Susana Zabaleta

Susana Zabaleta: inteligencia, sensualidad y ganas de vivir

En un año pandémico, abrirle espacio al eros en su concepto más amplio (amor, sexo, romance, deseo...) es fundamental. Por eso ponemos bajo el reflector a una mujer que siempre se ha mostrado libre y auténtica en su conexión con su cuerpo y su capacidad para disfrutar, para inspirarnos con su actitud y potenciar nuestro deseo de afirmar la vida a través del placer.

Fuimos a casa de esta artista de pies a cabeza y nos recibió en su jardín, un espacio claramente creado con amor, reflejo de la personalidad de alguien que no solo es bella por dentro y por fuera, sino también valiente, pues para ser auténtica ha tenido que enfrentarse y vencer prejuicios y falsas morales en una sociedad como la nuestra, que aún se incomoda ante la presencia de una mujer conectada con su cuerpo y que disfruta su sensualidad.

  Sobre este tema, su reciente proyecto creativo –una publicación llamada El otro libro de los abrazos– y su opinión sobre diversos temas, hablamos con una Susana más madura, reflexiva y divertida que nunca.

Te has descrito como defensora de las diversidades, platícanos sobre esto…
Yo creo que cada cabeza es un mundo, somos universos diferentes y el gusto de cada quien, aunque no sea el tuyo, hay que respetarlo. Yo vengo de Monclova, Coahuila, imagínate cómo tratan ahí a la gente. Si no haces lo que debe de ser con quien debe de ser, es terrible, entonces por eso, te guste lo que te guste, creas en lo que creas, en mi casa eres bienvenido.

Cada cabeza es un mundo, somos universos diferentes y el gusto de cada quien, aunque no sea el tuyo, hay que respetarlo.

Desde que empezaste tu carrera te has caracterizado por ser una mujer libre, seductora, sin complejos… ¿a qué prejuicios o tabúes te has enfrentado?
A todos porque, como te digo, vengo de provincia y de una familia que es, en general, conservadora y siempre fue un pleito conmigo, todo el tiempo era: “es que Susana es la loca”. Y es muy fácil llamarte “la loca” por aceptar cosas que a lo mejor otras personas no aceptan; ha sido muy difícil en todos los sentidos. Sobre todo porque lo único que no quieres en la vida es ofender a tus papás y ha sido muy difícil para mí no ofenderlos. Yo les decía “yo los respeto, ¿por qué ustedes no me respetan a mí?”, y me contestaban “porque nos ofendes al no creer en lo que nosotros creemos”. Fueron muchos años de pleitos familiares y yo me sentía muy mal, pero a la vez me decía “no me puedo autocensurar porque entonces lo que hago ya no vale la pena”.

susana zabaleta

El poder de un abrazo

Platícanos de tu nuevo proyecto: El otro libro de los abrazos. Me imagino que un abrazo es una de tus formas favoritas de contacto físico, ¿cierto?
Sí, pero no lo fue durante mucho tiempo. Yo no fui una niña ni una adolescente abrazada. En mi familia, que somos de Monclova, dar abrazos era como un signo de debilidad; si te acercabas, te decían “hazte para allá” o “quítate” (risas). Somos secos. Recuerdo una vez que un sobrino, chiquito, llegó corriendo y le dijo a mi hermana “¡mamá, mamá!”, “¿qué pasó, Jorge?”, “¡el abuelo me habló, el abuelo me habló!”, “¿y qué te dijo?”, “hazte para allá, cabrón” (risas). ¡El niño se sintió feliz porque el abuelo le había hablado!

En mi casa fue muy duro crecer, no fuimos apapachadores ni abrazadores, entonces yo nunca me dejé abrazar, siempre relacioné el abrazo con el sexo y no es así.

En mi casa fue muy duro crecer, no fuimos apapachadores ni abrazadores, entonces yo nunca me dejé abrazar, siempre relacioné el abrazo con el sexo y no es así. Tú puedes recibir el abrazo de un hombre sin pensar que es sexual, tú puedes recibir el abrazo de una amiga sin pensar que es sexual, pero a mí me costó mucho trabajo empezar a dar abrazos. Fue curiosamente cuando el amor de mi vida se fue que yo empecé a dar abrazos y fui encontrando el por qué de los abrazos, por eso ahora, en esta pandemia, me di a la tarea de terminar el libro. Fui muy latosa en el proceso porque tenía que tener el papel perfecto, el diseño perfecto, las fotos perfectas, el color perfecto, porque yo quería que el libro tuviera un negro-negro, no velado, y una textura suave que es como de abrazo, pues eso quería: mandarle un abrazo a la gente por medio de un libro, entonces ahí está y esta experiencia a mí me ayudó de por vida en la vida.

