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Eternamente jóvenes a pesar de sus 60

Han pasado seis décadas o más desde que estos restaurantes inauguraron. Tienen estilos diferentes pero denominadores comunes como tesón, buen hacer y servicio cercano, los cuales les han permitido mantenerse en una posición privilegiada, ganándose el cariño y la confianza de un público fiel generación tras generación.

San Ángel Inn

La hacienda data de 1616, pero fue en 1963 cuando un grupo de inversionistas decidió crear el restaurante “Antiguo San Angel Inn”, con el objetivo de convertirlo en punto destacado de la gastronomía mexicana y promover el turismo internacional. La belleza de los jardines de su patio interior, el servicio impecable y el cantar de los mariachis lo hacen insustituible y favorito para celebraciones. Escamoles con guacamole, cochinita pibil, lengua a la veracruzana, huachinango con alcachofas, ostiones San Ángel Inn, el pollo al mole poblano y su isla flotante de merengue con frutos del bosque son infalibles. Su margarita servida en vasija de plata es un must.

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Ostiones San Angel Inn con mantequilla de ajo, perejil y gratinados con queso parmesano.

La Guerrerense

De una carreta en las calles de Ensenada a las páginas de National Geographic, así es la historia de La Guerrerense. Un puesto de mariscos que abrió en 1960 y que hizo famoso Sabina Bandera en 1976, casada con el hijo de Celia Carranza y Alberto Oviedo, los fundadores.

Hoy día es impensable visitar Ensenada y no ir a La Guerrerense a probar sus cocteles de marisco, la chocolata aliñada y la tostada de bacalao, atún marinado o callo de hacha, así como sus combinaciones y pastas de sabrosos mariscos y pescados que conquistan el mundo. Sabina Bandera abrió recientemente sucursales en CDMX, Guadalajara y un restaurante en el mismo Ensenada. Pero sigue siendo sin duda la carreta la que nos inspira y regala un momento especial.

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Nicos

De la mano de Elena Lugo y Raymundo Vázquez, cuando Clavería era una zona suburbana de la ciudad, hace 63 años nació Nicos, uno de los restaurantes más importantes y queridos de la Ciudad de México. Con el paso del tiempo su cocina se ha convertido en un templo culinario de tradición que se posiciona en la línea de la alta cocina, ocupando un puesto en el listado Latin America’s 50 Best Restaurants. Recetas maestras rescatadas por su hijo, Gerardo Vazquez Lugo, quien hace uso de productos artesanales y locales como el queso de pequeños ranchos, la trucha asalmonada de Zitácuaro, los maíces de milpa en Tlaxcala o Puebla o el cerdo de cama profunda.

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Gerardo Vázquez Lugo, chef de Nicos.

Algunos de los platillos más emblemáticos de Nicos son el guacamole preparado en la mesa, la sopa seca de natas –“una herencia del Convento de las Capuchinas de Guadalajara a mediados del siglo XIX”–, las enchiladas de pato, su cerdo en mole verde y el delicado conejo barbacoa.

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Manchamanteles de pato y frutas, de Nicos.