día del HOMBRE

Y es que, efectiva y trágicamente, hemos escuchado demasiadas historias de terror, de abuso, de violencia y de situaciones espeluznantes en donde los hombres agreden, violentan y asesinan mujeres, todos los días, en todas partes.

  A esto se suma la lucha feminista y el movimiento mundial de las mujeres (que sí está de moda) que no sólo clama equidad de género, de oportunidades y de derechos, sino que pide, ¡a gritos!, que la violencia de cualquier tipo sea condenada, legislada y castigada.

Las mujeres llevamos décadas luchando por demasiadas cosas y nuestras hijas están con la camiseta puesta y la bandera alzada con más fuerza que nunca y a mí eso me parece muy bien, me llena de orgullo y, evidentemente, soy parte de ella all the way.

Sin embargo, últimamente me preocupa un poco (o un mucho) cuando escucho a mi hija, a sus amigas, a mi sobrina y a toda esa generación hablando de los hombres y me doy cuenta de que su conversación se ha vuelto algo parecido a una cacería de brujas (o, en este caso, brujos) en donde todos los hombres son unos cabrones o unos pendejos, y ellas son o las víctimas del cuento, o las mujeres súper poderosas que ninguno merece y pues, como les digo… me preocupa. Mucho.

En realidad, detrás de esas actitudes, lo que tienen es miedo. Y tienen razón. Todas tenemos miedo. Por más valientes o “empoderadas” que seamos, ¡todas!, estamos siempre mirando atrás del hombro. Todas, sin importar la edad, tenemos por lo menos una historia de violencia de género en nuestro haber y en cualquiera de sus formas.

Todas, absolutamente todas, entendemos y compartimos ese miedo.
Sí pero…
Pero no todos los hombres son unos cabrones.
Ni unos pendejos.
Ni lastiman mujeres.
Ni son depredadores.

También hay hombres chingones.
Muchos.

Y me parece que es urgente meterle esa información en la cabecita a nuestras hijas, enseñarles a cambiar la narrativa y ayudarles a encontrar un poco de balance.

Porque hasta donde yo me quedé, el mundo sigue siendo mixto y nuestras hijas tendrán que aprender a colindar con ellos y, ¡ojalá!, a encontrar a uno de esos hombres, de los chingones, para compartir su vida.

Me preocupa que bajo la bandera de “la lucha y el empoderamiento feminista” estemos formando pequeñas tiranas, intransigentes y cerradas a la posibilidad de que no, no todos serán el enemigo.

No, no todos los hombres lastiman. Y no, no todos los hombres son cavernícolas.

Los hombres de mi vida son esos hombres. Y no digo que no tuvieran ideas de otros tiempos o nunca hayan cometido errores o lastimado de algún modo (igualito que tú y yo).

Mi abuelo, por ejemplo, tenía ideas viejas de los roles de género, pero logró darle un poco la vuelta, comprender que los tiempos estaban cambiando y le dejó al mundo dos mujeres excepcionales en ramos normalmente masculinos y que fueron su mayor orgullo. “I´am prrrroud of you” –les repetía frecuentemente con su acento francés.

Fui testigo de verlo cambiar su perspectiva a raíz de sus hijas, de nuestras conversaciones (y uno que otro regaño de mi parte) y a lo largo de su vida, lo vi comprender que el mundo estaba cambiando y también los roles de la mujer. Pero incluso con una que otra idea ya bastante “demodé” (para decirlo en su idioma) nunca, ¡jamás!, le vi faltarle al respeto ni tratar mal, de ninguna forma, a una mujer y pasó, su vida entera, venerando a mi abuela.

Mi papá, como todos, se echaba los comentarios inapropiados de la época (cuando se permitían los comentarios inapropiados en la época) y ha tenido un poco de merma de los “otros tiempos”. Sin embargo fue, y sigue siendo el principal impulsor, promotor, maestro y porrista de mi mamá y la principal razón (después de ella y su talento) por la que ella pudo desarrollarse como lo hizo y combinar lo de tener dos hijas y ser una profesionista chingona. En medio de una sociedad laboral de puros hombres, mi papá pujó para que ella también lo fuera y su nombre apareciera en la lista junto con el de los señores, abriendo así, una importante brecha para que otras mujeres tuvieran esos espacios en ese negocio.

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Nos educó a mi hermana y a mí, para ser independientes y tener claro que podríamos salir adelante solas y, además de jugar a las muñecas y contarnos cuentos de reinos y princesas (que la verdad eran bastante intrépidas y desobedientes), también nos enseñó a cambiar llantas, matar alacranes, podar árboles, tomar decisiones, hacer cheques y hablar fuerte y claro nuestras opiniones. No nos educó como niñas, ni como niños, nos educó como individuos para ser adultos responsables e independientes y eso me pareció siempre muy evolucionado.

