus dos barcos atrapados por el congelamiento.
El primer navegante en completar el recorrido fue el noruego Roald Amundsen en 1906, pero le tomó tres años enteros de supervivencia lograrlo a bordo de una pequeña embarcación.
Hoy en día, el descongelamiento de los polos permite abrir una pequeña ventana de paso entre el hielo durante apenas tres o cuatro meses al año.
A pesar de los avances tecnológicos, las condiciones meteorológicas cambian en cuestión de minutos y el trayecto sigue siendo peligroso y traicionero. Registros del Scott Polar Research Institute de la Universidad de Cambridge muestran que menos de 500 barcos en toda la historia han podido cruzar. Ahora, la bandera mexicana se suma por primera vez a esa lista exclusiva.
57 días de travesía

La travesía empezó el 22 de julio en Alaska, donde el equipo esperó durante días a que las capas de hielo se fracturaran para abrir un camino.
A lo largo de casi dos meses, el Diablesse avanzó entre bloques congelados, cruzando el mar de Beaufort y haciendo paradas clave en lugares remotos como Cambridge Bay, Gjøa Haven y Pond Inlet antes de adentrarse en el mar de Baffin.
El viaje exigió atención total de la tripulación en cada guardia. En varias ocasiones tuvieron que frenar la marcha por completo, subir al punto más alto del mástil para buscar canales de agua abierta con binoculares y estudiar mapas satelitales en tiempo real.
Durante el tramo más duro del viaje, soportaron cerca de 30 horas seguidas de vientos helados de más de 50 kilómetros por hora y olas de cuatro metros de altura.
Toda la travesía la hicieron de forma independiente; no contrataron guías de hielo locales y tomaron cada decisión revisando el clima y escuchando los consejos de las comunidades inuit que habitan la zona.
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El viaje no solo fue un reto de resistencia física y navegación, hubo una investigación científica de campo. Investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California Sur viajaron en el velero para estudiar a las especies marinas y sus rutas migratorias.
En el camino observaron ballenas grises y jorobadas en los mares del norte, las mismas que cada invierno bajan miles de kilómetros para tener a sus crías en las aguas cálidas de las costas mexicanas.
Durante el recorrido también registraron la presencia de osos polares, focas, narvales y diversas aves marinas. Además, conla convivencia directa con las comunidades inuit aprendieron cómo la población local ha logrado sobrevivir y cuidar su entorno durante siglos en un clima despiadado.
De las heladas de Groenlandia a las aguas del Mar de Cortés

Tocar tierra en Nuuk fue un momento de celebración, pero representa apenas el primer paso de un proyecto más grande. Toda la información recolectada por los investigadores, las muestras tomadas en el camino y las observaciones de campo se compartirán con universidades, centros de ciencia y comunidades de pescadores en México.
La meta de Sailing for Prosperity es aplicar lo que aprendieron en el Polo Norte para cuidar los recursos del Mar de Cortés.
El proyecto busca demostrar que proteger los mares ayuda directamente a las poblaciones locales, pues genera un turismo más responsable, sostiene la pesca comercial a largo plazo y asegura el futuro de las siguientes generaciones.
Lo que empezó como una expedición helada a miles de kilómetros termina siendo una lección de conservación para nuestros propios mares.
*Con información de Sailing for Prosperity