Sobre la vida misma

Si tuvieras enfrente a la Susana Zabaleta de 18 años, ¿qué le dirías?
Le diría “no estás tan fea güey y no estás gorda. No porque tus hermanos estén gordos, tú estás gorda, eso no se pega”. Y le diría: “Susana, lo estás haciendo muy bien, no pasa nada”. Por eso hice también este libro, porque incluí unas fotos donde hago un autoabrazo pensando en esa niña, en esa mensa que pensaba que estaba gorda, que cantaba mal, que no ganaba el suficiente dinero, que no hacía las cosas bien, que no era tan inteligente. He sido muy dura conmigo toda la vida y eso de alguna manera sirve porque siempre estás buscando superarte a ti misma, pero nunca llega un momento en que te reconoces. Tuvo que venir una pandemia para que yo volteara, viera mi casa y dijera “coño, sí está bien bonita mi casa”. Entonces también eso le diría a la Susana de 18 años: “no estás tan mal mija, no estás tan mensa”.

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Háblanos de la importancia de la autoestima...
Es muy difícil la autoestima, porque todos los días los seres humanos nos encargamos de partirle la madre a alguien diciéndole “ni estás tan guapo, ni eres tan listo o algo así”. Ahorita lo difícil es la relación que tienen los jóvenes con las redes sociales, pues todo el tiempo se están juzgando entre ellos y a mí me parece nefasto. Veo a mis hijos Elizabetha y Matías compararse y, perdóname, pero el jardín del vecino a fuerza te va a parecer mejor que el tuyo. Les digo: “Siempre, hay una más guapa o guapo, más bueno, más cabrón, más fuerte, más talentoso y si te hace daño pensar que alguien es mejor que tú, ¡no lo veas güey!, no te obsesiones mi amor, dale la vuelta”.

Es muy difícil la autoestima, porque todos los días los seres humanos nos encargamos de partirle la madre a alguien diciéndole ‘ni estás tan guapo, ni eres tan listo o algo así'.

¿Crees que el futuro es feminista?
Yo creo que el futuro siempre ha sido feminista, las mujeres siempre hemos luchado por nuestros derechos. Yo estoy muy orgullosa de que mi hija se llame feminista, aunque me dice “mamá, es que ya la palabra ya se prostituyó mucho”, y creo que sí, creo que todo el mundo se cuelga de la palabra feminista y no sabe lo que es realmente. La última vez que le preguntaron a Elizabetha, que además es de una inteligencia abrumadora, me dijo “mamá, es que se ha prostituido tanto esa palabra que la próxima vez que me pregunten voy a decir que soy lesbiana, porque las únicas feministas reales son las lesbianas”. Los hombres piensan “feminista es igual a lesbiana” y dices “¿qué tiene que ver una cosa con la otra?”, pero ahora todo el mundo se ofende por todo, ¿te has dado cuenta?; ya no sabe uno cómo hablar. Y la palabra “feminista” también puede ser una provocación para un macho, y “macho” también puede ser una provocación, entonces más bien seamos todo, todos.

¿Te arrepientes de algo?
Todos los días me arrepiento de algo, como buena católica, que es una estupidez este rollo de decir “es que tendría que haber hecho tal cosa”. Ni el “hubiera” y ni el “tendría” existen, pero esta educación –la judeocristiana, que para mí es nefasta–, de la culpa, la culpa y la culpa… ¡puaj!, es horrible.

¿En qué momento de tu vida te has sentido más plena?
Yo creo que cuando nació Elizabetha. Teníamos una familia impresionante. Éramos tres y cantábamos todos los días, bailábamos en la cocina y le daba yo de comer a mi marido y a mi hija. Jugar a la casita fue la cosa más maravillosa del mundo, lo que pasa es que no dura, o sea, uno piensa “esto va a durar para siempre”, pero no, la pinche escuincla ya creció y se fue a Londres a estudiar, el marido ya se fue… Pero Dios –o llámese Buda, el perro o quien quieras, esa energía que llamamos Dios–, te hace pensar que va a ser eterno, porque si no pensaras que va a ser eterno, tendrías la ansiedad de ¡ya se va a acabar! Por eso es que ahora todo el mundo dice “éramos tan felices y no lo sabíamos”.

