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Rodrigo Rivero Lake: el cazatesoros mexicano

El anticuario más célebre de México cuenta cómo encontró su vocación, las satisfacciones que esta le ha dejado y hasta algunos secretos sobre su trabajo, su forma de ser y su manera de ver el mundo.

En su escritorio, tiene el dummy de un nuevo libro de su autoría que está por publicar; es sobre el virrey Bernardo de Gálvez y Gallardo, a quien considera un personaje fundamental de la historia de la Nueva España por su visión de estadista. A un lado, también hay un retrato de una mujer con un chiqueador en la sien; es descendiente de la importantísima Isabel de Moctezuma y del noble conquistador Juan Cano, quienes instituyen una línea de nobleza, los Cano Moctezuma, señores de Tacuba. Detrás de la puerta del baño, conserva su título profesional de la UNAM, de abogado; lo muestra con orgullo y dice que es la mejor herencia de su padre, a quien describe como un “soñador que buscó formar un partido político, nacionalista, mexicano”.

Excéntrico, refinado, culto, amable, soñador y con un extraordinario sentido del humor, Rodrigo Rivero Lake es el anticuario por excelencia de México, aunque también renta mobiliario para producción de películas y altares antiguos para bodas.

El destino, la suerte y los objetos te llaman, te encuentran y formas parte de ellos como ellos de ti.

Es un personaje que al ser descrito por quienes lo conocen, parece de ficción. Un aventurero que ha ido infinidad de veces a la India, que busca por todo el mundo tesoros místicos, secretos milenarios y objetos únicos, extraños y dotados de magia y que ha surcado los mares con contenedores de varias toneladas para traer a nuestro país templos enteros, tótems de naga y colosales elefantes de mármol.

En su jovial trato que no permite el “usted” parece contener la historia entera de la humanidad a través de sus manifestaciones artísticas. No se muestra incrédulo a la energía que los objetos rituales conservan y casi en susurro, le habla a un santo estofado español del siglo XVI para pedirle que encuentre un dueño que lo quiera y cuide como él lo ha hecho. Abraza a los santitos tallados en marfil y asegura que uno de ellos ha ido y venido en un apagón de luz. Narra con naturalidad que vendió una pintura muy apreciada por él, y la recuperó años más tarde, ya que ambos mantienen una relación de vida y afecto.

Rodrigo descubrió su vocación cuando todavía era un niño y sus cinco décadas de incansable trabajo lo han llevado a encontrar tesoros escondidos en los más recónditos lugares de diversas partes del mundo. Entre sus extravagancias, ha traído una puerta de nueve metros, entrada de una ciudad –sí, ¡de una ciudad!– de la India a México, entre fachadas de piedra de casas palaciegas y cuartos enteros de belleza.

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La felicidad es la capacidad de apreciar la belleza en todo.

Durante 50 años, ha acumulado en su almacén, ubicado en Naucalpan, patios, templos, capillas, retablos, sillas, arcadas y puertas que se han vuelto a armar como un rompecabezas para crear un ambiente de ensueño en un lugar de fantasía descontextualizado, reflejo de la belleza de otros lugares del mundo en diversas épocas. Es un viaje por la historia y el tiempo lo que lo hace interesantemente sublime. Solo él sabe lo que hay ahí. Ningún “experto” ha aceptado el reto de hacerle un inventario de todo lo que sus fuertes y jóvenes trabajadores desempolvan cuando llega un interesado en adquirirlos.

Rodrigo fascina con sus historias y su particular forma de llamar la atención lo hace inolvidable; además, es un buen amigo, cercano a personajes como Chucho Reyes, Arturo Pani, Ricardo Legorreta, Teodoro González de León, Oscar Niemeyer, Pedro Coronel, Juan Soriano, Sebastián, Arnaldo Coen, Manuel Felguérez, Fernando Botero, Nureyev y Rafael Tovar, entre otros artistas e intelectuales. Cuando por alguna razón evoca el recuerdo de algún enemigo envidioso, mira al cielo y pide por su buena suerte o descanso eterno, mientras camina entre grandes ollas monolíticas en piedra, encontradas sin conocer su utilidad en medio del desierto.

En este año tan difícil para todos, Rivero Lake asegura estar en reconstrucción. Sonriente, declara: “siempre he trabajado y estudiado intensamente, he tenido temporadas en que he perdido todo, para luego, con gran esfuerzo, recuperarlo”.

¿Cómo te defines a ti mismo?
Soy un hombre apasionado por la vida y aficionado a la historia y al arte, porque cada objeto nos descubre, narrándonos el momento en que fue creado, su evolución a través del tiempo, trayecto, proyecto y presencia.

