Mexican day of the dead altar “Dia de Muertos”


Fue un Día de Muertos excepcional

2020 nos ha dado una nueva perspectiva para entender esta fecha y lo que representa en nuestro país, donde ya de por sí la muerte se vive de forma única.

Los mexicanos encabezamos la tradicional fiesta de los muertos en el mundo. Y no solo eso; la disfrutamos, la gozamos, la cantamos. Levantamos altares con los que conmemoramos la vida, la memoria y la inmortalidad. Entre cempasúchil, veladoras, fotos de los difuntos, calaveras, comida, dulces, bebidas, una pizca de sal y el extraordinario pan de muerto, la muerte huele y sabe a México, a tradición, a amor. Dicen que “recordar es volver a vivir”; nosotros –como parte de un país entusiasta, sentimental y nostálgico– somos únicos viviendo la muerte.

Cada noviembre, jugamos con la muerte, la invitamos a pasar a nuestra casa, y volvemos a acariciar a nuestros abuelos, a las tías, a los primos, a los que –como bien decimos– se nos adelantaron.

A veces nos preguntamos: “¿Quiénes son nuestros muertos?, ¿quiénes son aquellos que extrañamos?, ¿qué pudimos haber hecho diferente con ellos?”, ya que este es un mes para enfrentarnos a la reflexión. Pero no solo debemos cuestionarnos sobre quienes ya se fueron, sino también sobre los que nos quedamos y con los que queremos fabricar recuerdos extraordinarios para dejar un legado.

Hace poco pensaba en mi caso. Si Dios me llevara pronto con él, esta vida habría sido una enorme experiencia. Me iría tranquila; citando a Amado Nervo en este acertado verso: “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”. He gozado al máximo cada momento, he tenido unos increíbles padres y hermanos, familia de sangre y extendida, así como amistades entrañables, he encontrado al amor de mi vida y he tenido tres preciosas niñas como el fruto del mayor amor que una mujer pueda sentir. Mis hijas, por cierto, me han llevado más allá de la felicidad, y su nacimiento, de hecho, me acerca más a la vida que a la muerte, pues su presencia prolonga mi existencia.

cempasuchil flower used for mexican altars for “day of the dead”


Tradición en contingencia

Regresamos a nuestro punto casi radiográfico y pienso: “¿Será que 2020 nos agarró en curva durante la celebración del Día de Muertos?”. En efecto, hay otro aire en este noviembre, pues en plena pandemia, hemos estado más cerca de lo normal del concepto “morir”. No es que no sepamos de su inevitabilidad –todos llegaremos algún día a rendir cuentas–, pero diariamente, leemos estadísticas de gente que ha partido debido a este virus que nos ha robado la paz.

Si bien hay quienes no temen morir, tampoco es que quieran enfermar, que su cuerpo no sepa reaccionar acertadamente y tener un desenlace fatal. A todos nos ha pasado por la cabeza y todos sabemos de alguien que ha muerto de COVID-19; incluso, nos hemos preguntado si a los millones de muertos de coronavirus en realidad les tocaba morir o se fueron antes de lo planeado.

Siempre me ha parecido extraño que la gente piense que te puedes recuperar de la muerte de alguien que amas; la verdad creo que uno nunca vuelve a ser la misma persona. Aunque los recuerdos nos llenan como un buen sustituto, la ausencia es canija y la sola idea de que jamás volverás a ver a alguien en el mismo plano energético es muy fuerte.

Pero hay que aceptar la muerte queramos o no. No hay nada que podamos hacer por esa tristeza que nos invade los corazones y los ojos cuando tenemos que despedirnos de alguien a quien no podremos volver a ver. Debemos vivir el famoso y triste duelo, aprender a respirar de nuevo, darle un momento de pensamiento al concepto de la vida después de la muerte y estudiar las posibilidades de volver a encontrarnos.

Después de esta reflexión, deseo que hayan pasado un feliz Día de Muertos. Una oración en honor a ellos y el eterno agradecimiento por haber coincidido; descansen en paz.