Por Jhoana Campos
¿Cuántas veces no te has llenado la cabeza de malos entendidos ante lo que dijo o no una persona, porque piensas que tu interpretación sobre lo sucedido es la correcta? ¿Cuántas veces no te has apresurado a hacer conclusiones sobre una persona sin ni siquiera tomarte el tiempo de conocerla? ¿Cuántas veces has pensado que una persona tiene una intención y, cuando actúa, su comportamiento resulta completamente contrario a lo que habías imaginado? Esto se debe a que, a partir de nuestro conocimiento y experiencias, interpretamos y organizamos las acciones del otro. El problema viene cuando te casas con la idea de que tú interpretación es la única y la generalizas y asumes como lo percepción correcta.
Es normal tener una percepción equivocada de las acciones de las personas y llegar a conclusiones equivocadas: no eres adivina ni tienes el ojo de dios para saber qué ocurre; sin embargo, no darte cuenta de ello provoca que, en muchas de tus relaciones, te sientas frustrado al ver que las cosas no suceden como las pensabas o desearías que fueran. ¿Pero entonces qué hacer para dejar de llegar a conclusiones apresuradas sobre el comportamiento de las personas? ¿Cómo dejar de pensar nuestros juicios como si fueran la última palabra? Aquí van tres consejos.
1. Evita dar por sentadas las cosas, no obvies nada: ¡pregunta! Describe al otro lo que te está contando, ¡clarifica! ¡Dos conciencias en diálogo son mejor que un monólogo aburrido que llega a conclusiones apresuradas por no tomarse el tiempo de escuchar!
2. No consideres al otro como algo independiente a ti: todos estamos relacionados. No existe mi verdad y su verdad, sino una verdad en relación con situación.
3. Detente, respira profundo y analiza: qué parte de lo que entendiste es consecuencia del deseo de imponer tus modelos y qué parte viene de verdaderamente escuchar al otro desde la empatía.
Estos consejos podrían ayudarte a tener una conversación mucho más enriquecedora con las personas; pues te ayudarán a entender y a aceptar que, la mayoría de las veces, las cosas no son como uno cree o desea.
