Entre los susurros del río Hozu y el perfume tenue del bambú, Suiran, a Luxury Collection Hotel, se alza como un refugio donde la tradición japonesa y la serenidad natural dialogan con un lujo que no necesita alzar la voz. Situado en Arashiyama, uno de los distritos más encantadores de Kioto, este hotel de la colección Luxury Collection de Marriott ofrece algo más que hospedaje: es una experiencia inmersiva en la estética del silencio, el tiempo y la contemplación.
El edificio principal, una villa histórica de la era Meiji, conserva la elegancia de la arquitectura japonesa clásica, con techos de tejas oscuras, paneles de madera y jardines que parecen haber sido diseñados para acompañar el paso lento de las estaciones. En cada rincón se percibe el equilibrio entre lo antiguo y lo contemporáneo: tatamis impecables, puertas correderas de papel washi y, a la vez, camas amplias, bañeras de piedra volcánica y tecnología discreta.
La mayoría de las habitaciones ofrece vistas al río o a los jardines. Su alma se encuentra en el sonido del agua al caer, el aroma del cedro en el baño, la delicadeza del té servido en porcelana artesanal. Algunas suites cuentan con onsen privados alimentados por aguas termales naturales, un privilegio que nos permite experimentar el ritual japonés del baño sin salir de la intimidad de la habitación.
El restaurante Kyo-Suiran, instalado en una residencia centenaria, celebra la cocina kaiseki con ingredientes locales y presentaciones que rozan la poesía visual. Cada plato –del sashimi de temporada al wagyu marinado en miso– parece un homenaje al paisaje circundante. Por las tardes, la terraza del hotel invita a tomar matcha frente al jardín, mientras las montañas se tiñen de dorado con la luz del atardecer.
Desde Suiran, el ritmo de Kioto se ralentiza. A pocos pasos se encuentra el icónico bosque de bambú, los templos Tenryu-ji y Gio-ji, y los paseos junto al río que inspiraron a poetas y monjes durante siglos. Pero basta con permanecer dentro, observando cómo la niebla se posa sobre el agua, para sentir que uno ya está en el corazón de Japón.
Suiran no busca deslumbrar. Su lujo reside en la quietud, en la precisión estética, en la sensación de que el mundo exterior se disuelve apenas cruzar su umbral. Es un lugar para escuchar el tiempo pasar, para redescubrir el arte de la calma.
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