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¿Es legal comer totoaba? Cómo La Paz la llevó de la extinción a la alta gastronomía

Por: Paulina Gómez Mascarell
• 4 minutos de lectura

Viajamos a las granjas marinas de Santomar en Baja California Sur para entender cómo la ciencia y el respeto por el océano salvaron a esta especie de la extinción, convirtiéndolo en un ingrediente premium y sustentable para las mejores mesas de México.

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Cortesía Santomar

La respuesta corta es sí: comer totoaba hoy no solo es legal, sino que representa uno de los mayores triunfos de la ciencia y la sustentabilidad en México. Durante años, esta especie endémica del Mar de Cortés enfrentó el peligro de extinción, convirtiéndose en un ingrediente prohibido e inalcanzable. Sin embargo, la historia cambió de rumbo gracias a Santomar.

Viajamos a La Paz, Baja California Sur, para adentrarnos en los laboratorios y granjas sumergibles de este proyecto de acuacultura regenerativa que logró lo impensable: criar a este gigante en cautiverio.
Esta es la crónica de cómo un pez 100% mexicano regresó a las mejores mesas del país de forma sustentable, ofreciendo una experiencia premium y con trazabilidad absoluta.

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El mar de La Paz es proveedor de muchas especies que son parte de nuestra gastronomía. / Paulina Gòmez M.

La Paz: La verdadera capital del ingrediente estrella

Baja California Sur es mundialmente reconocida por sus paisajes donde el desierto se encuentra con el océano azul turquesa, pero su mayor tesoro actual se está gestando bajo el agua. La Paz se ha consolidado como el punto de origen de una cultura gastronómica que prioriza el respeto por la naturaleza.

El Mar de Cortés —"el acuario del mundo"— es el hogar natural de la totoaba, puede vivir casi 50 años, superar los dos metros de longitud y pesar más de 100 kilos. Santomar aprovechó las condiciones únicas de estas aguas para demostrar que La Paz no solo es un destino turístico espectacular, sino el proveedor de ingredientes de clase mundial capaces de satisfacer a los paladares más exigentes.

El fin del estigma: Cómo comer totoaba

Para entender la magnitud de este logro, primero hay que explicar el origen del estigma. Durante décadas, la totoaba fue llevada al borde de la extinción por el altísimo valor de su vejiga natatoria —el "buche"— en el mercado negro asiático, donde es considerada un símbolo de estatus y vitalidad. Esta demanda desató una pesca furtiva implacable en el Mar de Cortés que, como daño colateral, arrastró a la vaquita marina.

Frente a este escenario, Santomar no es un esfuerzo improvisado. Detrás de esta operación se encuentra Earth Ocean Farms (EOF), respaldada por Cuna del Mar, un fondo internacional de inversión dirigido por la filántropa Christy Walton que apuesta exclusivamente por tecnologías limpias.

Con este soporte y cumpliendo con la certificación BAP (Best Aquaculture Practices) de la Global Seafood Alliance, lograron un hito ante la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas): demostrar que la totoaba ya no está en peligro de extinción y que su cultivo es la estrategia más eficaz contra la caza ilegal.
Su compromiso va más allá del negocio: a través de alianzas con Comepesca y #PescaConFuturo, han devuelto al mar 375,000 juveniles frente a las costas de Loreto.

Podríamos vender aquí en México la totoaba con el buche intacto, no hay nada legal que nos lo impida. Pero estaríamos fomentando que alguien quiera sacarla del país para el mercado negro. Por eso se destruye; nuestro plan de negocios es la alta gastronomía, la carne, no fomentar una ilegalidad.

— Gerardo García, gerente del laboratorio de producción de Santomar.

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El criadero fábrica el alimentode microorganismos y microalgas para nutrir a los peces durante sus primeros meses. / Paulina Gòmez M.
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En el laboratorio de Santomar, se ajusta cuidadosamente la temperatura del agua y las horas de luz en los tanques para que se reproduzcan todo el año / Paulina Gómez M.

Criar en tierra para proteger el mar: Así funciona el laboratorio

Nuestro recorrido inició en el único centro privado de reproducción del país. Aquí, el equipo ha logrado entender y adaptar el ciclo de vida de la totoaba y del huachinango del Pacífico (Lutjanus peru). Al ajustar cuidadosamente la temperatura del agua y las horas de luz en los tanques, consiguen que los peces se reproduzcan todo el año, asegurando frescura constante para los restaurantes.

El mayor desafío no es el tamaño del pez adulto, sino el comienzo de su vida. Las larvas son tan pequeñas que requieren dietas sumamente especializadas.

El cultivo del huachinango es tan difícil como el del atún. En el mundo no hay más de 10 especies marinas de este tipo que se cultiven a escala comercial. Si no producimos el fitoplancton exacto, no sobreviven.

— Gerardo García, gerente del laboratorio de producción de Santomar.

Por ello, el criadero opera como una fábrica de alimento al natural, produciendo microorganismos y microalgas enriquecidas para nutrir a los peces durante sus primeros meses de vida antes de enfrentarse al mar abierto.

Granjas en alta mar: El reto de cultivar a 50 metros de profundidad

Cuando los peces pesan unos 30 gramos, dejan los tanques y viajan al océano. Navegamos hasta sus viveros: impresionantes estructuras octagonales de 30 metros de diámetro suspendidas a 50 metros del fondo marino.

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Cuando la totoaba o el huachinango pesan unos 30 gramos, dejan los tanques y crecen en mar abierto. / Paulina Gómez M.

Operar aquí implica desafíos mayúsculos:

  • Espacio y crecimiento: Cada vivero resguarda unas 40,000 totoabas (que ahí alcanzan los 4 a 5 kilos) o 50,000 huachinangos (que requieren un año para llegar a los 700 gramos).
  • Extracción cuidadosa: Como estos peces suelen habitar profundidades enormes, sacarlos del agua exige técnicas lentas y precisas para evitarles el barotrauma.
  • El factor natural: El calentamiento inusual del mar por fenómenos como el "Súper Niño" disminuye el oxígeno en el agua. Esto estresa a los peces y reduce su apetito, demostrando que la acuacultura siempre trabaja a merced del clima.

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    Cada granja resguarda aproximadamente 40 mil totoabas. / Paulina Gómez M.

El código QR en tu mesa: Por qué importa saber de dónde viene tu comida

Para quienes disfrutan de la buena mesa, la confianza en los ingredientes es innegociable. Santomar entendió esto y diseñó un sistema de trazabilidad que da total tranquilidad al comensal.
Cada pescado que llega a los restaurantes incluye un cincho con un código QR único. Al escanearlo desde tu celular, puedes comprobar:

  1. Su origen legal: Confirma que proviene de un entorno controlado, sin dañar el ecosistema. Como dato adicional, la totoaba de cultivo es exclusiva para México; no se permite su exportación.
  2. Frescura garantizada: Indica la fecha exacta de su cosecha, asegurando una calidad inmejorable gracias a extracciones semanales y una rigurosa cadena de frío de 30 días.

Santomar resolvió el complejo rompecabezas de criar especies exigentes en su entorno natural. Hoy, sentarse a disfrutar de un filete de totoaba o huachinango ya no es motivo de conflicto, sino la celebración de un ingrediente que se recuperó gracias a la visión y el respeto por el mar.

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