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Tras diez días en el hospital con covid-19, una joven nos cuenta su experiencia

Después de padecer una de las sintomatías más extremas que genera el coronavirus, Ericka ya está en su casa mejorando acompañada de su familia.

“No quería compartir esta experiencia con nadie, pero al ver tanta ignorancia sobre el tema me interesó ser una voz para generar conciencia”, así comienza nuestra plática con Ericka. Ella trabaja como gerente comercial, y es una de las víctimas de la crisis sanitaria que estamos viviendo. Afortunadamente, cada día está mejor de salud. En su recuperación platicó con Revista Central, para compartir su experiencia como sobreviviente de covid-19.

  ¿Dónde crees que contrajiste el virus?

Es muy complicado determinar en dónde, porque en mi trabajo tengo que visitar distintos puntos de venta; mucha gente entra a la oficina, hay entrevistas de trabajo, juntas con proveedores, actividades con público, etc. La realidad es que nunca sabré dónde me contagié exactamente o quién me contagió.

¿Cuáles fueron los primeros síntomas que tuviste?

La sintomatología conmigo fue muy diferente a la que manejan. Comencé con diarrea y durante dos días tuve febrícula, pero sólo por las noches, porque en las mañanas se me quitaba, lo que me permitía seguir trabajando. Luego me empezó a subir la temperatura y posteriormente llegó un intenso dolor de cabeza, era muy fuerte e iba aumentando.

¿Cómo te diagnosticaron?

Mi padre es médico, entonces seguimos las indicaciones de quedarnos en casa; además fue muy complicado dar con la enfermedad porque mi síntoma era diarrea. Así me mantuve hasta que empecé a tener un poco de dificultad para respirar. Tomé algo de paracetamol, antibiótico y, cuando llegué con mi doctor, me mandó a hacer una placa de tórax y una química sanguínea. Para ese momento yo ya había perdido el sentido del gusto y del olfato, la temperatura no se me bajaba y en la placa no salía nada. Mandaron a hacer una tomografía y ahí fue cuando notaron una especie como de vidrio despulido (que es el colapso de los pulmones).

Ya con toda esta información, y sin haber hecho la prueba de covid-19, fue que ingresé al hospital; estuve en el Ángeles del Pedregal durante 10 días. Llegué por urgencias y tuvieron que reanimarme, porque “me perdieron” por un momento; cuando ya estuve más estable me pusieron oxígeno, que al principio fueron cuatro litros por minuto. Por fortuna, no requerí que me intubaran.

¿Cómo fue tu experiencia en el hospital?

Los primeros días fueron los más complicados porque el virus empezó a atacar primero a mi riñón, después empecé con una infección de vías urinarias y me suministraron medicamento para esto. Posteriormente empezó a atacar al hígado y había que dar otro medicamento, luego empezó a atacar mi aparato reproductor, lo que significaba otra medicación. El doctor me explicó que el cuerpo tarda en reaccionar y hacer células que puedan aniquilar al virus y, mientras eso sucede, va atacando distintas áreas. Por fortuna, mi médico ya había tenido pacientes de la primera oleada que se contagió en el país. Me comentaba que antes de que se hicieran públicos los casos en México, él ya tenía pacientes internados.

¿Cómo fue tu tratamiento?

Al principio me dieron un medicamento para la malaria, luego antibióticos conforme iba avanzando el virus y cada cuatro horas paracetamol para el dolor; también inhalaba broncodilatadores para ayudar al pulmón a desinflamarse.

¿El tratamiento que tuviste en el hospital es el mismo que seguiste después en tu casa?

Cuando mi doctor, el infectólogo, el internista y el epidemiólogo decidieron que saliera del hospital no fue porque ya estuviera libre de coronavirus, sino porque seguían ingresando pacientes muy graves y temían una infección intrahospitalaria, lo que echaría para atrás mi mejoría.

Por suerte, cada día fui dependiendo menos del oxígeno. Por lo pronto, sigo con los broncodilatadores y todos los medicamentos tal cual como en el hospital, solamente me quitaron las dos medicinas que eran para la malaria. Durante un tiempo también seguí tomando un anticoagulante para evitar derrames cerebrales.

¿Ya estás con un pie afuera de esta pesadilla?

Sí, afortunadamente. Prácticamente ya solo tengo un broncodilatador en el día, porque ya casi puedo hacer todo, solo hay ocasiones en las que me agito, como cuando subo las escaleras y es peor si voy cargando algo. El doctor me explicó que después de que me dé el alta, hay que hacer unos estudios para ver cuál fue el daño en los pulmones y cuáles pueden ser las secuelas; ¡esperemos sean las mínimas!

¿Qué le dices a quienes están leyendo esta entrevista?

Que no se trata nada más de cuidarnos a nosotros mismos, sino de cuidar también a los demás. Esa es la única manera en la que podremos salir adelante de esto, pero va a ser insuficiente si solo pocas personas en una sociedad toman las precauciones necesarias.

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