Siempre respetuoso, siempre caballero. Un impulsor nato de las mujeres, cuya principal enseñanza en el tema fue demostrarnos (con su proceder) que sí, sí existen hombres que saben hacer familia y apoyar y atesorar a sus mujeres. De él aprendimos que había que buscar en un hombre para ser y hacer pareja. Siendo el papá y el esposo que siempre fue, entendimos lo que queríamos que fuera un hombre para nosotras.

Y el sponsor, (osease mi esposo) que si bien tiene una escuela muy conservadora y que es parte de una generación en donde todavía se valía hacer y decir muchas cosas (y que muchas veces ha hecho y dicho) ha sabido agarrar la onda y entender (a veces a punta de discusiones con su hija, a veces con fuertes encuentros y desencuentros con su esposa) que el mundo no es el mismo y él tampoco puede quedarse siendo ese. Así que avanza, escucha, trabaja, abre la mente, comprende y acompaña a marchas feministas a sus mujeres siempre que puede, abriendo los ojos a la causa y va convirtiéndose en parte de ella enseñándole a su hijo a ser la mejor versión de él mismo y su masculinidad.

...a las mujeres nos corresponde también defender a los hombres y protegerlos del linchamiento sin límite, de la falta de criterio y de cualquier extremo.

Y, por supuesto, mi pequeño hombrecito. El de 14. La razón para escribir este texto hoy, en el Día Internacional del Hombre. Porque, evidentemente, defiendo y soy parte de la lucha y el sentir de las mujeres, ¡obvio!, pero a las mujeres, nos corresponde también defender a los hombres y protegerlos del linchamiento sin límite, de la falta de criterio y de cualquier extremo.

En primera, porque igual que veo a las niñas teniendo miedo, veo a los niños sufriendo y asustados de ser mal interpretados, mal juzgados, destrozados ante acusaciones falsas y siendo todos medidos bajo la misma vara.

Tenemos una responsabilidad frente a ellos y necesitamos explicarle eso a nuestras hijas y lejos de criarlas para ser arranca cabezas masculinas, enfocarnos en formar mujeres justas, inteligentes y capaces de distinguir a los pendejos, de los que sí valen la pena.

Cambiemos el discurso.
¿Qué tal que mejor les enseñamos a leer señales? ¿A alejarse cuando es necesario y no cuando ya es muy tarde? ¿A entender la diferenciar entre amor y la codependencia? Enseñarles a decir CLARAMENTE NO y CLARAMENTE SÍ porque, puede ser, que no lo tengan tan claro. ¿A poner límites? ¿A formarse profesionalmente para ser financieramente independientes y no tener que quedarse con nadie, nunca, por dinero o status?

Lo de alzar la voz, pedir ayuda y salir a gritar consignas ya lo tienen muy claro. Ahora nos toca enseñarles a bajarle unas rayitas y a entrar al quite por nuestros hombres, sus hombres, esos, los que sí valen la pena, los que tú y yo tenemos cerca y a los que estamos formando y que tienen también derecho a un espacio y a ser celebrados.

...veo a las niñas teniendo miedo, veo a los niños sufriendo y asustados de ser mal interpretados

Feliz día, hombres chingones de mi vida, parientes, amigos y colaboradores, hacen que la mía sea mejor y no me queda más que decir que nos urgen más como ustedes, esos, a los que yo llamo: hombres feministas, bien seguros de sus masculinidades y dispuestos a reaprender cómo se hace eso de ser, un hombre de verdad.

PD. Importante aclarar tres cosas:
1. Odio los días de cualquier cosa.
2. El Día Internacional de la Mujer, contrario a lo que la mayoría piensa (y a diferencia del Día Internacional del Hombre que, sí, sólo celebra al género) se trata de celebrar a la mujer NO por su género, NO por ser mujer, NO para mandarnos flores por WhatsApp ni decirnos cosas “hermosas” (por favor absténganse y lean tantito). NO. El 8 de marzo celebra los DERECHOS de la mujer y se instauró para recordar que las mujeres hemos estado en una lucha por obtener y lograr los mismos derechos que los hombres, desde hace demasiado tiempo. Nos ha costado demasiadas vidas, sangre y monumentos grafiteados y que, lo mejor que nos podría pasar, es que esa celebración dejara de existir porque eso querría decir que ya tendríamos, ¡por fin!, equidad real, perpetua y universal y nadie nunca tuviera que recordar, que los derechos universales no deberían depender del género, sino simplemente ser.
3. Ya si no nos vamos a salvar de “los días de” recordemos que el 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer y que es un tema que no podemos dejar de atender porque #NiUnaMás.

Web: www.lamargeitor.com
IG: @lamargeitor

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