Mujer niña interna

Recuerda y festeja a tu niña interior, esa primera versión de quien eres hoy

A poco de que llegue el Día del Niño, te invito a analizar quién eras de pequeña y lo que construiste sobre eso para convertirte en tu yo actual, lo que querías ser y lo que te falta para alcanzar todos esos sueños.

El otro día, mi mamá me recordó una canción de su época, la cual me ponía cuando era chica, “¿Qué será, será?”, de Doris Day, y me hizo viajar al pasado. Recordé lo que pensaba cuando escuchaba esa melodía y aquello en lo que imaginaba me podría convertir cuando creciera.

  Por eso te pregunto: ¿A qué soñabas tú cuando eras niña? ¿Qué pensabas que ibas a hacer de grande?

De los juegos a la realidad
Yo jugaba a que tenía mi oficina, hacía cheques y ponía mi escritorio en orden. Construía mi coche con el sillón del cuarto de televisión, porque deseaba manejar, ser libre y viajar. Quería tomar decisiones de adulto, como poder tener perro, ya que mi mamá no me dejaba. También gastaba todos los rollos de papel de baño y diurex para diseñar zapatos. Además, tomaba retazos de tela que mi mamá tenía, y hacía ropa con ellos.

Después, la cosa se puso más “seria”, ya que cuando iba con mi mamá a las jugueterías y se me antojaba comprar básicamente todo, ella me decía: “Tendrás que conseguir tu dinero para comprar lo que quieres”. Y ahí llegó lo interesante. ¡¿Conseguir mi dinero?! ¡Si solo tenía cinco años!


Así comencé a hacer collares y venderlos a mis tías, y proponerle a mi mamá lavar los baños para que me pagara. Básicamente empecé a ver oportunidades en todos lados para intercambiar mi esfuerzo por una paga.

Cuando los K-Swiss aún no llegaban a México y todos los queríamos, conseguí traerlos y los vendí en la escuela. Siempre con tal de no quedarme con el frustrado “no” y poder obtener lo que quería con mi dinero.

En ese momento, veía todo esto como un juego, algo que me sacaba del apuro. Es ahora cuando me doy cuenta de que fue un ensayo que me convirtió en lo que soy hoy; me estaba formando como emprendedora, como detectora de oportunidades, como vendedora y como una mujer que busca independencia financiera y libertad para actuar.

Es ahora cuando me doy cuenta de que fue un ensayo que me convirtió en lo que soy hoy; me estaba formando como emprendedora, como detectora de oportunidades, como vendedora y como una mujer que busca independencia financiera y libertad para actuar.

Una visita a nuestra primera versión
Lo anterior me hace preguntarme si lo que somos es una predestinación de lo que veníamos a hacer o lo vamos construyendo. Yo creo que es una combinación de ambas. Nuestras acciones nos moldean y nuestra maquinaria nos da la materia prima para jugar con lo que traemos en nosotros y hacer lo mejor que podemos de ello. Además, el contexto, el ejemplo y la inspiración que tenemos a nuestro alrededor juega un rol esencial.

niña creciendo

Hoy Victoria147, mi academia para emprendedoras, es el resultado de lo que vi de chica y lo que me enseñó a jugar mi mamá en ese tiempo. Ella fue emprendedora –de hecho, lo sigue siendo–, y eso lo viví de chica. Desde esos recorridos que hacíamos buscando escuelas en las que pudiéramos vender los libros de inglés que ella diseñó, los días de empacar los pedidos y su motivación de seguir a pesar de la adversidad, claramente iba construyendo la mujer intensa que soy, que no se conforma con un “no”.

Me gusta ir al pasado y viajar en el tiempo para observar a esa Ana Victoria, la primera versión de varias que se han ido transformando en la del modelo 2021. A veces platico con ella, la mantengo viva en mí, como un recordatorio de las promesas que en ese entonces me hice y los sueños aún por cumplir.

En este mes, no solo pienses en festejar a tus hijas, hijos o sobrinos; juega, festeja y felicita a la niña que está ahí, dentro de ti.

Con cariño,
Ana Victoria.

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