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Miguel de Guzman

¿La arquitectura podría ser la fuente de la felicidad?

Los espacios en los que vivimos, trabajamos y realizamos otras actividades tienen un impacto enorme en cómo nos sentimos y hasta en la manera en que vemos el futuro, así que diseñarlos con el objetivo de que las personas sean felices es importantísimo.

Tal vez no has escuchado de la neuroarquitectura, pero te aseguramos que, después de saber de qué se trata, la vas a amar y querrás que forme parte de tu vida.

  Platicamos con el arquitecto Juan Carlos Baumgartner, socio fundador del despacho de diseño mexicano SPACE, quien es responsable en México de las oficinas de Google, Volaris, Red Bull y Pininfarina. El también maestro en neuroarquitectura crea espacios basándose en su teoría “Design For Happiness”

Juan Carlos compartió con Central todos los detalles de esta disciplina, que encuentra el punto en el que los conocimientos de neurociencia cognitiva empalman con la arquitectura.

“A través de la neurociencia, entendemos el impacto que tiene el espacio construido en el bienestar, el comportamiento y el proceso cognitivo del ser humano”, nos cuenta al respecto. “Lo primero es entender que el espacio no es algo ajeno al ser humano, que solamente habita. De acuerdo con muchos estudios neurocientíficos, el espacio es parte de tu cognición. De alguna manera, todos nosotros somos espacio”.


Lo fundamental en los espacios

Para el desarrollo adecuado de las personas, así como para fomentar la creatividad y, sobre todo, el bienestar, los espacios deben tener ciertas características, “que tienen mucho que ver con millones de años de evolución del ser humano”, explica Juan Carlos.

De acuerdo al experto, la iluminación con luz natural, el uso adecuado del color y las áreas verdes son básicos: “en muchas ocasiones, es regresar a lo que la naturaleza hacía muy bien, y que los entornos construidos de repente no hacen tan bien”.

Además, la estimulación es súper importante. “Normalmente, el cerebro se engancha muy bien cuando hay sorpresa”.

Tortura por medio de la arquitectura

¿Crees que exageramos? Recientemente, se descubrió que la falta de estética, el aislamiento social y el aburrimiento, generan actividad en la misma zona del cerebro que el dolor físico. “Desde el punto de vista neuronal, esas cosas también duelen”, dice Juan Carlos Baumgartner.

El problema aquí radica en que ciertos espacios, como las escuelas y las oficinas, han sido construidos justamente de forma poco social, extremadamente aburrida y poco estética.

El arquitecto explica que “lo que hemos estado haciendo con ese tipo de arquitectura es torturar a los usuarios, porque una vez que se activa el mecanismo, al cerebro le da lo mismo si es un dolor físico o uno neurológico cognitivo”.

Las consecuencias del dolor, como los niveles de estrés y la ansiedad, detalla, son generadas de la misma manera, aunque no sea un dolor físico, por lo que para lograr una arquitectura que no lastime a las personas, “tendría que ser divertida, prosocial y estética”.

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El camino a la felicidad… y un mundo mejor

Los entornos que habitamos tienen mucha influencia en la generación de emociones, esto es un hecho. Así como de manera negativa, se puede generar depresión y ansiedad en personas que están en la cárcel, también se puede diseñar y construir para crear felicidad y bienestar. El espacio tiene el poder real de transformar positivamente la vida de las personas y la sociedad en general.

Para dar bases científicas a esta propuesta, Juan Carlos ha trabajado con la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, y la Universidad de Delft, en Holanda, buscando la correlación entre el diseño de espacios y la generación de emociones positivas. Encontraron que una de las vías para lograrlo, es usar en la arquitectura objetos que promuevan ciertos comportamientos positivos y esto, a su vez, genera emociones positivas.

Al respecto, también expresa que por lo general, la gente feliz tiene núcleos sociales más grandes, por lo que, desde la arquitectura, se hacen espacios prosociales para modificar los comportamientos que llevan a aislarse. Con espacios diseñados para socializar, se consigue un impacto en la forma en la que los individuos perciben su relación con los demás y su propia felicidad.

Otro detalle que no podemos pasar por alto es que las herramientas con las que interactúa nuestro cerebro lo moldean, modifican y llevan a otros caminos. “Puede ser una manera de cambiarle la vida a las personas con desventajas sociales; a través del diseño, podrías ayudarles a imaginar futuros distintos”, concluye Juan Carlos Baumgarten.

Contacto

Web: spacemex.com
Instagram: @baumgarj y @space_mex
Facebook: @SpaceArquitectura

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