Tú no lo sabes, pero tu gato es un coctel emocional que te mantiene a la expectativa de sus cariños y ronroneos. Es decir, su mera presencia es suficiente para manipularte, aunque tú ni siquiera lo notes.
Los estudiosos dicen que, con el mero acto de ver a un gato; su pelaje, su cara pequeña y de formas redondas, sus ojos grandes, su pequeña nariz, sus orejitas puntiagudas y la suavidad que lo cubre es suficiente para que nuestro cerebro empiece a liberar oxitocina...
Y si tu gato te manipula es porque es plenamente consciente de este efecto en tu cerebro y lo usa a su favor, aunque no es con mala intención... ¿o sí?
El "maullido doméstico"
Los nuevos estudios, uno de la Universidad de Cornell y otro de la Universidad de Viena, rebelan que los gatos son criaturas extremadamente inteligentes y cada movimiento está fríamente calculado, ¿por qué?
La fama de los gatos es que son criaturas frías, independientes y hasta indiferentes; sin embargo, lo que sucede es que eligen bien sus vínculos y, aunque no lo parezca, los construyen con pequeños detalles. De acuerdo con los estudios, los gatos entienden bien el comportamiento humano y estudian con especial atención la personalidad de sus cuidadores, y en función de eso, construyen su lenguaje, es decir, el "maullido doméstico".
A través de su evolución como animales domesticados aprendieron a desarrollar habilidades sociales para poder obtener cuidados, alimento y protección por medio de maullidos. Si lo piensas bien, su maullido para pedir comida es diferente a aquel que emiten cuando quieren cariño o cuando quieren cumplir un capricho, como salir al patio, entrar a tu recámara o para jugar.
Los gatos aprendieron qué sonidos funcionan, y si obtienen lo que buscan, repetirán ese comportamiento para seguir satisfaciendo sus necesidades.
Refuerzo intermitente; los reyes del migajeo
Estos mismos estudios arrojaron que su comportamiento es distinto dependiendo del humano con el que se encuentren, hombre, mujer o niños (estos no son sus favoritos, pero si conviven desde pequeños pueden ser los mejores cuidadores).
Se descubrió que los gatos buscan afecto en las mujeres con un maullido agudo y delicado, y cuando buscan la atención de los hombres es para ser alimentados o para que cumplan sus caprichos, y para este propósito sueltan un maullido más agudo y exigente.
Los gatos son conscientes de las diferencias entre los humanos que habitan con él, analizan su lenguaje corporal, sus rutinas, la consistencia de sus cuidados y cómo responden a sus demandas. Su método se basa en la observación y en la prueba, una vez que empiezan a experimentar, recogen resultados y refuerzan las conductas que les dieron lo que buscaban.
Por si fuera poco, mantienen la atención humana con lo que la psicología llama "refuerzo intermitente", o lo que es lo mismo, nos tienen migajeando su atención porque, muy de vez en cuando, se dignan a darnos amor (solo cinco minutos), y nos quedamos esperando a que ese destello de ternura se vuelva a repetir.
Por el contrario, si no accedemos a sus demandas cuando ellos lo piden, nos castigan con indiferencia y, los más osados, con uno que otro arañazo o escupitajo (o hasta destruyendo tus muebles, zapatos y prendas favoritas).
¿Manipulación o supervivencia?
Este carácter impredecible refuerza el coctel de drogas que significa tener un gato. Aunado a la oxitocina, la dopamina que libera nuestro cerebro cuando nos ronronean o nos muestran cariño, más el cortisol natural al verlos tan tiernos e indefensos que nos ponen en "modo cuidado", hacen que su presencia nos tenga completamente dominados.
Ahora bien, ¿tu gato tu manipula o sólo aprendió a sobrevivir entre los humanos? No hay que olvidar que, según algunos biólogos, el gato es el único animal que mata por placer y no por supervivencia, y al verse entre seres más grandes (los humanos) aprendieron a sobrevivir sin tener que usar la violencia o someterse a jerarquías.
Como último punto, recuerda que todas estas conductas sirven para reforzar el vínculo que ha decidido crear contigo, sería peor si ni siquiera se dignara a maullarte. Tú decides si sigues amando a este "manipulador" o aceptas su conducta como parte de su naturaleza y como herramienta de supervivencia.
Al final, si vamos a migajear, que sea por la atención de un bello gato peludo.
