Hugo Salinas

Sin oro ni plata, estamos en la era del dinero falso

Hugo Salinas Price, líder empresarial mexicano y presidente honorario de Grupo Elektra, habla para CENTRAL sobre su nueva obra “La era del dinero falso”, una revisión histórica y filosófica sobre el papel del oro y la plata en la economía mundial, y su gradual desplazamiento por moneda sin valor real.

Don Hugo, muchas gracias por aceptar la entrevista para Central. En principio nos gustaría preguntarle ¿a qué se refiere usted con dinero falso, qué significa eso?
Dinero falso quiere decir que el dinero que estamos usando (nos muestra un billete de $500 pesos) es solamente un papelito que dice quinientos, nada más. El dinero real es una sustancia. ¿Y por qué son los metales preciosos —plata y oro— los que deberían usarse para las monedas? Es por una razón que pocos podrán entender, pero se la voy a explicar en la forma más sencilla posible: cuando usted ofrece una mercancía —digamos un costal de frijoles— tiene un precio, pero si usted ofrece cien costales de frijoles tiene que bajar el costo de ese artículo, porque de acuerdo a su cantidad las mercancías sufren un descuento, y las dos cosas que bajan menos cuando se ofrecen a la venta son la plata y el oro. Por eso son dinero verdadero, pues no hay que olvidar que el comercio es entregar bienes por bienes, no papeles por bienes.
 
En este sentido, ¿cuál es la diferencia entre oro y plata?
Bueno, para dar un ejemplo que nos sirva, pensemos en antaño: uno prácticamente podía comprar un país —o mejor dicho un gobierno— con oro, y el descuento sobre ese metal en dicha transacción era mínimo, en tanto que si la plata se usaba para comprar una cosecha entera, forzosamente bajaba su valor en relación a la cantidad que se estaba adquiriendo. Esto último es muy importante, porque actualmente la plata tiene utilidad para cierto tipo de compras menores, que es lo que tienen que tener en cuenta los particulares.

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Hablando de los particulares, ¿qué significa esto?
Es decir que para ir al mercado a comprar verdura, la plata no puede sernos de gran utilidad, es verdad, pero si pensamos en adquirir una casa, entonces sí sería bastante conveniente poder pagar el inmueble de esa manera, pues el costo se amortizaría considerablemente.

En caso de que esta filosofía financiera quisiera adoptarse, ¿qué repercusiones tendría en el mundo?
Desafortunadamente estamos viviendo en un mundo trastornado, porque como te mencionaba hace unos momentos, el verdadero comercio es entregar un bien a cambio de algo útil, pero esto (nos vuelve a mostrar el billete de $500 pesos) no es un bien, es un papel cuyo valor original se derivó de cuando era redimible y podíamos ir al banco para canjearlo por plata y oro, pero desde hace mucho tiempo ya no es el caso e incluso parece absurdo pensar en hacer algo así —cambiar monedas y billetes en los bancos por metales preciosos—, pero de manera objetiva es una tomadura de pelo que no podamos hacerlo, porque el mundo entero está funcionando a base de papeles, lo cual es muy grave, y en última instancia ya ni siquiera con papeles, sino con dígitos electrónicos, pues muchos intercambios ya se están llevando a cabo de manera digital, y un día —no sé cuándo, claro— ese sistema puede caerse con el primer bombazo de una guerra, digamos, ¿y qué va a pasar con las personas que tengan todos sus bienes digitalizados, qué van a poder hacer con los papeles que traigan en la cartera? ¿Cómo vamos a vivir?

Muchos intercambios ya se están llevando a cabo de manera digital, y un día —no sé cuándo, claro— ese sistema puede caerse con el primer bombazo de una guerra, digamos, ¿y qué va a pasar con las personas que tengan todos sus bienes digitalizados, qué van a poder hacer con los papeles que traigan en la cartera?

¿Es debido a eso que usted promueve una moneda con valor intrínseco?
Pues esa no se va a evaporar cuando haya una guerra, ya que el que posea una bolsita con monedas de plata —por muy modesta que sea la cantidad— es más probable que pueda salir adelante en comparación del que tenga 20 millones de pesos en una tarjeta de crédito, que muy seguramente lo va a perder todo en un escenario tan extremo —pero no improbable en estos tiempos— como el que menciono, por eso es bueno el dinero real. Ahora bien, yo no hablo de oro porque está muy fuera del alcance de la mayoría de las personas, pero no es así con la plata, que cualquiera pueda adquirirla y siempre va a valer.

