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El Penacho de Moctezuma: de representante de lo exótico a disputa diplomática

Tras recuperarse el conocimiento exacto de su origen, el Penacho de Moctezuma se ha conservado en un museo de Austria; desde entonces, se ha discutido su regreso a México en múltiples ocasiones, aunque se pondría en juego su conservación si fuera repatriado. Historia y peleas aparte, nunca se ha dudado de la belleza y la complejidad de la manufactura de esta pieza de la que todavía queda mucho por decir.

Para el Museo del Mundo (Weltmuseum) –antes Museo Etnológico de Viena, Austria–, el Penacho de Moctezuma no es solo parte de su colección, es su pieza más importante.

  En su ficha técnica, la obra no es nombrada “Penacho de Moctezuma”, sino “Tocado de plumas”, y su descripción dice que pertenecía a un sacerdote mexicano.

En el museo, se conserva cuidadosamente dentro de una vitrina horizontal. También aparece en los highlights de su página, en primer lugar, y tiene varios libros editados al respecto. En la tienda de souvenirs, hay toda suerte de “recuerdos” con la imagen del famoso penacho: estuches de lápices, bolsas, plumas y postales.

Es fácil reconocer que el afamado penacho atrae a conocedores y curiosos a las salas de este museo, que cuenta con otra extraordinaria pieza de arte plumario: un escudo en tonalidades naranjas y azules.

El arte plumario de esa época es sumamente difícil de conservar por su naturaleza orgánica y la delicadeza de sus materiales. En el Museo del Mundo, se han especializado para conservarlos “estables”, como los restauradores señalan a piezas delicadas sin peligro de pérdida.

Además de estos, el museo cuenta con 200 mil objetos y un impresionante acervo de más de 140 mil libros sobre historia de culturas no europeas. Su curaduría va en torno a las relaciones de Viena con el resto del mundo.

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En la tienda del Weltmuseum hay todo tipo de souvenirs con la imagen del famoso penacho.

La Colección de América del Norte y Central está compuesta por casi 18 mil objetos, la mitad de los cuales son artefactos arqueológicos. Aparte de procedentes de México, hay objetos de la costa noroeste del Pacífico, donde el capitán James Cook –un viajero curioso considerado el descubridor de Australia y Nueva Zelanda– recogió numerosas piezas de arte precolombino, exóticas para la cultura europea. Gran parte de su colección se encuentra en este espacio.

El Tocado de plumas ha estado en dicho museo desde 1918, con algunos periodos breves de resguardo en otros puntos de la misma ciudad, durante las guerras en Europa.

Se expone en la sala “Historias de Mesoamérica”, donde también tienen una réplica bien lograda del calendario azteca, cuyo original es parte de la colección del Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México.

Los tocados de plumas en Mesoamérica eran utilizados para rituales de corte religioso y denotaban estatus social; sin embargo, no hay referencias que indiquen que los gobernantes utilizaban este tipo de “corona”.

El resto de las salas del recinto expositivo son: “A la sombra del colonialismo”, “Benín y Etiopía. Arte, poder, resistencia”, “Choque cultural en Viena”, “Un mosaico austriaco de Brasil”, “1873-Japón llega a Europa”, “La locura del coleccionista. ¡Sufro de museomanía!”, “Mar del Sur: encuentros con el paraíso perdido”, “Oriente a las puertas de casa”, “Un pueblo en las montañas, aldea budista en la zona del Himalaya”, “Fascinado por Indonesia”, “El mundo en movimiento”, “En un nuevo mundo” y “La nueva percepción-Una mirada sobre China”.

A partir de este octubre, el Museo del Mundo de Viena –cuyo costo de entrada es de 16 euros, un aproximado de 380 pesos mexicanos– presenta la exposición temporal Aztecas, que incluye la visión crítica del rol del museo como un coleccionista y agente colonial.

En esta, por medio de una museografía moderna, se exponen esculturas prehispánicas, objetos de la vida cotidiana y elementos rituales de los aztecas, aunque no fue posible sumar el penacho, ya que se evitó moverlo de piso, al considerar que esto lo pondría en riesgo.

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El Penacho está en el Weltmuseum, en Viena, Austria, donde no solo es parte de su colección, sino que es su pieza más importante.

El penacho viaja a Europa

Durante mucho tiempo, se pensó que era un ornamento morisco; una falda, un estandarte o una capa. Algunos de los detalles en oro se perdieron y fueron sustituidos por metal dorado. Atacado por insectos y finalmente mal restaurado en un primer intento, el Penacho de Moctezuma ha sobrevivido 500 años.

Perdido en Austria, permaneció en vitrinas de salas dedicadas a lo exótico e inusitado durante siglos, hasta que un científico descubrió que no era morisco ni una capa y que había sido atacado por insectos que comieron las bellas y delicadas plumas de quetzal, ave endémica del sureste mexicano.

El naturalista Ferdinand von Hochstetter llevó al penacho a una restauración en 1878. Tuvo la buena aportación de catalogar la pieza de arte plumario como algo más cercano a la realidad, un tocado para la cabeza, de origen mesoamericano, y logró fumigar los insectos que estaban acabando con este. Sin embargo, la restauración hizo que perdiera su tridimensionalidad y lo volvió rígido y plano, como se puede apreciar ahora.

