Mujeres depresión


¿Las mujeres somos más propensas a sufrir depresión?

Detrás de esta pregunta hay mucho más que un “sí” o un “no”; existe información que debemos conocer para entender el grave problema de salud llamado “depresión”, su origen y la manera en que nos afecta.

La depresión es un trastorno que interfiere con el desarrollo de nuestra vida. Conlleva síntomas como ansiedad, tristeza profunda, alteraciones aparentemente inexplicables en el estado de ánimo, pérdida de la voluntad de hacer las actividades diarias, falta de autoestima, entre otras que no permiten vivir con normalidad.

  La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que este padecimiento afecta a más de 320 millones de personas en el mundo; es decir, aproximadamente el 4.4% de la población total del planeta sufre depresión. En América Latina, el país con mayor índice de depresión es Brasil, ya que al menos 5.8% de su población declaró vivir con este trastorno; posteriormente le sigue Cuba con 5.5% y Paraguay con 5.2%. México ocupa entre el séptimo y el noveno lugar, según la variación de fuentes, con 4.2% de su población deprimida.

Pero es importante mencionar que existe una gran brecha relacionada con la cuestión de género, la cual se evidencia en las cifras. En el censo poblacional de 2017, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), resultó que la depresión es la primera causa de discapacidad en las mujeres y la novena en los hombres; también documentó que de las 34.85 millones de personas que han sufrido depresión, 20.37 millones eran mujeres y 14.48 millones eran hombres. El censo muestra que 1.22 millones de mujeres toman antidepresivos, mientras que 414 mil hombres los ingieren, una cifra mucho menor.

La lista de causas, tan larga como compleja

Entonces, ¿a qué se debe que las mujeres seamos más propensas a sufrir depresión? Para responder esta pregunta, debemos tener en cuenta diferentes factores; algunos tienen que ver con las cuestiones biológicas (sexo) y otros con las construcciones socioculturales (género).

En las cuestiones biológicas, a lo largo de la vida, las personas de sexo femenino desarrollamos procesos únicos de nuestro género, debido a las diferencias morfológicas. El más evidente es el embarazo, el cual genera muchos cambios en nuestro cuerpo, entre los que destacan intensas alteraciones en el sistema hormonal. Con ello es posible la aparición de la depresión postparto, a causa de la rápida disminución de los niveles de estrógeno y progesterona después de dar a luz; esto provoca modificaciones en la química cerebral que pueden generar cambios en los estados de ánimo.


La adolescencia es una etapa de grandes cambios hormonales para ambos sexos. Sin embargo, es aún más complicada para el sexo femenino, ya que comienza la menstruación; con esta, existe el riesgo de sufrir trastorno disfórico premenstrual, entre cuyos síntomas está la depresión.

Otro factor sociocultural que puede incidir en el desarrollo de la depresión, únicamente vivido por las mujeres, es la violencia de género. Las mujeres nos enfrentamos diariamente a agresiones por el simple hecho de ser mujeres.

Otro proceso único de nuestro sexo es la menopausia, que trae consigo el cese de la menstruación y cambios físicos y psicológicos, los cuales pueden incidir en el desarrollo de un trastorno depresivo.

Tanto el embarazo como la menopausia influyen en la vulnerabilidad de sufrir depresión desde la esfera biológica, pero este trastorno también hace su presencia desde las esferas socioculturales; estas últimas quizás menos visibles, pero persistentes y necesarias de nombrar.

El embarazo (proceso biológico) está intrínsecamente relacionado con ser madre (construcción social). En la sociedad mexicana, así como en la mayoría –por no decir casi todas– de las sociedades del mundo, el peso de la crianza de las y los hijos cae mayormente –muchas veces prácticamente por completo– en las mujeres. Ello va acompañado de una serie de nuevas responsabilidades y vivencias que implican desgastes físicos y emocionales, mismos que, aunados a los cambios hormonales, pueden desatar una profunda depresión.

Mujeres depresión


La menopausia también tiene una carga sociocultural que puede incidir en el desarrollo de la depresión. A nivel social se tiene arraigada la idea de que la existencia de las mujeres es prioritariamente para dar vida; es decir, ser madres. Cuando ocurre la menopausia, significa el fin de la etapa fértil, cuestión meramente biológica. Sin embargo, en ocasiones, consciente o inconscientemente surge la falsa idea de que llegamos al final de nuestra razón de ser y los conflictos emocionales consecuentes, cuando la realidad es que se trata de una etapa más, la cual debe ser ampliamente disfrutada.

Otro factor sociocultural que puede incidir en el desarrollo de la depresión, únicamente vivido por las mujeres, es la violencia de género. Las mujeres nos enfrentamos diariamente a agresiones por el simple hecho de ser mujeres, las cuales van desde el acoso callejero hasta su punto máximo, el feminicidio. Ser vulneradas de esta forma tiene grandes afectaciones en la autoestima y la confianza, entre otros factores, tanto que puede llevar a una fuerte depresión.

No siempre nos tomamos en serio nuestra salud, y mucho menos nuestra salud mental; sin embargo, si no nos sentimos bien, no estamos bien.

Una respuesta para quienes sufren depresión

La depresión es tratable y curable; para ello existen varios tratamientos, los cuales pueden incluir terapia psicológica y/o psiquiátrica.

Si te sientes identificada con alguna de las cuestiones mencionadas u otras que te hacen pensar que sufres de depresión, o identificas a alguna amiga, familiar o conocida que podría sufrir de este trastorno, la recomendación es que acudas o, en su caso, recomiendes acudir de inmediato con algún especialista, para que juntos encuentren el tratamiento más adecuado para ti o para ella.

No siempre nos tomamos en serio nuestra salud, y mucho menos nuestra salud mental; sin embargo, si no nos sentimos bien, no estamos bien.

Preocupémonos por nuestro cuerpo y nuestra mente, tomémonos el tiempo y las medidas que sean necesarias para estar plenas. Nos lo merecemos.