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¿Cómo inició tu gusto por las antigüedades?
A los nueve años, cuando salía a pasear con mi bicicleta por Polanco, una mujer a quien saludaba a diario me llamó a entrar a su casa; ahí encontré mi destino.

Era la esposa de un anticuario de apellido Antuñano. Me mostró muebles virreinales maravillosos, candelabros y otros objetos misteriosos y en desuso. Cautivado por este lugar, volví una y otra vez.

Pasaron los años y cuando ella murió, su amable esposo dio conmigo y me dijo que me había dejado, en herencia, un mueble, que fue el primero en llamar mi atención y aún conservo. Fue así como me heredaron el deseo por descubrir la historia en cada pieza.

¿Hay algo que quieras y aún no has podido encontrar?
Esto es un vicio, siempre quieres más. Ya solo espero que se pueda viajar de nuevo para volver a la India.

El tema de mi vida en este campo siempre ha sido la sorpresa en la cual el destino, la suerte y los objetos te llaman, te encuentran y formas parte de ellos como ellos de ti.

¿Cómo dejas que un objeto que te gustó mucho se vaya con un nuevo dueño?
Los objetos van a donde tienen que ir y si tienen que volver, regresan. No hay que desprenderse de ellos porque las cosas son del universo, de la humanidad. Algunos tenemos apreciación por ellos y los rescatamos de cierto abandono. Mucho de lo que ves aquí iba a ser demolido en diversas partes del mundo por problemas religiosos y políticos, pero tuve la oportunidad de salvarlos, trayéndolos a México, y aquí están, para enfrentar su nueva fase en la vida. Estuvieron antes que nosotros y por nuestra mano, podrán estar después.

¿Cuáles han sido tus mayores satisfacciones en esta profesión?
Encontrar una pieza tirada en algún mercado de cualquier lugar del mundo y, posteriormente, lograr que termine expuesta en algún museo importante gracias a mi cuidadoso estudio e intervención. Es como ver a un hijo realizado. Me ha pasado algunas veces y han sido mis más grandes logros en la vida.

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Algunos de sus hallazgos han llegado a formar parte del Brooklyn Museum, el Museo de Arte Asiático de Dallas, el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, la Hispanic Society of America, el Museo Histórico del Fuerte de San Diego en Acapulco, el Museo Internacional del Barroco en Puebla y el Museo Nacional de San Carlos en la Ciudad de México. Los más destacados, pertenecen a grandes colecciones y son expuestos en diversas partes del mundo.

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Al preguntarle cuál es el objeto más raro que ha visto, responde “El espejo”, con una sonrisa esbozada. Completa diciendo “verme a mí mismo en el espejo” y pareciera tener una fascinación por cómo cada uno de nosotros encuentra su propio reflejo en el desconocimiento, desconcierto, sintonía y regocijo de verse. No podemos más que reflejarnos en la enormidad del tiempo y la capacidad humana que nos maravilla, y mucho de esto nos lo dan los objetos que apreciamos.

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La estancia de su comedor, rodeada de espejos, frente a un ventanal en el que tímidamente se asoman unas plantas, hace a los comensales ver el infinito en el que aparece su propio reflejo. Este lugar no está iluminado con electricidad, sino con luz natural de día o por la noche, con velas que reflejan su luz en unas esferas de espejo, utilizadas en el mundo entero precisamente para potenciar la luminiscencia, dando un ambiente de cálido misterio.

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¿Cómo crees que evolucionará la venta de antigüedades frente a la pandemia actual?
Es un mercado que mundialmente está cambiando; todavía desconocemos la evolución que tendrá. Pienso que la falta de contacto con las obras y los objetos demerita la apreciación e idea de lo que realmente es la pieza. No es posible comunicar su significado, peso, belleza y valor si no se está frente a ella, sino se palpa para poder compartir ese sentimiento, esa sensación en la que se transmite la magia.

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¿Tú qué coleccionas?
Lo que despierte mi curiosidad y mueva mi espíritu. Tengo una colección de objetos personales y obra de Chucho Reyes, por ejemplo, además de muebles coloniales y del estilo Namban, porcelana china de exportación, arquetas de barniz de pasto, santos, vírgenes, diversos y variados elementos de arquitectura, biombos, sarapes y piezas de arte plumario.

¿Cuál consideras que es la clave del éxito?
El trabajo, la curiosidad y la humildad.

Después de recorrer el mundo, ¿qué es para ti la felicidad?
La felicidad, como el amor, es un estado divino del alma que se puede encontrar en cualquier lugar y momento, dependiendo de la sensibilidad que has desarrollado. Es la capacidad de apreciar la belleza en todo.

* Kristina Velfu es periodista especializada en la difusión del arte y la cultura.
Ig y Tw: @velfu