¿Tienes alguna profesión frustrada?
Sí, yo estudié diseño de interiores durante cuatro años y me titulé. Se nota cuando vienes a mi casa, claro, aunque siempre se me antojó diseñar oficinas y muebles, por ejemplo. Ahora diseñé el libro. Me gusta todo lo que es diseño, por ejemplo, servir una mesa y que esté perfecta.

Me gusta la precisión, entonces soy más seria de lo que parece, pero con mis amigos soy más loca de lo que parezco (risas).

¿Eres más seria de lo que la gente cree o al revés?
En algunas cosas sí, porque podrían pensar que sexualmente soy la que dice y ordena, pero no, no soy así, a la hora de ejecutar soy reservada, exacta y precisa. Me gusta la precisión, entonces soy más seria de lo que parece, pero con mis amigos soy más loca de lo que parezco (risas).

La más sexy

Hoy en día eres considerada en México como un sex symbol, ¿te molesta o te gusta?
Me encanta, me encanta que la gente pueda volar conmigo. Muchas veces me dicen cosas como “gracias a ti me atreví a hacer equis cosa”, “gracias a ti me atreví a tocarme” o “gracias a ti me vi frente a un espejo y decidí que no estoy tan mal”, entonces yo agradezco que me vean de esa forma. Soy un hilo conductor y en esa situación no me importa ser utilizada (risas).

susana zabaleta

¿Crees que México ha avanzado en el tema de la liberación sexual?
Yo creo que avanzamos un paso y luego retrocedemos cuatro. Es una cosa un poco curiosa, pero yo creo que no tenemos respeto para quienes han luchado y muerto por nosotros. Fíjate, cómo nos ha costado la liberación de la mujer, porque además pasa una cosa, lo que sucede aquí en la Ciudad de México no pasa en provincia; de eso, la gente de aquí no tiene ni la menor idea. Hemos luchado tanto, en todas las formas habidas y por haber: por medio del arte, de la canción, de las fotos, por medio de tantas cosas, y hemos avanzado, pero nos falta mucho, muchísimo.

Muchas mujeres al convertirse en mamás dejan la sensualidad a un lado, ¿qué opinas de este tema?
Tiene que ver con las hormonas. Y sí lo entiendo y lo he sentido, te crecen llantitas por todos lados y no entiendes cómo descubrir tu sexualidad, pero en las llantitas también está la sexualidad, uff, ¡que si la está!, entonces hay que reencontrarse y si no te gustan tus llantas pues te pones una faja, coges con faja y no pasa nada, hasta que se te quite la llanta y si no, opérate la lonja, pero es cierto, se nos va yendo esto que decimos que es la sexualidad. También hay que cuidar las hormonas, que juegan un papel muy importante en la vida de los hombres y de las mujeres.

Hay que entender que cada edad es diferente, o sea, tú no puedes pensar en hacer el amor igual que como cuando tenías 20 años, claro que no.

¿Crees que la edad importa a la hora de sentirnos mujeres sexys o atractivas?
Sí importa porque hay que entender que cada edad es diferente, o sea, tú no puedes pensar en hacer el amor igual que como cuando tenías 20 años, claro que no. A lo mejor cuando tenías 20 años llegabas te encuerabas y zúmbale, y ahora no, ahora es la pausa, el momento, los ojos, la palabra, por eso es que les digo, pónganse a leer, porque si no, no van a saber cómo empezar y seducir a un hombre por medio de la palabra en lugar de llegar y quitarse el brassier; siempre hay que cambiar, buscar.

¿Cuál es tu parte del cuerpo que consideras más sexy?
Yo creo que las pompas. A mí me encanta una frase que dice René, el de Residente, que dice “sentir en mi regazo la sensación de tus nalgas frías”. Yo creo que las pompas de las mujeres son lo mejor que puede existir en la vida.

susana zabaleta

¿Ves porno?
Animé. Me encantan los dibujos, sobre todo los japoneses, yo creo que los japoneses tienen una forma de llevarte sexualmente hacia ese lugar maravilloso que no te puede llevar un cuerpo normal. La imaginación es muchísimo más importante. Me encanta leer, por ejemplo, poesía erótica o Vargas Llosa, quien tiene una forma increíble de seducción, y luego ver animé, uff, no necesitas nada más en la vida.

