Los gatos domésticos fueron introducidos a México por los españoles durante la Conquista, llegando en los barcos de expedición a partir de 1519. Los felinos fueron traídos desde Europa para controlar las plagas de roedores que amenazaban los alimentos y provisiones de la tripulación. Antes de esta fecha, el continente americano no contaba con gatos domésticos, ya que solo habitaban felinos silvestres nativos –como jaguares y pumas– que tenían un gran significado sagrado y místico para las culturas prehispánicas. Tras su llegada en el siglo XVI, los mininos se adaptaron rápidamente a las casas, conventos y almacenes, ganándose el cariño de la población y extendiéndose por todo el territorio. (Fuente: México Desconocido).
Los lugares donde muchos productores se sienten seguros en sus instalaciones por sus guardianes felinos son, sin duda, en destilerías de tequila, mezcal, bacanora, raicilla, sotol, charanda, una vitivinicola, un tinacal de pulque y la cervecería artesanal mexicana, por mencionar unos ejemplos. Los gatos son bastante comunes en estos lugares donde se producen diversas categorías del alcohol en México y, por supuesto, en el mundo son imagen fundamental, como ocurre en las destilerías de whisky. Cumplen una función; de hecho, su labor más antigua y bendecida, además proteger a los antiguos egipcios, es cazar ratones. Esa es toda su enorme contribución en la coexistencia con el humano.
La siguiente pregunta lógica es: ¿por qué hay ratones en una tequilera, un palenque mezcalero, una vitivinícola, una cervecería artesanal o, lo más extremo, un tinacal de pulque? Esa seguramente sería una historia menos encantadora.
Vámonos a Escocia para dar contexto histórico y comprender mejor esta relación tan sui generis. El funcionamiento para la producción de whisky (mismo caso para las cervecerías del mundo), requiere una enorme cantidad de grano (en su mayoría cebada malteada, aunque también se pueden usar otros granos). (Fuente: Destilería Glenturret)
Con el control de plagas que existía en aquella época, las ratas y los ratones podían convertirse en un grave problema. Pero como todos saben (con la única excepción de Cucho y Benito Bodoque de la famosa Pandilla de Don Gato), la solución para un ratón es un gato. Los gatos de la destilería cumplían la función vital de cazar y matar roedores antes de que pudieran comprometer el suministro de grano; así que si te gusta el whisky, tienes que respetar eso y decir Slàinte Mhath o a la salud del michi.
En un tinacal, sin duda, es fundamental que un gato se encuentre cuidando las tinas o barricas de pulque, ya qué cuando el tlachiquero (el qué produce pulque) llega con las castañas llenas de “aguamiel”, las coloca en su tina correspondiente y espera a que fermente con paciencia y con sus levaduras autóctonas. Después llena los cueros “hasta las manitas” (de ahí el término para saber qué te pasaste de alcohol), para vender el pulque de barrida terminado. Pero, el “pero” aquí se se llama tlacuache o cacomixtle, a quienes les encanta beber aguamiel (la savia qué emana del corazón del maguey manso y aún no contiene alcohol). El gato entra al quite, rifándose una pelea qué es más por el territorio qué por el aguamiel.
En las destilerías de tequila o los palenques, tabernas, tachicas, fábricas y vinatas donde se producen: mezcal, bacanora, raicilla, sotol y otros destilados mexicanos de agave, la figura del gato también es relevante ya qué hace las funciones de “controlador”. Caza ratones y pájaros para evitar que se coman el agave cocido, el cual se deja enfriar todo un día antes de pasar al proceso de molienda, fermentación y destilación.
En muchas vitivinícolas mexicanas el gato no se bebe el vino y arma bacanales; por el contrario, evita que las ratas mordisqueen los tapones por el olor dulce del vino que perciben, y que destrocen los corchos y por tanto que el espíritu fermentado de Baco escape de su botella. Por supuesto, las medidas de contención han cambiado sobre todo en estos lugares con grandes infraestructuras modernas. Ahora hay menos rincones y grietas donde ratones y ratas puedan esconderse, por lo que la necesidad de gatos en las bodegas de vinos es prácticamente nula. Su figura como guardianes felinos se va apagando poco a poco, quedando atrás esas noches en las que se escuchaban sus peleas campantes con ratas, ratones, pájaros y uno qué otro despistado.
Ahora qué conocimos un poco acerca de la figura gatuna en la industria, sentémonos a brindar con la bebida qué elijamos, recordemos el trabajo de este amigo que en las noches de luna llena se oyen los maullidos de un pobre gato viudo. ¡Salud!
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