Siglos más tarde, entre 2010 y 2012, un equipo binacional, compuesto por científicos mexicanos y austriacos, logró identificar nuevos detalles de la centenaria pieza de arte prehispánico. Por ejemplo, que el pegamento utilizado se obtiene de ciertas orquídeas (también endémicas de México), el uso ritual de las plumas en las sociedades prehispánicas y que aquí, durante mucho tiempo, debido a la complejidad de este trabajo artístico, se le daba más valor a las plumas que al oro.

Los científicos que han analizado los pocos registros de la existencia de este penacho muestran dudas sobre si perteneció a Moctezuma y cómo es que llegó a Viena. El primer registro está fechado el 10 de julio de 1519, cuando la Junta de Regimiento de la Villa Rica de la Vera Cruz envió por vía marítima una carta dirigida a la reina Juana y a su hijo, el emperador Carlos, en el poder de la Corona española en la época. En esta, hacen un inventario de objetos únicos y preciosos que enviaban como prueba de lo encontrado en las nuevas tierras.

Se sabe que en el navío, junto al penacho, viajaron a Europa oro, plata, piedras y plumajes. Cabe destacar que la carta inició las noticias en el continente europeo sobre la conquista de lo que hoy es México y varios objetos mesoamericanos comenzarían una larga vida fuera de su continente de origen, como testimonio de un intercambio cultural entre América y Europa.

En múltiples ocasiones se ha propuesto que este bien cultural sea repatriado, pero si se hiciera eso, podría convertirse en polvo, pues su origen orgánico y sus 500 años de existencia son elementos que contribuyen a su fragilidad.

Plumas de aves exóticas, oro y pegamento de orquídeas

El penacho mide aproximadamente 1.30 metros de altura por 1.75 metros de diámetro. De acuerdo a estudios de la UNAM, es de cuatro colores –esmeralda, rojo, café y azul– y tiene plumas correspondientes al quetzal, ave fascinante que habitaba en el sur de México y Guatemala; al pájaro tlauhquéchol, descrito como un “ave pequeña muy galana y de pluma muy rica”; a la piaya o pájaro vaquero, y a un ave de la familia de los cotíngidos con plumas azules.

Cuenta además con 1544 laminillas o lentejuelas en forma decreciente, así como tres secuencias de discos y escamas de oro cuadradas y redondas, de las cuales aproximadamente 100 fueron reemplazadas por unas elaboradas con otro metal. La estructura se sostiene con finos hilos de fibras de algodón y agave.

Los tocados de plumas en Mesoamérica eran utilizados para rituales de corte religioso y denotaban estatus social; sin embargo, no hay referencias que indiquen que los gobernantes utilizaban este tipo de “corona”, sino otro tipo de tocados, entre ellos una diadema, como signo de autoridad.

La tradición y la cultura popular adjudicó la procedencia del penacho a Moctezuma, quien se dice, lo envió como regalo a Hernán Cortés cuando supo de su arribo a Veracruz, con la esperanza de que se sintiera satisfecho de recibir un botín de oro y objetos preciosos, y decidiera volver por donde vino. El relato al menos coincide en que la pieza fue inventariada en julio de 1519, cuatro meses antes del arribo de Cortés a Tenochtitlan.

Aunque permaneció varios siglos sin identificar y entre los gabinetes de rarezas en Europa, en fechas más recientes ha sido motivo de polémica, derivado de la coincidencia temporal del discurso predominante del rescate del pasado indígena en México y la asociación del penacho con el emperador Moctezuma.

Por ello, en múltiples ocasiones se ha propuesto que este bien cultural sea repatriado, pero si se hiciera eso, podría convertirse en polvo, pues su origen orgánico y sus 500 años de existencia son elementos que contribuyen a su fragilidad.

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Réplica hecha por el artista plumario Francisco Moctezuma. Se encuentra en el Museo de Antropología e Historia en la CDMX.

En 1940, el expresidente de México Abelardo L. Rodríguez mandó a hacer una réplica al artista plumario Francisco Moctezuma, del mismo tamaño y estéticamente similar. La espléndida creación pertenece a la sala Mexica del Museo de Antropología e Historia en la Ciudad de México.

En la actualidad, la técnica, que escasos artesanos mexicanos conservan, ha variado muy poco a la ancestral; por ejemplo, el adhesivo ahora es cera de Campeche y no pegamento de orquídea, y los elementos de corte ahora son tijeras y no obsidiana, pero aún se mantiene la tradición que se transmite de generación en generación.

El documental sobre su pasado y su presente

En 2015, el documental “El Penacho de Moctezuma. Plumaria del México Antiguo” ganó el premio al mejor cortometraje documental en los premios Ariel.

Su autor, Jaime Kuri, hace un relato a través de entrevistas a científicos involucrados en la más reciente restauración sin sentimentalismos nacionalistas y con una pulcra descripción del estado de la pieza, así como su tránsito en el devenir histórico entre guerras, discordias, confusiones y olvidos.

El documental, transmitido por TV UNAM, es una joya que registra con claridad en qué punto está la investigación sobre este objeto que aún tiene mucho que decir.

Compra el tuyo

Entusiastas de la historia lanzaron una línea de porcelana mexicana hecha a mano, en la que se recupera la figura del Penacho de Moctezuma. La iniciativa se llama El águila mexicana y se puede encontrar en Instagram. Las piezas son de colección y están limitadas.

* Kristina Velfu ( @velfu ) es periodista especializada en la difusión del arte y la cultura.

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