A mí de repente me tienen miedo, entonces intentan hacer algo y luego se van para atrás, y dices ‘güey, ya la regaste, tienes que ser seguro de ti mismo y entrar directo’.

¿Qué te atrae de otra persona?
Sus manos, su plática, la forma de abrazarte, que no te tenga miedo. A mí de repente me tienen miedo; intentan hacer algo y luego se van para atrás, entonces dices “güey, ya la regaste, tienes que ser seguro de ti mismo y entrar directo”.

¿Has tenido alguna experiencia sexual desagradable o de la que hayas aprendido una lección?
¡Muchísimas! Guácala, ¡muchísimas! Cosas desagradables. Me ha pasado que tú estás cantando una melodía y el músico va a destiempo, y dices “no güey, a ver, vamos a escuchar la música y a ir al tiempo de los dos, porque si tú vas a destiempo no hay manera”, entonces sí, sí he tenido muchas relaciones sexuales nefastas, la verdad, ¡guácalas!

Del amor y otros demonios

¿El amor te ha salvado en algún momento de tu vida?
El amor siempre salva, pero el amor también me ha hundido; es una cosa un poco extraña. El amor de una pareja no es eterno y eso habría que entenderlo de principio a fin, porque el amor es como un músculo, va cambiando, se va transformando y si eres insistente como lo soy yo, vas entendiendo que el amor de pareja cambia y se convierte en un amor diferente; luego, al final, acabas siendo amiga de la amante y yo soy amiga de todos, ¿eh? El último con el que anduve es un hombre 19 años menor que yo y me decía “¡es que somos tú y yo!”. Y yo decía “ay, eres demasiado joven, qué hueva, el amor se transforma corazón y cuando te transformas, vas entendiendo, tú y yo vamos a ser amantes siempre”. Hasta ahora entendió que el amor se va transformando y eso está increíble.

susana zabaleta

¿Crees que el amor ha jugado un papel importante durante el confinamiento y la pandemia?
Absolutamente, yo creo que sobre todo el amor de la amistad porque el de pareja… Los que decían “somos una pareja perfecta”, ¡ándele güey!, vive 24 horas con alguien. Cuando le gritabas “¡no te vayas al golf por favor, mi amor!”, ahora volteas y dices “¡lárgate cabrón, a donde sea, por favor!” (risas). Si somos honestos este confinamiento así ha sido: descubrir que con quien vives tiene que ser tu amigo, porque si no es tu amigo, no basta con ser pareja de alguien, la verdad, no basta.

Lo de la media naranja es una estupidez, ¡dios mío!, es que qué daño le hemos hecho a nuestros hijos (...). Somos seres individuales y cada uno con pensamientos diferentes. Si te gusta estar acompañada de alguien, qué increíble, pero si te quieres encontrar a ti misma, necesitas estar sola.

Nos enseñan que al mundo llegamos incompletos y que necesitamos de una pareja…
(Risas) Lo de la media naranja es una estupidez, ¡dios mío!, es que qué daño le hemos hecho a nuestros hijos, qué daño le hemos hecho a la humanidad entera pensando que venimos en pareja, que las mujeres necesitamos el falo al lado y no es cierto, es totalmente ridículo, no sé cómo no lo hemos entendido. Somos seres individuales y cada uno con pensamientos diferentes. Si te gusta estar acompañada de alguien, qué increíble, pero si te quieres encontrar a ti misma, necesitas estar sola.

¿Crees en el amor a primera vista?
Por supuesto que creo en el amor a primera vista, así me he enamorado yo muchas veces.

¿Qué opinas de quienes se enamoran a través de una red social?
(Risas) Ay, voy a decir algo bien fuerte, pero pienso que la soledad es muy difícil. Yo creo que tú no puedes enamorarte ni envidiar algo que no conoces. Está bien autoengañarse, pero hay que darse cuenta de que es un autoengaño y eso a lo mejor te sirve en algún momento, pero no a futuro. A lo mejor, si conoces a la otra persona en una red social y después la ves y está a tu lado y se descubren como seres humanos, maravilloso, ahí sí, pero de “me enamoré a distancia”, eso no existe. No se puede amar lo que no se conoce.

