Antes de las redes sociales, Dante ya tenía un método impecable para cancelar gente: ponerla en el infierno… con nombre y apellido.
Para ubicarnos: Dante Alighieri nació en Florencia en 1265, pleno final de la Edad Media italiana, cuando la política era básicamente guerra civil elegante y las ciudades-estado se peleaban entre sí con intensidad familiar. Dante fue poeta, sí, pero también funcionario público, diplomático y, eventualmente, exiliado político.
Su obra más famosa, La Divina Comedia, no es solo un viaje imaginario por el más allá. Está dividida en Infierno, Purgatorio y Paraíso: tres etapas del alma más que tres lugares físicos donde mezcla teología medieval, autobiografía emocional, crítica social y ajuste de cuentas con una naturalidad sospechosa.
Fun fact que siempre me vuela la cabeza: el italiano moderno existe en gran parte gracias a Dante. Antes de él, cada región hablaba su propio dialecto. Dante decidió escribir su obra magna en toscano florentino en lugar de latín, que era “lo serio”, y ese dialecto terminó convirtiéndose en la base del italiano estándar. Básicamente: no solo escribió literatura eterna, definió cómo iba a sonar un país entero.
El Infierno como sistema de clasificación humana
Como recordatorio del chisme: La Divina Comedia se divide en tres partes, pero el Infierno es donde Dante se divierte más.
Tiene nueve círculos, cada uno dedicado a un tipo específico de pecado. No es caos: es un archivo perfectamente organizado de fallas humanas. Mientras más abajo, peor la falta.
Y aquí entra el metaverso de la literatura: Dante no inventó personajes genéricos. Puso personas reales, contemporáneos suyos, figuras políticas, enemigos personales, ex amigos, papas corruptos, rivales ideológicos. La Divina Comedia es Dante en su era más Regina George haciendo un Burn Book histórico que, increíblemente, sigue vigente.
Vestíbulo del Infierno
Ya solo con saber la inscripción en la puerta, me dan escalofríos: "Abandonad toda esperanza, quienes entráis aquí"... Aquí viven los tibios. Los indecisos. Los que nunca tomaron postura. Son perseguidos por insectos eternamente mientras alimentan gusanos con su sangre.
Dante no nombra literal a nadie, pero por descripción muchos suponen que por ahí anda Poncio Pilato saludando incómodo.
Limbo:
Las personas que no recibieron el bautismo ni conocieron el mundo de Dios, pero tampoco son castigadas porque no es “su culpa”.
Homero, Horacio, Ovidio, Platón, Cicerón y Séneca. Básicamente su salón VIP de “los amo, pero llegaron antes del bautismo, qué lástima, margarito”.
Segundo círculo — Lujuria:
Aquí comienza el verdadero Infierno. En la entrada encontramos al Rey Minos (¡sí, el rey de Creta!), quien juzga a los condenados y decide a dónde van. Escucha a los acusados y enrosca su cola alrededor de su cuerpo; el número de vueltas que da es el círculo al que serán enviados.
Este espacio le pertenece a los lujuriosos. Aquí no hay fuego ni tortura explícita. Hay viento eterno. Un torbellino que arrastra a las almas sin dejarlas descansar, metáfora clarísima de la pasión descontrolada. Y en medio de ese huracán están Paolo Malatesta y Francesca da Rimini. Ellos no son monstruos ni villanos. Son una tragedia romántica muy auténtica.
Francesca estaba casada con el hermano de Paolo, Gianciotto Malatesta, pero ooooobvio Paolo y Francesca se enamoraron leyendo juntos una novela de amor cortés, no cualquiera: ESTABAN LEYENDO LA HISTORIA DE LANCELOT Y GINEBRA, y cuando el esposo los descubrió, los asesinó.
Dante los coloca en el Infierno, sí, pero les da una de las escenas más tiernas y humanas de toda la obra. No los juzga con dureza; más bien los escucha. Otro datazo: cuando Francesca cuenta su historia, Dante se desmaya de compasión. El autor pierde el conocimiento dentro de su propio poema.
También encuentras a Cleopatra con Marco Antonio, Tristán e Isolda y, claro, Helena y Paris.
Tercer círculo — Gula:
El tercer círculo es el hogar de la Gula, más allá de comer mucho, se refiere al exceso desmedido de placer físico: inmersos en fango, con granizo, nieve y atacados por Cerbero, (quien se vuelve la figura literal del nunca tengo suficiente, porque… TIENE TRES BOCAS).
Cuarto círculo — Avaricia y derroche:
Dos grupos empujan enormes cofres o piedras mientras caminan en semicírculos opuestos, eventualmente chocan y se pelean, insultan y reclaman. Para el final, darse la vuelta y volver a chocar en el lado opuesto, y esto on repeat FOREVER.
Quinto círculo — Ira y pereza:
Nuestro quinto círculo es habitado por los iracundos y perezosos, los primeros sumergidos en un fango de su propia rabia, los segundos en el pantano de Estigia. Aquí encontramos a Filippo Argenti, persona realísima y enemigo de Dante. Estaban en bandos opuestos de la política florentina, Argenti era arrogante y ostentoso, cuando Dante cruza por el pantano, Argenti ataca o trata de subir a su barca y llegan otras almas a despedazarlo. Y Dante se alegra.. lo cual es rarísimo. En general, el poeta siente compasión por las almas excepto por esta. Aquí le dice: que bueno, a ti no te perdono.
