Sexo y religión, en apariencia separados, pero en realidad unidos en la trascendencia del ser humano

La sexualidad, vista desde los diferentes lentes que aportan diversas creencias religiosas alrededor del mundo, nos permite entender la influencia y el enfrentamiento que siempre ha existido entre sexo y religión.

Sexo y religión son dos palabras que parecen no debieran figurar en un mismo artículo, ya que existen muchos estigmas sobre la contradicción entre estos dos conceptos. El sexo es placer, la religión es sacrificio; el sexo es carnal, la religión es espiritual; el sexo es momentáneo, la religión es permanente; el sexo es impuro, la religión es pureza; el sexo es dominación, la religión es entrega, etcétera, etcétera.

  La religión y el sexo, sin embargo, comparten algunos de los aspectos fundamentales de la vida: la trascendencia que la religión pregona va con la continuidad del ser humano por la procreación, el amor hacia la humanidad encuentra una concreción en el acto sexual como forma sublime de relación. Dirán que en el sexo puede haber dominación de una persona hacia la otra, lo cual también ocurre en la religión.

En este artículo se explora en forma introductoria cómo se concibe la sexualidad en las religiones más conocidas en el mundo; ojalá sirva para motivar un interés mayor en este tema y, de entrada, me disculpo por algunas generalidades que hago en aras de una exposición panorámica e introductoria.

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Cristianismo católico, sexualidad para procrear
En México tenemos como principal referente religioso al catolicismo romano, el cual tiene ciertamente bastantes problemas con la sexualidad. La doctrina de esta Iglesia, para empezar, considera que solo el sexo masculino, o más correctamente, el género masculino, puede acceder al sacerdocio, discriminando a las mujeres; además, enfatiza que esos hombres deben ser célibes, es decir, no deben ejercer su sexualidad. Si los jerarcas deben ser “asexuados”, ¿qué importa que sean hombres o mujeres, si esta diferencia no será parte de su acción pastoral?

El catolicismo resalta que el fundador del cristianismo, Jesús de Nazareth, fue un hombre célibe, que no ejerció la sexualidad. Además, no fue concebido a través un acto sexual como todos los seres humanos, sino mediante un milagro del Espíritu Santo que embarazó a María, la cual se dice fue virgen “antes del parto, durante el parto y después del parto”.[1] ¿Por qué esa obsesión por la virginidad cuando María es de por sí una mujer admirable por su valentía para hacerse cargo de tamaña responsabilidad, ser madre del Dios encarnado?

El sexo es placer, la religión es sacrificio; el sexo es carnal, la religión es espiritual; el sexo es momentáneo, la religión es permanente; el sexo es impuro, la religión es pureza; el sexo es dominación, la religión es entrega.

Las dos figuras más importantes del cristianismo, Jesús y María, no tuvieron actividad sexual, de ahí se siguió que las personas que se consagraran a Dios, a la religión, debían compartir esta condición, tantos los hombres de órdenes religiosas y que quisieran acceder al sacerdocio, como las mujeres, las monjas, aunque no pudieran ser sacerdotisas. Pese a varios reclamos para modificar el celibato, la Iglesia Católica Romana contemporánea defiende esta condición. Si interesa el tema, se puede consultar la Encíclica “Sacerdotalis Caelibatus” de Paulo VI.[2]

La sexualidad no solo se restringe a la jerarquía y la llamada vida consagrada a Dios, sino que se extiende hacia la feligresía, a los miembros de la Iglesia Católica Romana, los cuales evidentemente sí ejercen su sexualidad porque si no, no podría continuar la especie humana. Es por ello que la sexualidad se acepta si va unida a la procreación; es decir, se puede tener un acto sexual, pero debe haber apertura a concebir un nuevo ser humano, por lo que no deben usarse preservativos ni ningún método anticonceptivo.

