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Depresión en adultos mayores

Con el envejecimiento, llegan muchos cambios físicos y mentales… pero el trastorno depresivo no debe ser uno de estos. Presta atención y actúa para evitar que tus seres queridos la padezcan.

La vejez es el periodo de consumación total de los eventos experimentados a lo largo de la vida. Es la integración de vivencias y saberes; el punto más alto de conocimiento sobre nuestro entorno, introspección y erudición. A veces, la añoranza del pasado ocasiona nostalgia y melancolía, sentimientos pasajeros desde los que se experimenta tristeza, aunque al mismo tiempo, también, haya en ello cierto disfrute de lo vivido.

Pero por más que la nostalgia o la melancolía a nuestros ojos parezcan más que tristeza, lo que realmente determina si estas pueden convertirse en una enfermedad –como el trastorno depresivo-, es la recurrencia con la que se presentan y el diagnóstico de un especialista.

La depresión en adultos mayores es un trastorno generalizado y el segundo trastorno afectivo de mayor prevalencia para este sector de la población, después de la demencia; sin embargo, es importante mencionar que la depresión en adultos mayores no forma parte de un proceso natural del envejecimiento, por lo que debe considerarse una patología.

Detrás de la enfermedad

La depresión es completamente multifactorial, lo que significa que sus causas son variadas. En adultos mayores, el estigma social que los estereotipa muchas veces como inútiles o problemáticos juega un papel muy importante en el desarrollo de esta patología. Con frecuencia, la vejez se ve como un proceso en declive de la capacidad cognitiva y motora, en el que los roles familiares cambian y se deterioran; aunado a la incapacidad proveniente de las enfermedades crónicas representativas de la edad, esto ocasiona una pérdida en la independencia y autonomía de estas personas.

Senior woman in nursing home


Otro factor relevante para el desarrollo de un trastorno depresivo en este sector es el fallecimiento de amigos y familiares de edades similares, lo cual es normal, ya que la vida es un ciclo. Aun cuando la situación es muy dolorosa, el duelo termina; si este se prolonga, se debe consultar a un especialista.

De la misma manera sucede con las enfermedades crónicas representativas de la edad. La vejez trae consigo un deterioro normal de sistemas y órganos (comúnmente se ven afectados los sistemas cardiovascular, cognitivo y motor, controlados de manera general por el sistema nervioso). La acumulación de dolencias implica una disminución en las actividades cotidianas, así como pérdida en algunos sentidos y capacidades cognitivas que, al sumarse, producto del deterioro de varios sistemas, tiene como consecuencia la pérdida de autonomía o de capacidades que antes se tenían. Este punto es de gran relevancia, ya que ese sentimiento de “disfuncionalidad” trae consigo calificativos negativos sobre los adultos mayores que pueden ser muy dolorosos para quien los sufre, incluso al grado de volverse un sentimiento desagradable y crónico que posiblemente derive en depresión.

Por lo mismo, lo más importante para contrarrestar la tristeza provocada por la pérdida de capacidades y el estigma social, es un ambiente familiar sano, empático y cooperativo, que permita la inclusión responsable de adultos mayores en la vida social, los trabajos de la casa y la cotidianidad, siempre y cuando su bienestar no sea vea comprometido.

Lo más importante para contrarrestar la tristeza provocada por la pérdida de capacidades y el estigma social, es un ambiente familiar sano, empático y cooperativo, que permita la inclusión responsable de adultos mayores en la vida social, los trabajos de la casa y la cotidianidad.

Una realidad alarmante

Uno de los aspectos más graves de esta problemática es la falta de atención psicológica y/o médica de esta enfermedad en adultos mayores. Debido a los síntomas de la depresión, es lógico que se presente la incapacidad para pedir ayuda o para reconocer la presencia de este trastorno en la vida diaria, pero está en cada familia mejorar la calidad de vida de sus adultos mayores. Eso simplemente se logra con paciencia, realizando actividades placenteras y teniendo atención especializada.

De igual forma, los estadísticos son impresionantes. La depresión en adultos mayores revela una situación generalizada, ya que según datos de la Organización Mundial de la Salud (2018), más del 15 por ciento de la población mayor de 60 años sufre de alguna enfermedad mental (las más comunes son la demencia y la depresión). Con respecto a los suicidios, muchas veces provocados por trastornos depresivos mal o no tratados y mal o no diagnosticados, se ha registrado que los casos en el sector poblacional que va de 80-85 años son más del doble que en la población general.

La depresión en adultos mayores no es una parte normal del envejecimiento, sino una patología que debe ser tratada como tal.

Lo anterior indica que, en el caso de los adultos mayores, los tratamientos antidepresivos deben ser sumamente cuidadosos. Los fármacos antidepresivos tienen una eficacia conocida, pero también efectos secundarios desagradables, sobre todo debido a la interacción que pueden ocurrir con los fármacos que esta población consume debido a su edad y para paliar los estragos de otros padecimientos. Por ello, lo recomendable es la psicoterapia, los grupos de ayuda, la interacción social tanto con la familia como con otros adultos mayores y, sobre todo, el ejercicio mental, como leer, resolver crucigramas u otros juegos que impliquen la actividad mental.

Finalmente, reitero que la depresión en adultos mayores no es una parte normal del envejecimiento, sino una patología que debe ser tratada como tal. Debido a todo lo mencionado con anterioridad, pareciera una enfermedad que va de la mano con el envejecimiento, pero insisto: no lo es. Hagamos de este mundo un lugar más ameno para la vejez; al final, es un proceso que todos vamos a vivir.

Hagamos de este mundo un lugar más ameno para la vejez; al final, es un proceso que todos vamos a vivir.