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¿Trump o Biden?

No hay una respuesta sencilla en cuanto a quién le conviene más a México, por lo que es interesante analizar el asunto desde tres perspectivas fundamentales: migración, seguridad y economía.

A menos de quince días de la elección presidencial en Estados Unidos, la Corte Suprema de aquel país aceptó revisar la política “Quédate en México”, adoptada por la administración de Donald Trump y el supuesto desvío de recursos para construir el famoso muro fronterizo. Pero dado que el calendario del máximo tribunal está lleno para el resto del año, dicha revisión no sucederá hasta 2021. ¿Esto por qué importa? Porque se trata de la principal bandera antiinmigrante de Trump y, como muchas de sus políticas, todo se decidirá en las cortes.

Como era de esperarse, el candidato presidencial demócrata, Joe Biden, advirtió que de ganar las elecciones del 3 de noviembre, pondrá fin a dicha política. Pero desafortunadamente el daño ya está hecho. No solo se trata del muro, ni de la retórica contra los migrantes. Los atropellos de la actual Administración en materia migratoria son muchos y en algunos casos irreparables.

En lo que concierne a la política de “tolerancia cero” implementada desde 2017, hoy hay más de 545 niños que fueron separados de sus padres en la frontera y cuyos familiares no han sido localizados. Aproximadamente, dos tercios de los padres fueron deportados sin saber nada de sus pequeños. De hecho, al menos 3,800 familias fueron sujetas a tratos inhumanos y completamente violatorios de los derechos humanos. Pero a ellos nadie podrá hacerles justicia.

Todo esto nos lleva a cuestionarnos lo mucho o poco que importa la elección presidencial para nuestro país. Claro que la contienda ha sido todo menos aburrida y, en general, resulta fascinante seguir el proceso electoral de una de las democracias más antiguas del mundo moderno. Pero en esta ocasión hay demasiadas cosas en juego. No solo por el impacto global que generará, sino porque Estados Unidos es nuestro principal socio comercial y la cercanía geográfica nos coloca en un punto central de sus políticas, para bien o para mal.

No hay una respuesta sencilla a la pregunta: ¿quién le conviene más a México: Trump o Biden? Pero quizás si nos enfocamos en tres grandes temas, que sin duda enmarcan esta compleja relación, encontraremos la respuesta.

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Construcción de un nuevo tramo del muro que divide El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, Chihuahua.

“Quédate en México”

Empecemos por lo antes mencionado: migración. Han pasado más de cuatro años desde que el republicano descendió en una escalera eléctrica para anunciar su candidatura a la presidencia de EUA y desde entonces los ataques a México no han cesado.

Si bien ha moderado su discurso, la realidad es que este tema sigue siendo una de sus principales estrategias para animar a su base. A pesar de que, en los hechos, solo se han construido 533 kilómetros de su “hermoso muro” –es decir, un avance del 17 por ciento–, la obra sigue figurando en sus discursos como uno de sus grandes logros. Sin importar que todo ha sido pagado por los bolsillos de los estadounidenses.

No obstante, no todo se ha quedado en el mundo de la retórica. El polémico programa “Quédate en México”, convirtió a nuestro país en una especie de limbo para miles de migrantes que eran enviados a territorio mexicano en lo que esperaban continuar con su solicitud de asilo en Estados Unidos. Lo que comenzó como un programa piloto, llegó a registrar tasas de deportación de hasta 400 migrantes por día en su punto más crítico en agosto del año pasado. A esto debemos sumar las constantes amenazas contra los beneficiarios del programa DACA, los famosos dreamers, hijos de migrantes indocumentados, así como muchos otros agravios a los inmigrantes de distintas partes del mundo.

Pero del lado demócrata no todo es miel sobre hojuelas. Uno de los grandes retos para Biden es la política migratoria del ex presidente Barack Obama, de la cual formó parte. Después de todo, la administración Obama deportó a 1.3 millones de extranjeros en sus primeros tres años, en contraste con las 800 mil deportaciones registradas en los primeros tres años de Trump. Por lo que tampoco podemos esperar un giro radical en la materia, pero al menos la Casa Blanca dejaría de ser fuente de discursos xenófobos y denigrantes.

Drogas y armas en ambos lados de la frontera

En materia de seguridad, la relación es cada día más complicada. Tan solo en la última semana vimos cómo, por primera vez en la historia, un ex secretario de la Defensa Nacional (Salvador Cienfuegos Zepeda) fue puesto bajo arresto en territorio estadounidense por cargos de narcotráfico y lavado de dinero. Se trata de una partida que podría redefinir el complejo juego de ajedrez que desde hace décadas orquestan desde Washington en materia de seguridad, además del impacto en los niveles de confianza entre ambos vecinos en cuanto a la cooperación para combatir el tráfico de drogas y armas, que tanto daño han ocasionado en ambos lados de la frontera.

A este caso de alto perfil se suman el de Joaquín “el Chapo” Guzmán, el del ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, y el del ex gobernador de Chihuahua, César Duarte, por nombrar solo algunos. Sus casos muestran, por un lado, el nivel de vigilancia que ejercen nuestros vecinos del norte en territorio mexicano y, por el otro, hasta qué grado podría haber penetrado la corrupción en nuestras esferas del poder.

Pero una vez más, no podemos olvidar el historial detrás del demócrata con la operación “Rápido y furioso”, el fallido operativo que permitió la entrada de más de 2 mil armas a nuestro país provenientes de Estados Unidos. Con el objetivo de poderlas rastrear e identificar a los responsables del tráfico de armas, terminaron colocando más armamento en manos de narcotraficantes.

Por ello, en materia de seguridad resulta difícil identificar al mejor candidato para mejorar la relación, ya que hasta que no se plantee un nuevo paradigma que acabe con la fallida “guerra contra las drogas” impulsada por nuestro vecino del norte desde hace muchos años, muy pocas cosas van a cambiar.

Cuando a Estados Unidos le va bien, a México también

En materia económica, la administración Trump ha sido todo menos sencilla. Desde el minuto uno de su presidencia, su política nativista y proteccionista ha puesto a los mercados patas arriba una y otra vez. Las guerras comerciales desatadas por sus aranceles y su retirada de diversos acuerdos multilaterales le restaron credibilidad y confianza a la economía más grande del mundo, con todo lo que eso implica.

A esto se suma un largo y tortuoso capítulo en la relación bilateral en la que, tanto México como Canadá, se vieron obligados a renegociar un acuerdo comercial de más de 25 años, el TLCAN. Hoy, el TMEC ha logrado darle vuelta a esta página, pero la relación trilateral aún se percibe tensa. Basta con recordar el desaire del Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, a la famosa reunión entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y su homólogo estadounidense con motivo de la entrada en vigor del renovado tratado.

Además, debemos agregar una crisis económica sin precedentes desatada por la pandemia que ha desestabilizado al mundo entero. Incluso con los niveles de crecimiento sostenido y las bajas tasas de desempleo registrados bajo la presidencia de Trump, previo a la Covid-19, los analistas financieros coinciden en que lo mejor para la economía estadounidense sería Biden porque ofrece certeza y reduce la incertidumbre. Y en muchos aspectos, cuando a Estados Unidos le va bien, a México también.

Quizás Biden no sea el candidato que muchos esperaban, ni el más carismático o enérgico. Pero con él a la cabeza muchas de las abiertas hostilidades de alguien como Trump en la Casa Blanca cesarían. Y en momentos como los que atraviesa el mundo, un poco de sensatez y pragmatismo no nos vendría mal.