El sexo es, entonces, un acto de procreación, no de placer ni erotismo, como lo señalaba la antigua frase que decían algunas parejas antes de tener relaciones sexuales: “No es por vicio ni fornicio, sino para un hijo a tu servicio”, decía el esposo en la película Como agua para chocolate, aludiendo a la visión conservadora católica. Y es que parece que sobre todo las mujeres no deberían disfrutar del acto sexual, eso únicamente era para las ahora llamadas trabajadoras sexuales.

Si bien estamos aludiendo a posturas extremas, sigue habiendo una relación de la sexualidad con la procreación en el deber ser católico, por lo que se rechazan las relaciones prematrimoniales y las habidas fuera del matrimonio. El sexo debe darse en una pareja casada y sin anticonceptivos, para que pueda darse la vida de un nuevo ser; si no ocurre, bueno, pues Dios no lo quiso, pero la pareja estuvo dispuesta. Por eso se dice que al casarse, la pareja está dispuesta a recibir los hijos e hijas que Dios les dé.
Sacerdote: ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?
Esposos: Sí, estamos dispuestos.

La realidad muestra, sin embargo, que las personas católicas ejercen su sexualidad de forma más libre que lo estipulado por la doctrina. En un tema extremo como el aborto, que significa la muerte de una vida que Dios hizo, hay aceptación entre amplios sectores católicos. Por ejemplo, en Argentina, una encuesta revela que nada más el 15% se opone al aborto en todos los casos, mientras que 68% lo acepta en varios casos y 17% en cualquier caso; la postura oficial católica es rechazarlo al 100% en todos los casos.[3]

Otro estudio en Alemania que hizo la Conferencia del Episcopado Alemán, señala: “Los resultados de la encuesta son inequívocos. Las posturas de la Iglesia con respecto a las relaciones sexuales prematrimoniales, la homosexualidad, el matrimonio para los divorciados y el control de la natalidad gozan de ‘mínima aceptación’ entre los creyentes o son ‘rechazadas de forma explícita’, resumió la Conferencia Alemana de Obispos en su informe público sobre la educación sexual de la Iglesia”.[4]

De este modo podemos ver que cada vez hay más divergencia entre los postulados de la doctrina defendidos por la jerarquía y la práctica real de la feligresía.

Otros cristianismos, posturas cerradas ante la vida sexual
En principio, las demás Iglesias cristianas también parten de la misma idea de que la vida humana es obra de Dios mediante el acto sexual y que Jesús fue célibe. En cuanto a la Virgen María, las Iglesias Ortodoxas coinciden en valorar su asexualidad y le rinden culto como la Católica. En cambio, en las Iglesias surgidas de la reforma de Lutero, conocidas como Protestantes o Evangélicas, María no es objeto de culto ni se defiende su virginidad, aludiendo que los llamados “hermanos” de Jesús sí pudieron ser hijos de María y José.

En las Iglesias Ortodoxas –que son las ubicadas en Europa Oriental y el Cercano y Medio Oriente, destacando por su número la Rusa–, también la jerarquía solo puede ser masculina, pero se admite que los sacerdotes pueden optar por casarse, aunque esto les impediría convertirse en obispos. En términos generales, comparten la postura cerrada del catolicismo romano con respecto a la vida sexual.

Más allá de las condicionantes religiosas, en términos generales, la sexualidad se vive en forma muy abierta en Europa y América, donde prevalece el cristianismo.

En cambio, en las Iglesias Protestantes, como la Luterana, Anglicana y Unitarias, se admite que los ministros de culto puedan casarse, y por lo tanto, tener una vida sexual. Además, varias de estas aceptan que las mujeres puedan ser ordenadas como pastoras e, incluso, ser obispas. En términos generales, estas Iglesias surgidas en Europa tienen posturas más liberales que la Católica y las Ortodoxas en muchos aspectos de la vida.

