No es un hotel boutique. Es una casa privada donde la colección de arte y la hospitalidad humana son las razones por las que existe la casa, no un adorno para el huésped.
En la Roma Norte, la arquitectura suele ser el telón de fondo de la vida urbana, pero en Colima 71, la arquitectura es lo que habitas. Joaquín Lanz y su esposa, Ana Margarita Ongay, no querían construir un lugar para que la gente se registrara y se fuera; querían un espacio que perteneciera a la ciudad. Para lograrlo, no bastaba con contratar a los mejores arquitectos, tenían que salir a recorrer México.
La curaduría que cambia vidas
Ana Margarita y Joaquín recorrieron diversos estados de la República, tejiendo una red humana que es el corazón real del proyecto. No buscaban proveedores; buscaban historias. Al involucrar a comunidades locales, han logrado cambiar vidas. Desde la producción de miel que hoy se transforma en amenidades orgánicas para los huéspedes, hasta la selección de quesos que definen la identidad de su mesa, la curaduría aquí es de gran impacto social.
Este compromiso con la mano humana se siente en cada rincón. El trabajo de las manos es el hilo conductor de la casa:
- Mezcal de Oaxaca y café de Chiapas, Veracruz y Oaxaca.
- Cerámica de Atzompa y Talavera de Puebla.
- Telar de cintura de Chiapas y Sarapes de Saltillo.
- Cobre martillado de Michoacán y Laca de Guerrero.
El lujo de lo táctil
Dentro de los estudios, la filosofía es clara: nada es meramente decorativo. Cada objeto tiene un propósito y es parte de por qué la habitación vale el viaje. La experiencia táctil es inigualable: percal portugués en las sábanas, algodón egipcio en las toallas y cobijas de lana tejidas a mano en Teotitlán del Valle.
Y para que esa experiencia sea completa, la hospitalidad tiene nombres propios. Martín es mucho más que alguien que sube el desayuno a la habitación; él es el guardián de la calma matutina. Cuando Martín se acerca, no está entregando un servicio, está entregando una invitación a habitar la casa. Él conoce los tiempos de cada huésped, recordándonos que el lujo emocional es que alguien sepa qué necesitas antes de que tú lo pidas.
El patio es, sin duda, la habitación más usada de la casa. Sobre él, el Filtro Roma —la instalación de acero de Sofía Táboas— danza con la luz a medida que avanza el día. Abajo, un brasero tallado en piedra invita a las noches frescas, rodeado de plantas de todo el país y sillas que no hay que reservar; simplemente están ahí, listas.
A pocos pasos, la confianza es la norma. El honesty bar: Mezcal de Oaxaca, tequila de Jalisco, una pequeña selección de vinos naturales y un cuaderno para anotar lo que te serviste.
La colección: Un diálogo entre eras
El arte en Colima 71 es el lobby, es el pasillo, es el diálogo. Los artistas elegidos no son casualidad; son parte de la narrativa de la casa:
- Iñaki Bonillas: Naufragio con Espectador, donde fotografías y negativos narran el hundimiento de la colonia.
- Sofía Táboas: Filtro Roma, la estructura que filtra el tiempo y la luz.
- Darío Escobar: Su Quetzalcoatl de neumáticos y acero, una serpiente contemporánea que flota en el aire.
- Chavis Mármol: Su Cabeza Olmeca en el jardín lateral junto a un Tesla Model 3. Es la metáfora perfecta del hotel: el choque estético entre la monumentalidad ancestral y nuestra tecnología actual. Dos civilizaciones de peso compartiendo el mismo suelo.
¿Quieres conocer la verdadera Roma Norte?
Colima 71 es una base desde la cual encontrar la ciudad, no para esconderse de ella. Si buscas una hospitalidad que se siente personal, honesta y profundamente humana, este es el lugar.
En Revista Central somos tu guía de confianza para descubrir los destinos que, al igual que Colima 71, valen cada minuto del viaje. Quédate en el sitio y vive el lujo de lo auténtico.