Sexto círculo — Herejía:
Vigilado por diablos y por las Furias (diosas de la venganza quienes mitológicamente castigan crímenes como el homicidio, el perjurio y los delitos familiares) y aquí viven los herejes entre llamas y tumbas abiertas. Encuentras a Farinata degli Uberti, un líder político florentino que negó la inmortalidad del alma, Cavalcante dei Cavalcanti (quien además era papá de un amigo de Dante) quien pensaba que el alma moría con el cuerpo, Federico II emperador del sacro imperio romano, quien promovió la ciencia y la filosofía árabe, entre otros que más o menos van por esa rama.
Séptimo círculo — Violencia:
Para llegar se atraviesa una grieta causada, según Dante, por el terremoto al morir Cristo. El custodio es el Minotauro, representación de la bestialidad.
Se divide en tres anillos: violencia contra otros (río de sangre hirviendo con centauros disparando flechas), contra uno mismo (convertidos en árboles acosados por harpías) y contra Dios (desierto de arena ardiente con lluvia de fuego).
Curiosamente aquí está Brunetto Latini, maestro respetado de Dante. Respeto incómodo eterno.
Octavo círculo — Fraude:
La trama empieza a complicarse en el octavo círculo, donde se castiga el fraude. Ubicado en un foso gigante con diez zanjas conectadas por puentes. Custodiado por Gerión, quien tiene cara de hombre justo y cuerpo de serpiente. En la primera fosa viven los rufianes y seductores, golpeados por latigazos por demonios con cuernos. Aquí está Jasón, quien se aprovechó de Medea e Hipsípila. En la segunda, los aduladores que se encuentran entre excrementos.
En la tercera, los simoníacos (aquellos que hicieron negocio con lo sagrado) enterrados boca abajo en agujeros tipo pila bautismal y solo se ven las piernas así como los pies. En la cuarta, los adivinos caminan con la cara distorsionada hacia atrás, y avanzan sin poder ver el frente. En la quinta, los corruptos, hecha por un lago de brea hirviendo en la que están inmersos.
En la sexta, los hipócritas vestidos con pesadas capas de plomo doradas por fuera; también están los miembros del Sanedrín, quienes condenaron a Cristo a muerte, ellos están crucificados en medio del camino, Caifás, Anás y los fariseos. La séptima fosa castiga a los ladrones, colocados entre serpientes con las manos atadas y transformados en éstas. En la octava, los malos consejeros, encerrados en llamas con lenguas de fuego. Aquí vive… ¡Ulises! Por muy obvias razones. En la novena, los sembradores de discordia, mutilados por un demonio con espada, en cuanto se cierran sus heridas, se vuelven a abrir.
En la décima, los falsificadores, con enfermedades que les deforman, por ejemplo los falsificadores de metales sufren de lepra.
Noveno círculo — Traición:
Y así llegamos a posiblemente el círculo más pesado de todos en el Infierno: el noveno, que corresponde a la traición. Justo antes de llegar, encontramos un pozo donde están clavados los gigantes y titanes, entre ellos: Nimrod, rey bíblico asociado con la Torre de Babel, Ephialtes quien trató de escalar el Olimpo, y Antaeus quien luchó con Hércules, él baja a Dante en sus manos al noveno círculo, como un elevador humano.
Al bajar encontramos un lago inmenso de hielo llamado Cocito, formado por el movimiento de las alas de… ¡Lucifer!
Y en un día más con Dante, se divide en cuatro zonas. La primera,llamada Caina, por Caín, quien asesinó a su hermano Abel. Aquí están los traidores a sus conocidos, sumergidos en hielo hasta la cabeza y con la cara hacia abajo, y sí, aquí está Caín. La segunda llamada Antenora, por el troyano Antenor quien traicionó a su ciudad, aquí están sumergidos con la cara hacia arriba.
La tercera, Tolomea, por Ptolomeo hijo de Abubo, quien invitó a su suegro a un banquete y los asesinó ahí, hola Red Wedding. En Tolomea se castiga a los traidores a sus invitados, están acostados boca arriba en el hielo y solo sus rostros sobresalen. Y la cuarta zona... Judeca. Llamada así por Judas Iscariote. Aquí están los traidores a los benefactores, inmersos en el hielo en diversas posiciones: acostados, traicionaron sus iguales; cabeza hacia arriba, a sus superiores; pies hacia arriba, a sus inferiores; doblados en arco traicionaron a ambos lados. Y en el centro de todo… Lucifer. Enterrado en el hielo hasta el pecho, tiene tres caras y seis alas. En cada una de sus bocas mastica a quizás los tres grandes traidores de la historia: Judas Iscariote en la boca central, y a Bruto y Casio en las otras dos.
Y justo cuando crees que esto es solo mitología oscura medieval… cae el veinte. Así entendemos por qué Dante sigue funcionando, porque La Divina Comedia no es solo religión, ni castigos rarísimos, ni turismo infernal con guía incluida. Es, en esencia, un chisme perfectamente organizado.
Es imaginar que haces un fan fic con todos los dramas de tu barrio: tus amigos, tus ex amigos, tus enemigos políticos, la vecina que siempre te ve raro, el tío incómodo que nadie invitó pero llegó, y hasta el joven que insiste en limpiarte los vidrios del coche AUNQUE LE DIGAS QUE NO VEINTE VECES.
Solo que Dante no lo dejó en conversación de café. Lo convirtió en arquitectura literaria, en sistema moral y, de paso, en el idioma de todo un país.
Canceló gente, sí. Pero lo hizo tan bien que siete siglos después seguimos leyendo su lista negra como si fuera filosofía, porque cuando alguien escribe con suficiente pasión, sus rencores dejan de ser personales y se vuelven eternos.