¿Crees que exista o que pueda haber una relación de amistad entre un hombre y una mujer?
Sí, absolutamente. Tengo muchos amigos hombres, a los cuales adoro y amo y no tenemos relaciones sexuales. El maestro Manzanero y yo éramos grandes amigos y no teníamos relaciones sexuales, y si nos separamos, fue precisamente porque otra mujer pensó que teníamos algo más, una cosa ridícula.

El maestro Manzanero, un amigo entrañable

Cuéntanos sobre el día en que conociste al maestro Armando Manzanero.
El día en que lo conocí fue porque yo lo busqué, como a todos los hombres. A mí la gente me dice “ay, qué suerte tienes con los hombres”, pero no, yo a todos los hombres, a todos, al más feo, al más guapo, al más millonario y al más pobre, a todos los he buscado, nunca me han buscado ellos, yo siempre llego y digo “a ver güey, vente pa’ca”.

Al maestro Manzanero lo busqué yo porque íbamos a hacer una novela –cuando aún hacía novelas–, y quería pedirle una canción. Me dio la canción, acabé de grabarla y el maestro me dijo “qué bonita le quedó, nomás que la vamos a volver a hacer”, y yo “¡¿qué?!” (risas). “Sí, la vamos a volver a grabar”, me contestó. Ahí mismo en el estudio, le habló a un músico y a otro y a otro y a otro, y volvimos a hacer todo, de principio a fin, porque al maestro no le gustó cómo había quedado, pero él era un caballero y jamás decía las cosas feas.

MANZANERO susana ZABALETA
LUIS ACOSTA/AFP

El maestro Manzanero y yo éramos grandes amigos y no teníamos relaciones sexuales, y si nos separamos, fue precisamente porque otra mujer pensó que teníamos algo más, una cosa ridícula.

¿Cuál es una de tus anécdotas favoritas con él?
Me acuerdo de una vez que fuimos a Culiacán a cantar. Siempre, a donde llegáramos, lo que más nos importaba al maestro y a mí era la comida. Yo creo que ahí era donde decíamos “ay, cuánta plenitud”. Entonces llegamos a un restaurante que nos gustaba mucho y que estaba muy cerca de donde iba a ser nuestro concierto. “¿Qué van a querer?”, y nosotros “mariscos y a ver tráigame esto y lo otro y tal”. Total, cuando por fin acabamos ya teníamos prisa y yo, “¡vámonos!, porque ya tenemos dos horas nada más para arreglarnos, maestro”. “Ay Susanita, yo no como dulce, pero hay un pastel de nuez…”, “¿por qué no lo pide usted?”, “porque yo no puedo comer dulce”, “yo lo pido maestro, no se preocupe”. Pedimos un pastel y luego otro pastel y el maestro y yo nos pusimos no mal, bueno, lo que le sigue; no podíamos ni respirar. Llegamos al concierto y el maestro dice “qué bonito canta usted, ¿a poco no canta muy bonito la señora, quieren oírla?”, entonces él se sentó y yo canté todo el concierto así de *imita que jala aire y jadea para cantar* (risas). Es algo que recuerdo con mucho cariño, yo pienso en el maestro y pienso en comida, la verdad.

Sí, sabemos que cocinaban juntos...
Sí, el maestro era buenísimo, hacía camarones, arroz, pasta, de todo y todo lo hacía bien.

¿Te acuerdas de algo específico que hayan cocinado juntos?
Unos camarones muy ricos en Mérida, en su casa, donde puso además un camino de velas y pétalos y luego le habló a los juglares para que me cantaran una canción, la cual no me gustó. Le dije “no maestro, es que esta canción la hizo hoy en la tarde pa’ cantármela hoy en la noche”, y dijo “es que usted no pone de su parte, Susanita, cómo le voy a escribir una canción si usted no pone de su parte”. “¿Qué parte quiere que ponga maestro?” (risas). Nos reíamos mucho y toda la vida hacíamos chistes sexuales, era nuestro divertimento.

Y con esta nostalgia por la partida de su gran amigo, concluimos nuestra plática con Susana Zabaleta, quien durante todo febrero seguirá protagonizando nuestros contenidos para ser el hilo conductor de este mes dedicado al amor, al romance, al eros y al placer.