Siempre pienso en los ‘jardines de recreo’ [pleasure gardens], o incluso en Gran Bretaña, donde existe esta idea del paseo o de que la gente solía arreglarse para ir a algún lugar.
La caminata por el parque en París es la inspiración directa de Jonathan Anderson para su nueva colección de Dior. La elección de ubicación para su pasarela tampoco es gratuita: el jardín de las Tullerías, un parque en el centro de París cuya historia se remonta a la reina Catalina de Médici, y que en 1667 abrió al público –aunque al término de la Revolución Francesa se convirtió un parque público y más tarde declarado un monumento histórico.
Sin embargo, para pasear aquí era necesario cumplir con un dress code estricto: el habit décent, es decir, vestirse apropiadamente para tu rango social. En ese sentido, una caminata por el parque no era un simple paseo, era la oportunidad perfecta para ver y ser visto.
La colección ready-to-wear Otoño-Invierno 2026 de Dior amalgama este sentimiento, con looks refinados que combinan la seriedad con lo romántico; lo mundano con lo espectacular, y que sin duda alguna nos recuerdan al estilo chic francés que por décadas ha sido perseguido por su simpleza y elegancia.
Para ello, el estanque octogonal fue transformado en el centro de la pasarela, “el espacio del show es una imitación del parque, dentro de un parque” y es que lirios artificiales flotaban sobre la superficie del estanque.
El primer look de esta pasarela combinó un cardigan gris con un peplum (que sí, nos llevo a mediados de los 2010 en la que estos volantes dominaban en los closets de todas), con una mini falda abullonada que tiene una cola, y con detalles en sus dobladillos, así como una serie de cristales bordados. Este estilo de falda fue presentada en diferentes colores y siempre en combinación con chaquetas de diferentes estilos.
Está claro que Anderson gusta de tomar inspiración de la naturaleza y en especial los motivos florales, pero sin que necesariamente sea algo literal. Cada look en la colección es un juego que equilibra la estructura de un saco o un abrigo, con el volumen y fluidez de los vestidos, o algunas faldas.
El color también se convirtió en uno de los puntos claves de la colección, después de todo, el epígrafe de esta colección es un préstamo de The Well of Loneliness, de la poetiza británica Radclyffe Hall: “The fountains tossed clouds of spray into the air, and just for fun made an occasional rainbow” cuya traducción literal es: “Las fuentes lanzaban nubes de agua al aire y, solo por diversión, ocasionalmente formaban un arcoíris”.
Pero quizás, son los accesorios los que también le dan vida a la propuesta de Anderson –él mismo los destacó en su propia cuenta de Instagram–, desde bolsos de tamaño mediano que combinan tela que asemeja el faux fur; bolsos de mano en diferentes acabados como piel o de tejido; clutches de estructura rígida; joyería con motivo floral de gran volumen, y por sobre todo, la serie de zapatos de tacó en los que sí, las flores también estaban presentes, aunque también vimos otras propuestas cerradas y hasta de botas.