En todas hay posturas cerradas y abiertas, pero los liberales tienen aceptación de la masturbación, por ejemplo, y no se condenan las relaciones extramaritales, pero se oponen a la pornografía y, desde luego, al abuso sexual. Un caso ejemplar es el de la Iglesia Luterana Sueca, en que Eva Brunne, una mujer lesbiana y casada, es obispa de Estocolmo.

Otras Iglesias surgidas en Estados Unidos en el siglo XIX son conservadoras y vuelven a establecer el sacerdocio únicamente para hombres, discriminando a las mujeres, aunque se acepta que se casen. Básicamente, son moralistas y rechazan la sexualidad fuera del matrimonio, y desde luego el aborto y la homosexualidad. Tal es el caso de los mormones, adventistas y sobre todo, los Testigos de Jehová, quienes vuelven a ligar la sexualidad con la procreación. También hay casos de ultraconservadurismo, como los menonitas y amish.

Más allá de las condicionantes religiosas, en términos generales, la sexualidad se vive en forma muy abierta en Europa y América, donde prevalece el cristianismo. Las mujeres son más libres en cuanto a la manifestación de su sexualidad y su vestimenta, y tienen más participación en la sociedad. No por ello hay igualdad, pero los movimientos feministas ocurren en Occidente y se enfrentan a las Iglesias como estructuras patriarcales que quieren extender sus principios morales en la sociedad.

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Judaísmo, formar parte de la creación
El judaísmo estableció muchos principios que el cristianismo sigue, así que hay bastante similitud. La actividad sexual es vista como la oportunidad de participar con Dios en la creación. En este sentido, hay una fuerte asociación entre el sexo y la reproducción. Sin embargo, el judaísmo es diverso y tiene posturas desde ultraortodoxas hasta liberales, que se traducen desde un rechazo a que un rabino toque a una mujer que no sea su esposa hasta aceptar la homosexualidad.

La sexualidad en el judaísmo, en términos generales, está relacionada con el matrimonio y la procreación. No se aceptan las relaciones prematrimoniales ni las extramaritales, aunque el grado de rechazo y condena varían según el grupo. Los hombres y las mujeres tienden a estar separados en las sinagogas, las reuniones y las conversaciones; incluso, son famosos los bailes de bodas de puros hombres. En el Muro de los Lamentos, su lugar más sagrado, las secciones masculina y femenina están divididas, pero existe una parte poco visitada donde pueden acudir en forma mixta.

Los judíos reformados son más tolerantes y abiertos hacia la sexualidad. Se ha avanzado en algunos grupos a aceptar que haya rabinas y también a las relaciones homosexuales. Es importante señalar que el judaísmo, además de una religión, es un concepto étnico, y que varias personas siguen tradiciones culturales, pero no se consideran religiosas; en estos grupos, hay apertura a una sexualidad más libre, la homosexualidad y el aborto.

El judaísmo ha estado integrado a Occidente desde la Edad Media, y aunque siempre ha sido un grupo especial, se tienen condiciones semejantes en los roles sociales. Las mujeres suelen ser libres en su vestimenta y sexualidad, salvo en los grupos ultraortodoxos.

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Islam, sexo y placer, dentro del matrimonio
El Islam es una religión entroncada con el judaísmo y el cristianismo, y también tiene muchos elementos en común, reconociendo a Abraham (Ibrahim), Moisés y Jesús como profetas. Los dirigentes solo son hombres, pero sí se pueden casar. Un hombre puede casarse con una no musulmana (judía o cristiana); en cambio, una mujer no puede hacerlo.

La sexualidad es en general vista de la misma manera; es decir, su función es la procreación y debe darse en el marco del matrimonio, por lo que se condenan las relaciones extramaritales. Sin embargo, sí se enfatiza que el placer sexual es bueno y que el hombre debe satisfacer a su mujer, lo cual es bastante significativo. Una precisión es que la menstruación es causa de que no pueda haber relaciones sexuales. Musulmanes ortodoxos no tocan a ninguna mujer porque no pueden saber si está menstruando.

