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La mirada femenina en la pintura, se expone en el Museo del Prado

El icónico espacio ha reabierto sus puertas al público exhibiendo, hasta el 14 de marzo de 2021, la muestra “Invitadas”, que parece estar llamada a convertirse en la más comentada del año.

Invitadas se trata de una selección de obras que busca mostrar cómo entre los siglos XIX y XX las mujeres, además de modelos o musas, consiguieron ser artistas consumadas de la pintura y las artes plásticas, ello enfrentando una multiplicidad de problemas.

La exposición documenta y denuncia el machismo en la sociedad en general, y en el arte en particular, al que tuvo que hacer frente la mujer en España desde el reinado de Isabel II hasta el de su nieto Alfonso XIII. Está estructurada en 17 secciones, que muestran una selección de más de 130 obras, procedentes en su mayoría de la propia colección del Museo del Prado y del Patrimonio Nacional, pero también de otras colecciones públicas y privadas.

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”Autorretrato de cuerpo entero de Marisa Roësset” (1912) pertenece al acervo del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Enmarcada en un periodo cronológico que va desde los tiempos de Rosario Weiss (1814-1843) hasta los de Elena Brockmann de Llanos (1867-1946), la exposición se divide en dos partes. La primera ilustra el respaldo oficial que recibieron aquellas imágenes de la mujer que se plegaban al ideal de la época. El Estado legitimó estas obras mediante encargos, premios o adquisiciones, y fueron aceptadas como valiosas muestras de la madurez de sus autoras y autores, al tiempo que se rechazaban todas aquellas que se oponían a ese imaginario.

El contexto en el que se validaron estas representaciones sirve de prólogo a la segunda parte de la muestra. En ella se abordan aspectos centrales de las carreras de las mujeres artistas, cuyo desarrollo estuvo influenciado por el pensamiento predominante en su época, que diseñó su formación, participación en la escena artística y reconocimiento público. Para conformar y visibilizar este segundo episodio se eligieron nombres imprescindibles, desde las románticas hasta las que trabajaron en el vértigo de las vanguardias.

Así, se muestran lienzos salidos del pincel de mujeres ‘sumisas’ como Aurelia Navarro (1882-1968), que por un desnudo acabó en un convento, y de mujeres valientes como Elena Brockmann, que desarrolló una carrera más allá de los convencionalismos asociados a su género cultivando la pintura de escenas históricas.

Otras artistas incluidas en la exposición que se especializaron en ramas de la pintura son la miniaturista Adriana Rostán ‘La Griega’ (activa en España 1830-1889), la bodegonista María Luisa de la Riva (1859-1926) y la fotógrafa Jane Clifford (¿?-c. 1885).

No pocos visitantes se muestran sorprendidos al encontrar en la exposición obras salidas de la mano de integrantes de la Casa Real española. Es el caso de María Cristina de Borbón, reina de España (1806-1878); su hija Isabel II, reina de España (1830-1904), y Amalia de Borbón, infanta de España (1834-1905). Principalmente ejecutaron copias de obras maestras, y sobre todo se les reconoce hoy en día por su labor de protección y mecenazgo de artistas.

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La obra “Autorretrato”, de Lluïsa Vidal, pertenece al acervo del Museu Nacional D’Art de Catalunya.

El único ‘pero’ que algunos críticos le ponen a esta exposición es que la selección de autoras propuesta recoge una parte muy reducida del universo que componen las mujeres creadoras en el campo de las artes plásticas. La lista de las artistas ausentes en esta muestra es interminable. Faltarían, por ejemplo, las impresionistas Berthe Morisot (1841-1895) y Mary Cassatt (1844-1926); Georgia O’Keeffe (1887-1986), que supo desembarazarse pronto de la influencia de Matisse, o la cubista María Blanchard (1881-1932).

Faltan también las surrealistas Leonora Carrington (1917-2011), Dora Maar (1907-1997), Maruja Mallo (1902-1995), Lee Miller (1907-1977), Ángeles Santos (1911-2013), Valentine Hugo (1887-1968) y Remedios Varo (1908-1963); también Frida Kahlo (1907-1954); María Blanchard (1881-1932), que compartió estudio en París con Diego Rivera, polemizó con Juan Gris y Picasso, y mantuvo siempre su independencia; Antonia de Bañuelos (1855-1921), que devolvió su lugar al costumbrismo en plena vanguardia; Sonia Delaunay (1885-1979), la ucraniana con llamaradas dadaístas; Helen Frankenthaler (1928-2011), la sobresaliente discípula de Pollock, y Lita Cabellut (1961- ), influida por Bacon y los rostros descompuestos. Sólo por citar algunas.

La exposición en el Museo del Prado es un gran acierto, sin duda. Pero si nos detenemos a pensarlo, más que ‘invitadas’ las mujeres creadoras cuyas obras se exhiben en la muestra son ‘anfitrionas’ por derecho propio.