Bienestar

Costumbre o consecuencia

Daphne Ibarguengoytia

 • 5 minutos de lectura

Recordar importa. No sólo para entender de dónde vienen algunas de nuestras costumbres, sino para no olvidar que muchas nacieron del miedo, de la pérdida y del intento de evitar que algo así volviera a suceder.

Oficiales de seguridad del aeropuerto en Estados Unidos revisan maletas y pertenencias de los pasajeros en el aeropuerto de Los Ángeles.

Oficiales de seguridad del aeropuerto en Estados Unidos revisan maletas y pertenencias de los pasajeros en el aeropuerto de Los Ángeles.

Hoy se cumplen veinticinco años de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y todavía puedo reconstruir aquellas imágenes casi en el mismo orden en que las vi: una torre humeando, la confusión de los primeros minutos, el segundo avión apareciendo en la pantalla cuando todavía intentaba entender el primero y, después, esa impresión brutal de que aquello no había sido un accidente. Luego vinieron las torres desplomándose y esa sensación difícil de explicar, como si el mundo hubiera cambiado de forma en unos minutos.

Quienes éramos adultos entonces probablemente recordamos dónde estábamos, con quién vimos las noticias, a quién llamamos. Hay acontecimientos que no sólo se quedan en la memoria por lo que ocurrió, sino también por el lugar desde donde los miramos. Recordamos la escena, la habitación, la televisión encendida y la incredulidad de estar viendo algo que parecía imposible.

Veinticinco años después, basta entrar a un aeropuerto para comprobar que aquel día marcó un antes y un después en la forma en que viajamos.

Antes del 11 de septiembre viajar era distinto. Los controles eran mucho más laxos, las puertas de las cabinas no estaban reforzadas como hoy y, en varios aeropuertos familiares y amigos podían acompañar al pasajero hasta la puerta de embarque. Muchas de las medidas que hoy cumplimos casi mecánicamente nacieron o se endurecieron después de aquel día.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Para alguien de veinte años, en cambio, nada de esto tiene historia. Así funciona un aeropuerto y punto.

Vivimos rodeados de reglas cuyo origen ya nadie se toma la molestia de explicar. Algunas terminan convertidas en leyes o protocolos de seguridad; otras se instalan en las mesas familiares. Y ahí me acordé de una vieja discusión que tuve durante años con mi hijo por su inseparable gorra.

Desde muy pequeño usaba gorra y sospecho que la seguirá usando siempre. Durante años, cada vez que nos sentábamos a comer, yo repetía lo mismo: “quítate la gorra, es de mala educación”. Y él, con bastante lógica, me contestaba: “¿por qué es de mala educación?”. Mi respuesta era francamente pobre: “porque sí, porque no se come con gorra, porque es una falta de respeto”.

Mucho tiempo después entendí que su pregunta era mejor que mi regla.

Busqué la famosa razón y no encontré gran cosa más allá de antiguas normas de etiqueta según las cuales quitarse el sombrero era una señal de respeto. Así que un día dejé de insistir. La gorra siguió en su cabeza y lo único que pasó fue que desapareció una pequeña tensión que habíamos repetido durante años alrededor de la mesa.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Y entonces pensé que hacemos esto mucho más de lo que creemos: heredamos respuestas y, con el tiempo, perdemos las preguntas que las originaron.

Una generación vive algo, aprende de ello y modifica una conducta. La siguiente recibe esa modificación ya convertida en regla. Después pasa el tiempo y la regla permanece, aunque la historia que la originó se vaya borrando. En algún momento la consecuencia pierde su historia y empieza a llamarse costumbre.

A veces la razón sigue siendo perfectamente válida. Nadie propondría hoy volver a las cabinas vulnerables o relajar la seguridad aérea sólo porque han pasado veinticinco años. Hay consecuencias que se convierten en aprendizaje y sería absurdo olvidarlas.

Otras reglas sobreviven simplemente porque nadie volvió a preguntar.

Hay abuelas que no toleran que se tire comida porque les tocó vivir una época de escasez, y dos generaciones después alguien sigue sintiendo culpa por dejar medio pan en el plato. En alguna familia no se habla de dinero porque una herencia acabó en una pelea que nadie quiso repetir. En otra se aprende desde niño que “hay cosas de la familia que no se cuentan afuera”, aunque con los años nadie recuerde bien qué episodio inauguró ese silencio.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Muchas costumbres contienen experiencia, prudencia y hasta cariño. Otras quizá sólo necesitan que alguien vuelva a hacer la pregunta que se perdió en el camino: ¿por qué?

¿Por qué hacemos esto así? ¿Qué trataba de evitar esta regla? ¿Sigue existiendo aquello que la hizo necesaria? ¿Todavía me protege o simplemente nunca se me ocurrió revisarla?

Creo que crecer tiene algo que ver con recibir lo que nos enseñaron sin sentirnos obligados a conservarlo intacto; entender de dónde viene y decidir qué queremos seguir llevando con nosotros.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Hay cosas que, cuando conocemos su origen, adquieren todavía más sentido. Otras, como la gorra de mi hijo, quizá merezcan que por fin les demos descanso. Por eso también vale la pena conocer la historia. Conocer el origen de la regla no la debilita: la explica.

El 11 de septiembre cambió guerras, políticas, fronteras y relaciones entre países, pero modificó además gestos diminutos que seguimos repitiendo. Una tragedia de unas cuantas horas dejó consecuencias que las generaciones siguientes reciben con normalidad.

Y por esa razón recordar importa. No sólo para entender de dónde vienen algunas de nuestras costumbres, sino para no olvidar que muchas nacieron del miedo, de la pérdida y del intento de evitar que algo así volviera a suceder.

Hoy quise recordar a las 2,977 personas que murieron aquel día, a sus familias y a todos quienes quedaron marcados por lo ocurrido. Personas que salieron de su casa una mañana cualquiera sin imaginar que, sin haber elegido hacerlo, terminarían cambiando la historia y dejando consecuencias que, veinticinco años después, ya forman parte de nuestras costumbres.

Sigue leyendo Esquinas del tiempo de Daphne Ibargüengoytia:

Suscríbete a nuestro Newsletter y mantente al día.

Lo último

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO
PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO
PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Cookies

Almacenamos datos temporalmente para mejorar tu experiencia de navegación y recomendarte contenido de tu interés. Al utilizar nuestros servicios, aceptas dicho seguimiento.

Saber más