De azotes a ofrendas para los trabajadores del tiempo, rituales para provocar la lluvia
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El agua es un recurso vital para el mundo, cuando llueve, los ríos y mares se conservan, lo que su vez beneficia que nuestra dieta sea rica y variada en alimentos, beneficia en la regulación de la temperatura del ambiente, reduce los niveles de contaminación y más.

Desde tiempos prehispánicos, la lluvia se consideró tan importante para la vida humana, que existieron rituales para provocarla a fin de evitar los largos periodos de sequía que acechaban el éxito de las cosechas.

Algunos de estos rituales pasaron a ser parte de la tradición de distintas comunidades, como una huella histórica que ha trascendido por años, independientemente de si se busque hacer que caiga la lluvia o no.

De bailes y azotes

En las comunidades de Apango, Zitlala y Acatlán en Guerrero, prevalencen al día de hoy una serie de rituales que se cree provienen de la época prehispánica, que son parte de las raíces de los pobladores.

Atraen la lluvia para tener buenas cosechas durante los meses de marzo y abril, los lugareños peregrinan hacia lugares que consideran sagrados para llevar una ofrenda de comida con maíz, flores y pan.

Imploran a los dioses que llueva con una serie de plegarias y bailes como la Lucha de Tigres, la Danza de los Machos y el Baile de la Varalos.

De acuerdo con la Secretaria de Turismo de Guerrero, los hombres de la comunidad portan máscaras y llevan una vestimenta compuesta por costales de maíz. Se dice que llevan latigos, pues mientras más azotes haya, más y mejor será la lluvia que alimente sus cosechas.

Ofrendas para los ahuizotes o “trabajadores del tiempo”

Según datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las comunidades del centro del país aún llevan ofrendas a las cuevas cercanas a los campos de siembra, pues conservan la idea de que los espíritus del agua habitan ahí.

En otros lugares estos espíritus del agua se conocen como ahuizotes o “trabajadores del tiempo”, a quienes hay que ofrendar para que intercedan por la caída de lluvia en beneficio de las cosechas.

Desde incienso, flores, plantas y oraciones, la ofrenda ha cambiado con el paso del tiempo y son diferentes a las que se daban hace más de 400 años, sin embargo, guardan la misma esencia: “procurar nuevas cosechas para evitar hambrunas y carencias en el campo”.

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Veneración a San Miguel Arcángel

En algunas comunidades de nuestro país, se cree que San Miguel Arcángel heredó los pderes de Tláloc, el Dios de la Lluvia, con el fin de acabar con los “malos aires” y abrir el temporal.

De acuerdo con el INAH, éste es un ejemplo de que a través de los años, cambió la adoración de una deidad prehispánica, por un santo católico. La fusión de tradiciones se dio gracias a que algunas celebraciones del calendario religioso, se empalmaban con las fiestas prehispánicas dedicadas a los dioses.

Así, en el caso de la adoración a Tláloc, que se realiza entre junio y septiembre, concide con las festividades en honor a San Juan o San Miguel Arcángel.

En Yecapixtla, Morelos, el ritual que se realiza es conocido como “la acabada”, donde los habitantes celebran una misa religiosa en honor a San Lucas y al terminar realizan un ritual para ofrendar al “Dios de la lluvia”, en sitios donde hay o había ojos de agua para agradecer la cosecha.

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¿Qué otros rituales para provocar la lluvia conoces que se celebren en México?

Con información del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

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