Micromachismo
noviembre 22, 2019 01:00 PM
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Micromachismo: origen de la violencia sistematizada

La violencia que no mata ni deja huella física es más peligrosa de lo que pensamos.

Por Luisa Martínez

   Es fácil pensar que las cifras alarmantes de crímenes de odio contra la mujer tienen que ver con agentes superiores a nuestra vida cotidiana: en nuestra casa y nuestros círculos no hay violadores, ni golpeadores, ni feminicidas.
   Sin embargo, la realidad es que todos y todas –sí: las mujeres también– nos hemos encargado de perpetuar el problema por medio de pequeñas acciones que alimentan la idea de que la mujer es un objeto que debe cuadrarse a roles y condiciones. Estos son algunos ejemplos de microviolencia normalizada que impacta en la cruda realidad de las mujeres en nuestro país:

   -Asumir que, si una mujer tiene éxito profesional, es porque se relacionó sexualmente con alguien. 

   -Creer que una madre no puede ser profesional, y viceversa.

   -Ver mal que una mujer sea la proveedora económica en un hogar, o que el hombre sea el encargado de la crianza y las labores domésticas.-Hacer comentarios sobre el físico de una mujer que no los ha pedido.

   -Anteponer el placer sexual del hombre.

   -Ver lógico que a una mujer la agredan “por cómo se viste, por salir sola o por llegar tarde a casa”.

   -Justificar una violación si la víctima consumió alcohol o drogas. 

   -Consumir pornografía que evoca a violaciones o abusos.

   -Mansplaining: sentir la necesidad de explicarle algo a una mujer sin que ella lo pida.

   -Slut shaming: Juzgar a una mujer por ser sexualmente activa.

   -Publicar conversaciones o imágenes sensibles que una mujer compartió inicialmente en privado.

   -Atribuir a la mujer características relacionadas únicamente con la femineidad construida socialmente (delicadeza, sensibilidad, fragilidad física), y asumir que la que no cumple con éstas, es “menos mujer”.

   -Pensar que una mujer debe “darse a respetar” (como si el respeto no fuera algo que todas las personas merecemos sólo por serlo).

   -Promover la idea de control y sometimiento (como cuando vemos una relación entre quién paga la cuenta y quién tiene un compromiso de tipo sexual por ello).

   Para reflexionar: ¿En cuántas de estas acciones has participado tú? ¿Fuiste víctima o como cómplice?

Te invitamos a leer el artículo completo sobre Violencia de Género que preparamos para la edición impresa de Revista Central de noviembre.