saul canelo alvarez
Foto: David Franco

Entrevista: Canelo Álvarez nos cuenta sobre las peleas que enfrenta debajo del ring

Rodolfo Vargas, comentarista deportivo, platica con Saúl “Canelo” Álvarez acerca de todo aquello que está detrás del hombre que aprendió a brillar sobre un cuadrilátero.

Tiene el récord del contrato más lucrativo de toda la historia y es tres veces campeón mundial en su disciplina, el box; al mismo tiempo, es hombre de familia y personaje público merecedor de la simpatía de millones de personas en nuestro país. Todo eso es Saúl “Canelo” Álvarez, quien en esta entrevista nos deja ver sus otras facetas.

 

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Foto: David Franco

Eres uno de los deportistas mexicanos más reconocidos a nivel internacional. ¿Cuál es la relación que hoy tienes con tus raíces?
Me siento orgulloso de ser mexicano y representar a este país. Lo hago con mucha emoción y me encanta poder pintar de verde, blanco y rojo cualquier lugar en el que me paro.

Siempre vemos al boxeador, al hombre frío que ejecuta una disciplina considerada por muchas personas como violenta. Sin embargo, también hay en ti un hombre sensible. ¿Qué te provoca que aparezca ese otro lado?
Mis hijos, sin duda. Soy un hombre muy cariñoso con ellos, con mi pareja, mi familia y todas las personas cercanas a mí. Soy cero o cien: amor y amistad los doy al cien por ciento o simplemente no doy nada.

Sabemos que, además, eres un hombre de valores y lealtades. En este transitar profesional, ¿cuál ha sido el mejor consejo que has recibido?
Creo que la lealtad está en el top de lo que una persona debe tener: si no hay lealtad, no hay nada. Por eso agradezco a mi familia, particularmente a mis padres, porque me han enseñado a ser leal y agradecido. Eddy y el Chepo [Eduardo y José Reynoso, sus entrenadores] también han sido una guía importante; no sólo por los consejos que me dan, sino porque he experimentado en cabeza ajena gracias a ellos. Cuando uno quiere aprender y crecer, lo hace sin necesidad de que te pidan que lo hagas.

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Foto: David Franco

Eres uno de los cinco atletas mejor pagados en todo el mundo. ¿Cómo manejas ese logro y todas las implicaciones que tiene?
Con calma y responsabilidad. Estoy agradecido con la vida, con mis entrenadores y con el boxeo. Desde los 13 años, dediqué cada minuto de trabajo a ser campeón mundial y eso ha dado frutos. Pero el dinero no me deslumbra, tengo otras motivaciones.

El dinero no me deslumbra, tengo otras motivaciones.


Tu éxito inspira y motiva a otros mexicanos a ser mejores y les recuerda que todos podemos conquistar grandes retos. ¿Es eso también una motivación para ti?
Sí, me inspira, pero también me hace sentir responsable. Venir desde nada y haber llegado a tener el contrato lucrativo más grande de la historia debería ser una motivación para que cualquier persona sepa que puede conseguir lo que se proponga; sólo requieren amar lo que hacen y hacer lo necesario para crecer.

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Foto: David Franco

En medio de los reflectores, ¿cómo sabes en quién confiar?
Es muy fácil, y siempre lo ha sido. Cuando creces con gente honesta y agradecida a tu alrededor, es fácil darte cuenta del momento en que alguien viene con buenas o malas intenciones, y ese es mi caso.

Soy cero o cien: amor y amistad los doy al cien por ciento o simplemente no doy nada.

Se cuenta que, de niño, sufriste de bullying, y muchas personas creen que por esta razón quisiste dedicarte el boxeo. ¿Qué tan cierta es esta versión?
¿Bullying? No. Carrilla, eso es lo que me hacían. Yo era diferente, el pelirrojo pecoso al que le tiraban carrilla, así que me convertí en ese que se peleaba casi todos los días en la escuela, pero me gustaba. Disfrutaba responder a las bromas y defender a otros niños.

¿Haber sido padre desde muy joven te hace entender de forma distinta tu propia niñez?
Sí, totalmente. Cometí muchos errores como papá, en especial cuando llegó el éxito. Me pasó lo que a muchos padres: quise darles a mis hijos lo que no tuve, pero eso es un error, porque de pronto todo se les hace fácil, los vuelves inútiles; uno debe hacerles ver que las cosas cuestan, tal como yo lo viví.

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Foto: David Franco

Cuando estás abajo del cuadrilátero, ¿cómo controlas tus impulsos de boxeador?
Soy una persona de carácter fuerte. Cuando algo me molesta, intento no hablar y distraerme, despejarme, pues sé que puedo reaccionar de formas que no me gustan. Elijo siempre salir de las situaciones incómodas.

Y, en cuanto a lo que pasa sobre el ring, ¿cómo te preparas para cada combate, sabiendo que tu vida y la de tu adversario están en peligro?
Nunca pienso en eso. Lo sé, tengo presente que estamos arriesgando nuestra integridad física, pero entreno enfocado sólo en mi rival y en ganar. “Que sea lo que Dios quiera” es lo que siempre pienso antes de cada pelea, y lo demás lo dejo en sus manos.

¿Tienes algún ritual para antes de pelear?
Siempre uso un listón rojo en el pie.

¿Dónde y cómo te ves en 15 años? ¿Cómo imaginas tu a los 45 años?
No tengo idea, pero espero ser la misma persona que hoy: alguien tranquilo, dedicado a mi familia y a mis negocios; quizá disfrutando de los logros cosechados en el boxeo. No sé dónde pueda estar, aunque deseo que así sea.

Cuando uno quiere aprender y crecer, lo hace sin necesidad de que te pidan que lo hagas.

SUS CANCIONES

“Canto feo, pero con sentimiento”, dijo entre risas, y confesó que, a pesar de ser “muy fácil” con la música, disfruta mucho de géneros como el reggaetón, el vallenato y la salsa, y algunas de las canciones que más le gustan son Eso y más (Joan Sebastian), Mil cadenas (Los Rieleros del Norte) y Cielo rojo (Juan Záizar).

*Rodolfo Vargas es comentarista de Azteca Deportes, con más de dos décadas de trayectoria como periodista y conductor en radio y televisión.