Se puede decir que a diferencia del cristianismo, en el Islam no se valora el celibato y sí se promueve la sexualidad, incluso el placer, pero dentro del marco del matrimonio. En cuanto a la homosexualidad, es tajantemente rechazada y condenada, inclusive con pena de muerte. Sobre el aborto, se permite antes de los 40 días, porque todavía no ha recibido su alma, según algunas interpretaciones, pero como en las demás religiones, hay oposición.

En el Islam, se enfatiza que el placer sexual es bueno y que el hombre debe satisfacer a su mujer, lo cual es bastante significativo.

Un tema conocido es el de la poligamia, la cual en realidad no es común y está casi en desuso, pero sí es permitida. El hombre es el que puede tener más de una esposa, pero debe contar con la aprobación de la primera.

Pese a tener una mejor visión de la sexualidad por la búsqueda del placer en las relaciones maritales, en términos generales, las mujeres no tienen las mismas libertades en el mundo islámico que en el occidental. La belleza es para el marido, y por ello no deben mostrar su cuerpo en público; de ahí el uso de trajes largos y velos que cubren la cabeza. No todo el mundo islámico es igual, aunque esta es la postura más común. Desde luego, están los extremos de la burka que impusieron regímenes como el talibán, y las libertades que tienen en países como Turquía. Desde Occidente no se comprende bien la vestimenta de las mujeres, ya que muchas de ellas lo hacen por convicción y no por imposición, y no significa que se sientan sometidas. En dado caso, lo que debe prevalecer no es la imposición religiosa, sino la libertad de la mujer para vestirse de tal o cual manera, con velo o sin velo.

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Hinduismo, visión positiva y valoración
El hinduismo es un mundo religioso muy amplio y complejo, en el que existe una enorme variedad de corrientes y escuelas. En términos generales, la visión hindú de la sexualidad es positiva y la valora, aunque en el ámbito heterosexual. El celibato es visto como una opción, pero no una imposición, para quienes quieran avanzar en el desapego del mundo y la autocontención.

Viene a la mente occidental el libro del Kamasutra, en que se habla abiertamente de la sexualidad, el placer y los juegos eróticos, lo cual sorprende, pues no se asocia que desde la religión se divulguen dibujos y posturas sexuales. Su nombre completo es “Los aforismos sobre la sexualidad, de Vatsiaiana” y establece que el sexo es algo divino y debe ser placentero. Tienen frases muy interesantes como “perderse en el sexo es un placer; encontrarse en él, una bendición”.[5]

Esta posición en favor de la sexualidad en el hinduismo contrasta con las costumbres sociales y la moral. Las relaciones de pareja siguen sin ser espontáneas y se mantienen los matrimonios arreglados, además de rechazar las relaciones pre y extra maritales; tampoco se acepta la homosexualidad.

Las creencias hindúes sobre la reencarnación y el karma influyen en el comportamiento sexual, pues si bien hay libertad, el individuo sabe que las prácticas que haga influirán en su karma y en la siguiente vida, pues se busca un mejoramiento en la condición actual. También está la visión de las edades de la vida y por ello, en la juventud hay un estado de aprendizaje y de contención sexual, para después en el estado de padre de familia, poder ya disfrutar de la sexualidad.

La India también tiene un rostro secular y aunque la asociación con el hinduismo es muy grande –al grado que se cree que es el gentilicio del país–, hay un sector de la sociedad que vive en desapego religioso y tiene una sexualidad liberal. Sin embargo, en términos generales, las mujeres no gozan de las mismas libertades y oportunidades sociales que en Occidente.

Una religión derivada del hinduismo es el jainismo, surgido en el siglo VI a. de C., la cual es muy extrema en el desapego del mundo. Valoran la castidad y el celibato que es practicado por muchos miembros, pero se entiende la necesidad de reproducción, por lo que no se prohíben las relaciones sexuales, vistas solo en esta dimensión, no en la del placer.

