Pensemos en alguien que reparte comida en bicicleta. Su radio de trabajo son tres o cuatro kilómetros; los pedidos que quedan más lejos simplemente no los puede tomar. Necesita una motocicleta.
Tiene dos caminos: guardar una parte de su ingreso cada mes hasta juntar el precio completo, y eso puede tomarle año y medio o dos. O pedir un préstamo, comprarla y trabajar con ella a partir de mañana.
Si la moto le permite tomar más pedidos, cada mes que espera pierde esos pedidos extra. Eso es lo que hacen millones de personas que han comprado una ITALIKA con un préstamo: se dan cuenta de que el beneficio que pueden obtener es mayor que el costo de financiarla.
Llevo más de dos décadas trabajando alrededor de dos industrias que parecen no tener nada que ver entre sí: la movilidad y los préstamos. Se parecen más de lo que uno pensaría. Las dos dan acceso a mejores posibilidades.
Por eso, cuando hablamos de libertad financiera, me parece que nos concentramos mucho no en cuánto dinero tiene una persona, sino en qué hace con el dinero que tiene, y muy poco en lo que podría hacer con el que no tiene. La libertad está en las opciones: resolver un imprevisto, comprar la herramienta que permite producir más, tomar una oportunidad cuando aparece y no seis meses después.

Una motocicleta y un préstamo se parecen también en algo más: ambos son herramientas muy poderosas. Y como cualquier herramienta, requieren responsabilidad. Hay que entender para qué sirven y saber utilizarlos de forma correcta. Bien utilizados, pueden ampliar las posibilidades de una persona.
Esa responsabilidad también está del lado de quienes prestamos. Hay que entender cuánto puede pagar una persona, ser transparente con las condiciones y ofrecer algo que tenga sentido para su realidad y no nada más para el balance de quien lo otorga.
Hay préstamos que adelantan un placer futuro: permiten disfrutar hoy algo que, de otra manera, llegaría después. Pero también están los préstamos que adelantan un ingreso o una mejor calidad de vida a futuro. La combinación de una ITALIKA y un préstamo puede hacer justamente eso: permitir que una persona trabaje más, llegue más lejos o aproveche hoy una oportunidad que de otra forma tendría que esperar.
Durante mucho tiempo hemos tratado la deuda como si fuera buena o mala por definición. La deuda no tiene moral, tiene consecuencias. Puede financiar algo que mañana ya no recordamos o una herramienta que durante años genera ingresos; lo importante es saber qué estamos financiando antes de firmar.
Esto pesa de manera particular en México, donde seis de cada diez adultos no tienen ningún crédito formal. Para millones de personas el reto es conseguir los primeros recursos para empezar. Y ahí el recurso más escaso es el tiempo.
Quizá por eso mi definición se ha vuelto más sencilla: ser financieramente libre es tener las herramientas para elegir cómo utilizarlas de forma responsable.
El repartidor de la bicicleta no necesitaba que le regalaran una motocicleta. Necesitaba no perder dos años.
*Alberto Tanus es CEO Cobranza y Préstamos Grupo Elektra y fundador de GS Motos.
“Mi motor es mi familia. Mi sentido de propósito es hacer realidad los sueños de miles de familias mexicanas a través del uso responsable del préstamo. Para lograrlo, me rodeo de equipos de alto rendimiento e impulsamos modelos de negocio que generan impacto positivo en nuestros clientes, distribuidores, colaboradores y proveedores”.
“En 2004 fundé ITALIKA, ensambladora y comercializadora de motocicletas que transformó la movilidad en México, haciéndola más accesible. Hoy, consolidada como GS Motos, con la integración de Hero y Benelli”.
“Me impulsa el balance de vida: salud física, mental, espiritual. Creo firmemente en la disciplina como principio básico para forjar carácter y busco siempre la mejor versión de mí”.
Su columna se suma a la serie de plumas invitadas que convocamos este mes para diseccionar la Libertad en sus múltiples facetas. Sigue el recorrido de todas las entregas aquí.









