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Todos saben quién fue Coco Chanel, o por lo menos, han escuchado sobre su increíble estilismo y su papel en la historia de la moda, sin embargo, pocos saben sobre su participación como una inquebrantable espía nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Gabrielle Bonheur Chanel, mejor conocida como Coco Chanel, propició un cambio y revolucionó la moda de su época, un hecho que marcó precedentes a lo largo y ancho del globo, pues con su elegancia no solo vistió a princesas y duquesas a través de los años, también engalanó siluetas como la de Jackie Kennedy, Audrey Hepburn y muchas personalidades más.

El giro en la vida de Coco se muestra en el libro Durmiendo con el enemigo: La guerra secreta de Coco Chanel del periodista estadounidense Hal Vaughan, donde ofrece detalles sobre la conexión de la modista francesa con los nazis.

Hecho que la hizo tener una clave especial como agente para la Abwehr (Servicio de inteligencia especial de Alemania), el F-7124, recibiendo el nombre de Wesminster.

Coco Chanel, entre telas, amor y nazis

En 1940, durante la ocupación alemana en Francia, Chanel se quedó como muchos ciudadanos en su país, situación que la llevó a conocer a un agente de inteligencia alemán, del cual, según, Vaughan, terminó completamente enamorada.

Al igual que cualquier otra historia de amor, Baron Hans Guenther von Dincklage, un oficial de 44 años y Coco, de 56 años, se conocieron en el Hotel Ritz, donde ambos hicieron clic de inmediato.


Su relación amorosa la llevó a realizar misiones para el servicio de inteligencia nazi en ciudades como Madrid y Berlín, información que pasaba de Hans al general de las SS Walter Schellenberg, y a su vez a Heinrich Himmler.

En el libro, se asegura que ella era una espía nata, pues su tarea de agente nazi encubierto le quedó como anillo al dedo en su rutina diaria.

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Muchos favores consiguió la diseñadora a cambio de su trabajo, entre ellos se destacan la liberación de su sobrino del campo de prisioneros de guerra alemán, le cedieron un negocio de perfumes y más.

No obstante, aunque el título sea de espía, dentro de las fuerzas alemanas, Chanel nunca fue considerada como tal, pues nunca tomó fotografías, documentos, audios, ni mapeó ubicaciones, su papel fue la de ser facilitadora de información.

Se valió de sus contactos en España y Reino Unido para pasarles datos que fueran relevantes para mejorar su posición en la guerra.

Sus años como “espía” no fueron juzgados al terminar la guerra, al inicio fue detenida por su colaboración con los alemanes y tras su interrogatorio huyó a Suiza, donde se dice que recibiría ayuda de Bendor Westminster, quien la defendió ante el primer ministro de Reino Unido, Winston Churchill.

Así, su participación pasaría al limbo, sin pena ni gloria.

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