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Romance en la costa amalfitana

La espectacular belleza del entorno, así como la comodidad y la elegancia que ofrece Belmond Hotel Caruso, te harán sentir en el paraíso.

El poeta italiano Boccaccio describió la costa de Amalfi como “la parte más deleitosa de Italia; […] una costa […] cubierta de pequeñas ciudades, de jardines y de fuentes, […] entre cuyas ciudadecillas hay una llamada Ravello”.

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Ubicada en el borde de un acantilado a 1,000 pies sobre el nivel del mar, Ravello es una ciudad mágica, con aire misterioso y romántico. Desde las alturas, nos encontramos con belleza idílica, una seductora mezcla de acantilados, mar turquesa, árboles de limón, iglesias antiguas y dolce vita italiana.

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Ahí está Belmond Hotel Caruso, un antiguo palacio del siglo XI que nos sumerge en lujo sofisticado y auténtico; sus pasillos de mármol conducen a suites repletas de antigüedades y pinturas de antiguos y reconocidos artistas.

Desde el azul de la piscina de borde infinito hasta los arcos antiguos del bar atmosférico, cada detalle me deja sin aliento y recordando constantemente que me encuentro en un lugar sin igual, sobrevolando el mar Tirreno.

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El hotel fue construido originalmente por una familia adinerada que naufragó en su viaje a Constantinopla; por eso se llamaba el Palazzo d’Afflitto, que significa el “Palacio de los Afligidos”.

Durante la reestructuración de las habitaciones y algunas de las áreas públicas, se observaron sombras debajo de las paredes encaladas de las bóvedas, lo que indicaba que había algo de color abajo.

La Oficina del Patrimonio Cultural de Salerno produjo registros que revelaron la existencia de increíbles frescos –probablemente las primeras pinturas de la ciudad– que datan del siglo XVIII, los cuales representan motivos florales, guirnaldas, pájaros y mariposas que enmarcan escenas de paisajes idílicos.

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Caruso ofrece un retiro íntimo con un intrigante sentido de la historia, gracias a los frescos que adornan sus salones y los arcos en las bóvedas de piedra; también tiene un rico sentido de su pasado, al haber sido un refugio para presidentes, escritores y estrellas de cine.

El hotel, además, es increíblemente romántico; una glorieta de rosas conduce a la piscina infinita, una de las más espectaculares del mundo, y puedes disfrutar una espectacular cena bajo la luz de un sinfín de velas en el restaurante Belvedere.