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Budismo, siempre que sea sin sufrimiento

El budismo es otra religión derivada del hinduismo; se ha extendido por Asia Oriental y es más conocida en el resto del mundo, incluyendo América y Europa. En principio, también se puede suponer que dado el carácter espiritual y de desapego del mundo, en el budismo no se valora la sexualidad, que si bien es fuente de gran placer, puede conllevar sufrimiento, lo cual se busca superar en la práctica de esta religión.

El tema de la sexualidad es muy diferente en el budismo según se trate de monjes y monjas o de seglares. Quienes optan por el monacato se sujetan al Vinaya, las reglas de la shanga, en la que se prohíbe la actividad sexual. En relación con las personas budistas fuera de los monasterios, no hay mayores reglas; se basa en principios clave, como no dañar a las demás y no causar sufrimiento, lo cual ocurre con la violación, el adulterio y cualquier práctica, aún entre una pareja, no consensuada. En este sentido, el budismo no se opone a las relaciones homosexuales per se, salvo que causen sufrimiento.

En el budismo, el desapego del mundo va llevando a una persona a dejar los placeres, incluyendo el sexual. Se puede llegar al desapego del deseo sexual como a otros desapegos; es decir, no es algo en contra de las prácticas sexuales en particular, sino de la sujeción de una persona al mundo.

En general, en los países donde el budismo es dominante, las mujeres suelen tener más libertades que en los musulmanes o la India, aunque no hay igualdad con los hombres. El budismo no impone restricciones en la vestimenta.

Las creencias hindúes sobre la reencarnación y el karma influyen en el comportamiento sexual, pues si bien hay libertad, el individuo sabe que las prácticas que haga influirán en su karma y en la siguiente vida.

Juntos en la trascendencia del ser humano
Estas son las principales religiones del mundo y sobre cada una se podría abundar más; también hay muchas otras que sería imposible abarcar en este artículo.

Los sikhs y los bahais, por ejemplo, coinciden en que la sexualidad se dé únicamente en el matrimonio heterosexual. Hay prácticas inadmisibles en grupos africanos que llevan a la abominable mutilación genital femenina para que las mujeres no tengan placer, la cual algunas personas han asociado erróneamente al Islam, que como vimos, busca el placer de las mujeres. Por otra parte, nuevos movimientos religiosos, como el neopaganismo (wicca y otras), revaloran el papel de la mujer como sacerdotisa, y no son moralistas.

La sexualidad seguirá existiendo siempre, y cada vez las sociedades avanzan en su aceptación diversa. Ahí se encuentran las luchas por la igualdad de las mujeres, los derechos de las personas homosexuales y, en general, por las libertades personales. Las religiones deben también evolucionar y no entorpecer la vida sexual de las personas; pueden contribuir con los valores como el amor y el respeto, para solo condenar las relaciones sexuales no consensuadas y de abusos, así como hacia menores de edad. La religión y el sexo se hermanan en la trascendencia del ser humano; ojalá sus caminares se unan y no se sigan enfrentando.

Bibliografía recomendada
- Religion and Sexuality in Cross-Cultural Perspective. Edited By Stephen Ellingson, M. Christian Green. 2002.

- Dimitri Karadimas, Karine Tinat. Sexo y fe. Lecturas antropológicas de creencias sexuales y prácticas religiosas. El Colegio de México. 2014. Ciudad de México.

Si se quiere consultar el razonamiento:

[1] La Siempre Virgen: Antes, en y después del parto.
[2] Sacerdotalis Caelibatus de Su Santidad Pablo VI sobre el celibato sacerdotal
[3] Primera Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina
[4] Católicos alemanes rechazan la moral sexual de la Iglesia
[5] Kamasutra


* Ignacio Cuevas es catedrático de la Universidad del Claustro de Sor Juana y de la Universidad Iberoamericana, así como conferencista sobre temas relacionados con Estado laico, libertad, diversidad y discriminación religiosa.

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