Cuatro años después de aquel llamado a “hacer un upgrade” con el que tuve el honor de estrenar mis colaboraciones aquí en Revista Central, la conversación sobre mujeres y tecnología en Méxicos sí ha avanzado: hay más datos, más presión por transparencia y más rutas de entrada.
Pero los techos de cristal y la brecha salarial siguen “compilándose” en producción.
- Acceso digital: la brecha de uso de internet entre hombres y mujeres se ha reducido, pero persiste (2024: 84.1% hombres vs 82.3% mujeres según la ENDUTIH 2025).
- Empleo TIC: las mujeres siguen siendo minoría en ocupaciones TIC (alrededor de 15% en 2023, de acuerdo con el IMCO) y su crecimiento es mucho más lento que el de los hombres.
- Poder y sueldo: la brecha salarial nacional sigue cerca de 20% y la alta dirección se mueve… a paso corto (14% de mujeres en consejos; 3% en direcciones generales en empresas listadas, de acuerdo con un estudio de BBVA en 2025).
En marzo de 2022 escribí aquí que “necesitamos cambiar nuestro mindset”: actualizar el sistema operativo cultural y corregir el bug que fabrica desigualdad. También recordé lo obvio con nombres propios: Ada Lovelace, Hedy Lamarr, Radia Perlman… mujeres sin las cuales la era digital no existiría.
Cuatro años después, en marzo de 2026, el 8M sigue sin ser un “festejo” y sigue siendo un recordatorio incómodo: no basta con reconocer el problema; hay que medirlo, auditarlo y corregirlo. Y en tecnología –donde todo se monitorea, todo se versiona y todo se mejora– esa exigencia debería ser natural.
1) Conectadas casi igual… pero no en las mismas condiciones
En acceso digital, el país muestra un avance que vale la pena subrayar: la brecha por sexo en uso de internet es pequeña.
INEGI reporta 84.1% de hombres usuarios de internet frente a 82.3% de mujeres: apenas 1.8 puntos de diferencia.
¿Eso significa “problema resuelto”?
No.
Significa que el debate se volvió más sofisticado: ya no es solo estar conectadas, sino cómo (calidad, costo, dispositivo, habilidades) y para qué (educación, empleo, emprendimiento, seguridad digital). El acceso es el piso; la autonomía digital es todo lo que podemos construir sobre esa base.
2) El mercado laboral TIC crece… pero deja atrás a las mujeres
Aquí viene el dato duro que no deberíamos normalizar: en México, las mujeres siguen siendo una minoría en ocupaciones TIC.
El IMCO, con base en información de la ENOE (tercer trimestre de 2023), estima 792,578 hombres ocupados en TIC frente a 140,712 mujeres.
Con alrededor de 15% de participación femenina, el “bug” más serio es la tendencia: entre 2012 y 2023, el IMCO señala un crecimiento promedio anual de 0.5% para mujeres en Tecnologías para la Información y las Comunicaciones (TICs) y 3.1% para hombres, lo cual se traduce en que el sector puede estar expandiéndose, pero hay cierto “diseño” que no ha permitido ingresar con la misma velocidad –y mantener–, el talento femenino a las empresas y los negocios.
El ecosistema TIC puede ofrecer mejores condiciones relativas para mujeres: más formalidad y mejores prestaciones en comparación con otros sectores. Según el análisis difundido a partir del estudio del IMCO: “TIC puede ser una palanca, pero no sustituye políticas de transparencia salarial, métricas comparables y consecuencias reales cuando se detecta desigualdad”.
3) La promesa salarial existe… la igualdad salarial no
Una de las razones por las que insistimos tanto en STEAM/TIC es porque suele ser una vía a mejores ingresos y empleos más formales. Pero el país posee una realidad que contamina cualquier industria: la brecha salarial nacional sigue siendo grande.
Aunque reconoce que existe una mejora respecto de 2019, BBVA Research reportó que al segundo trimestre de 2025 el ingreso promedio de las mujeres fue 19.9% menor que el de los hombres.
4) Techos de cristal: se ven más… pero siguen arriba
Si 2022 era “cambiemos el mindset”, 2026 exige otra frase: “cambiemos los incentivos y la rendición de cuentas”.
En empresas listadas en México, el avance es real pero lento: en 2025, las mujeres ocupan 14% de los asientos en consejos de administración; 3% de las direcciones generales; y todavía hay consejos completamente masculinos, según el estudio del IMCO.
Esto importa para tecnología incluso cuando el puesto no diga “CTO”: los grandes presupuestos de transformación digital, ciberseguridad, datos e IA se deciden en cúpulas. Si ahí no hay mujeres, la agenda digital también se sesga: en qué se invierte, qué se prioriza, qué riesgos se ven, qué talento se promueve.
5) Educación STEAM: el reto ya no es “convencer”, es “sostener”
A nivel global, UNESCO recuerda que las mujeres representan 35% de egresadas en STEM, una proporción estancada por años. En México, el debate ha crecido: hay más redes, más mentorías, más programas y más conversación pública sobre vocaciones tecnológicas femeninas.
Pero el problema más difícil no es elegir la carrera (el “primer clic”), sino la permanencia, la transición al primer empleo, y el ascenso sin penalización por razones de género o existencia de estereotipos.
Dicho en lenguaje de producto: no es solo adquisición. Es retención y crecimiento en función de las etapas de vida de las mujeres. En plural.
Entonces… ¿qué cambió entre 2022 y 2026?
- Ya no se discute sin datos. Cada vez tenemos más datos que miden el avance de las mujeres en todos los aspectos de la vida.
- El tema “mujeres en tech” dejó de ser un panel de evento y empieza a ser variable económica. Los datos coinciden en que existen significativos impactos positivos con la entrada de más mujeres al sector TICs.
- Existe mayor conciencia de que el acceso digital no equivale a poder digital.
Lo que no ha cambiado lo suficiente es la velocidad.
Y en tecnología, ya sabemos qué pasa cuando una brecha se queda “pendiente”: se vuelve deuda técnica.
Luego cuesta más. Mucho más.
Si de verdad creemos en innovación, entonces midamos lo que importa:
- Porcentaje de mujeres en roles TIC (no solo “en la empresa”)
- Brecha salarial por puesto y seniority (no solo promedios)
- Promociones, rotación y permanencia
- Presencia en consejos y direcciones donde se decide el futuro digital
En 2022 escribí que había que “resetear este planeta”. Mantengo la metáfora, pero hoy le agrego algo: no hay reset sin evidencia, corrección y compromiso verificable.
“Unos o Ceros”: es o no es.
La igualdad, igual que cuando hablamos de un avance tecnológico, no se declara, se implementa.