En su libro usted menciona el peso 0.720 el cual, tomándolo como ejemplo, podría presentar una solución mexicana a este dilema del dinero falso.
¡El peso de mi infancia, claro! Este peso mexicano que yo atesoré —mi abuelo don Benjamín Salinas de Monterrey me regaló una vez diez pesos que guardé por muchos años y que luego gasté en quién sabe qué—, contenía 12 gramos de plata pura, y tenía grabado el valor de “un peso”. Por lo tanto, aunque nadie pensaba en eso, ese peso estaba sobrevaluado, porque valía 100 centavos ¡y tenía 51 centavos de plata! Entonces, ¿qué fue lo que acabó con esa moneda real? ¡Fue el aumento en el valor de la plata después de la Segunda Guerra Mundial!, pues cuando los 12 gramos contenidos en esa moneda superaron el valor de 100 centavos, el sistema bancario recolectó todas las que pudo para así fundirlas y obtener un beneficio financiero mayor, pues ya había un peso de papel en circulación sin el valor intrínseco que sí tenía la moneda metálica, y así desapareció el dinero real en México. Ahora bien, siguiendo este ejemplo, la onza Libertad que contiene 31.1 gramos de plata y que comercializamos en Banco Azteca, tal vez no parezca un negocio significativo, pero para la gente es bueno el hecho de que pueda comprarla libremente, porque quien tiene plata nunca va a tener hambre. Pensemos que para quien guste coleccionarlo, actualmente el peso 0.720 ronda de los 300 hasta los mil pesos, dependiendo la serie y el estado de conservación de la moneda; cuando yo introduje en Elektra la onza Libertad a principios del año 2000, adquirirla costaba $54 MXN y veinte años después su valor es de $545 MXN, lo que significa que sin duda, durante este lapso, la onza Libertad ha funcionado bien como un medio de ahorro para el público, incluso a pesar de que su precio fluctúa a veces a la baja, dado que hoy esta moneda no es dinero, sino una mercancía, pero sin duda es mi mejor propuesta para que el dinero de México vuelva a ser dinero real y dejemos de usar el dinero falso, puesto que la plata nos da liquidez a quienes la poseemos.

La onza Libertad ha funcionado bien como un medio de ahorro para el público (...), sin duda, es mi mejor propuesta para que el dinero de México vuelva a ser dinero real.

¿Qué más le gustaría agregar antes de finalizar esta entrevista?
(En tono de broma) Después de convertirme en desempleado en 1988, año en que decidí retirarme de la presidencia de Elektra, me he convertido en un “misionero monetario” y he presentado el evangelio de plata que predico en muchos países diferentes, sin encontrar conversos, lamentablemente.

Uno de ellos fue el propio Hugo Chávez. Esta historia me gusta mucho. En 1999 un oficial del ejército venezolano se declaró presidente de Venezuela. Entre muchos otros planes, anunció que crearía una moneda común para ser utilizada por todo Sudamérica. Entonces se me ocurrió la idea de que si Chávez les proponía a los demás países una moneda de plata como moneda común, probablemente la aceptarían, y así Chávez demostraría a sus compatriotas que era un gran líder.


Me preparé para visitarlo y mandé hacer en un taller privado en la Ciudad de México un lote de quinientas monedas de plata de una onza. (Nos muestra una moneda). Hace mucho que no las veía, están verdaderamente preciosas. Por una cara tienen el perfil del héroe sudamericano Simón Bolívar, y por la otra, el escudo “oficial” de Venezuela. Hasta antes de Chávez, este escudo de armas incluía la imagen de un caballo galopando hacia la derecha, pero Chávez, al ser un revolucionario izquierdista, decidió que el caballo debía galopar hacia la izquierda. Así que las bonitas monedas que acuñé llevaban el caballo galopando hacia la izquierda para complacer a Chávez.

Cuando llegué a Venezuela, me resultó totalmente imposible reunirme con Hugo Chávez. Lo más que logré fue una reunión con un ejecutivo menor del Banco Central de Venezuela. Pacientemente escuchó mis palabras pero, como cualquier otro burócrata, su único objetivo en la vida era mantener su trabajo y reunir un poco de capital para su jubilación. Entonces decidí aceptar la derrota y regresar a México.

¡Ay! Pero la cosa no estuvo tan fácil, porque cuando llegó el momento de abordar nuestro avión en el aeropuerto de Caracas, los funcionarios de aduanas decidieron retener la caja de monedas de plata. ¡Un buen regalo para esos chicos! Llamé a mi contacto en el Banco Central, y solo así la caja pudo subir al avión; ahora la utilizo como un tope de puerta en mi oficina para que no se cierre con el aire.

Con este libro me despido: tengo ya 88 años y lo considero mi legado —mi testamento— por recuperar el dinero verdadero para nuestro México querido.

El punto es que si me hubieran hecho caso, la historia de Venezuela —e incluso de América Latina—, sería distinta y ese país tendría una economía próspera muy distinta a la de ahora. En resumen, estamos aquí fascinados con el dinero de papel. Acaban de sacar unos muy bonitos de mil y de cien pesos, y esto que es papel no es difícil que desaparezca próximamente por los avances digitales —aunque en México es más complicado de implementar por los segmentos poblacionales sin acceso a estos medios que proporcionan dinero ficticio—, pero yo pienso que independiente de estos factores, sería prudente que toda persona que quiere hacer una reserva para el futuro guarde monedas de plata —y de oro si puede— porque la plata es esencial para las compras pequeñas: quien tiene plata, insisto, nunca va a tener hambre.

Con este libro me despido: tengo ya 88 años y lo considero mi legado —mi testamento— por recuperar el dinero verdadero para nuestro México querido. Y es todo lo que tengo que decir.

Mira el video de la entrevista a don Hugo Salinas Price aquí:

La era del dinero falso
Editorial Porrúa
366 páginas
$260.00 pesos mexicanos (precio estimado)