Para mí, la libertad nunca ha significado hacer lo que quiero. Ha significado tener el valor de decidir quién quiero ser y hacerme responsable de construirlo.
Después de más de veinte años como diseñadora, creativa y empresaria, he entendido que la independencia tiene muy poco que ver con trabajar sola y muchísimo con aprender a confiar en tu propia voz.
Emprender me dio esa libertad.
La libertad de imaginar algo que todavía no existe y atreverme a hacerlo realidad. De entrar a un espacio vacío y verlo terminado antes que nadie. De crear una marca desde una hoja en blanco. De convertir una mesa, una cocina, una conversación o una experiencia en una manera de comunicar quiénes somos.
Pero también me dio una libertad mucho más importante: la de cambiar de opinión.
He podido reinventarme muchas veces. He sido diseñadora gráfica, interiorista, muralista, empresaria, creadora de experiencias y comunicadora. Y nunca he sentido que tenga que escoger una sola definición de mí misma. Creo profundamente que una mujer puede contener muchas versiones de sí misma y que ejercer nuestra libertad también significa permitirnos evolucionar.
La libertad creativa no es ausencia de límites. Al contrario. Es tener criterio para decidir cuáles aceptamos y cuáles estamos dispuestas a romper.
Henri Matisse decía: “Creativity takes courage”; la creatividad requiere valentía. Y creo que esa frase resume buena parte de mi vida profesional, porque crear implica exponerte; emprender implica decidir; dirigir implica equivocarte, y ser independiente significa saber que, al final, las decisiones llevan tu nombre.
Eso tiene un precio, por supuesto. La independencia también significa incertidumbre, responsabilidad y aprender a empezar de nuevo las veces que sea necesario. Pero no cambiaría esa posibilidad por nada.
Hoy entiendo el éxito de una manera distinta a como lo entendía hace veinte años. Ya no pienso únicamente en cuánto crece una empresa o cuántos proyectos realizamos. Para mí, éxito también es poder mirar lo que he construido y reconocerme en ello.
Que mis espacios tengan mi mirada.
Que mis proyectos tengan mi criterio.
Que mis empresas tengan mis valores.
Que mi vida tenga mi firma.
Quizá por eso, siendo diseñadora, pienso que la libertad también se diseña.
Se diseña cada vez que elegimos qué conservar y qué dejar atrás. Cada vez que decimos que sí a una oportunidad y, sobre todo, cuando aprendemos a decir que no a aquello que ya no representa quiénes somos.
México celebra en septiembre su Independencia. Yo celebro también esa otra independencia, mucho más íntima y cotidiana: la libertad de construir una vida propia.
Y para mí, pocas cosas son más poderosas que poder decir: esta vida la elegí, la imaginé y la diseñé yo.
*Lily Duclaud es una talentosa artista mexicana, diseñadora gráfica e interiorista internacional certificada, ha sido una fuerza impulsora en el mundo del diseño que transmite en sus palabras y diseños ese amor que siente por los espacios ricos, elegantes, sofisticados y personalizados.
Su columna se suma a la serie de plumas invitadas que convocamos este mes para diseccionar la Libertad en sus múltiples facetas. Sigue el recorrido de todas las entregas aquí.










