Todos hemos escuchado sobre el Majestic. Mi última visita a Barcelona fue hace casi 26 años y recuerdo perfectamente que ya era el hotel más elegante de la ciudad. Sin embargo, regresar hoy es descubrir una Barcelona transformada. El Paseo de Gracia que recordaba, aquel dominado por la sobriedad de los bancos, ha dado paso a una avenida rodeada por tiendas de marcas de lujo, cafés arbolados y una escena social vibrante.
Caminar por aquí es ser testigo del estilo barcelonés: ropa que les queda impecable y telas preciosas que a la distancia gritan buen gusto sin necesidad de logotipos, se cruzan con turistas y locales que pasean a sus perros. En este escenario, re-conocer Barcelona de la mano del Majestic es entender que la verdadera elegancia no solo se mantiene, sino que se ha perfeccionado.
El arte de la bienvenida: La mística de Leading Hotels of the World
La experiencia comienza antes de poner un pie en el lobby. Santiago Martín (Communication & PR Manager) y su equipo son los verdaderos guardianes de la esencia del hotel: salen a recibirnos apenas se detiene la van. Es un gesto que te hace sentir en casa de inmediato.
Pertenecer a la exclusiva colección de The Leading Hotels of the World (LHW) no es un título decorativo; es una auditoría de excelencia que exige cumplir con casi 2,000 requisitos de calidad. Pero en el Majestic, el rigor se convierte en calidez. Una maravilla es el proceso de llegada: ellos ya se han encargado de todo, eliminando el trámite del check-in tradicional para acompañarte directamente a tu refugio privado.
Al frente de esta maquinaria de precisión se encuentra Luis Cobo, quien asumió la dirección del hotel hace apenas unos meses. Su llegada marca una etapa fascinante; Cobo trae consigo el estándar de excelencia del Park Hyatt Dubai y una trayectoria impresionante en los hoteles más exclusivos del mundo. Es esa visión global la que está refrescando la operación del Majestic, asegurando que el servicio de clase mundial se encuentre con la modernidad que exige el viajero de hoy.
Piso 7: El suspiro visual y la firma olfativa
Al abrir la puerta de mi habitación en el séptimo piso, no pude evitar suspirar. Dos ventanales dejaban entrar un sol precioso que iluminaba el Paseo de Gracia. El diseño neoclásico, recientemente renovado, convive con detalles de una hospitalidad conmovedora: una botella de champaña, una caja de galletas tradicionales Birba y una nota escrita a mano con una caligrafía impecable que te da la bienvenida personalmente.
Pero lo que realmente envuelve la estancia es su fragancia exclusiva: Musc Éternel. Esta firma olfativa, con un 92% de ingredientes naturales, fue concebida tras un análisis exhaustivo de la historia de la propiedad para reflejar el esplendor cultural de la capital catalana. Es un aroma que te acompaña a través de sus amenities, velas y aceites hechos especialmente para el hotel. Incluso, el detalle se extiende a lo gastronómico con un aceite de oliva y un vino blanco de la casa que son, sencillamente, excepcionales.
La máxima experiencia gastronómica
Soy fanática de los desayunos. Mi rutina ideal de fin de semana es procurar no desvelarme para poder salir temprano con un libro; es mi mejor plan. En el Majestic, esta rutina alcanzó su máxima expresión. Entendí perfectamente por qué su desayuno fue calificado como el mejor de Europa (Prix Villégiature).
La propuesta culinaria, liderada por el Chef David Romero —formado en las cocinas de Arzak y Berasategui—, se orquesta a través de tres pilares que definen su excelencia: el restaurante SOLC, con su enfoque en la cocina Km.0; la emblemática terraza La Dolce Vitae; y el Bar del Majestic. En cada uno de ellos, la variedad es maravillosa: desde platillos árabes y españoles tradicionales hasta un gesto de hospitalidad hacia México (que está en su Top 5 de visitantes). Nos tocaron los huevos rancheros, ejecutados con una creatividad que sorprende tanto como sus panqués o sus jugos naturales.
/ Paulina Gómez M.
Antes de despedirse de la jornada, el bar es una parada obligatoria. Aunque próximamente pasará por una renovación, su esencia actual es vibrante gracias a su mixóloga, Hiomar. Sus creaciones son maravillosas; mi favorito absoluto fue el cóctel Soul, una mezcla que captura la sofisticación contemporánea del hotel.
La herencia viva del Paseo de Gracia
Regresar después de 26 años no fue solo un viaje, fue comprobar de primera mano la inmensa labor, inversión y visión que exige mantener intacto un nivel de excelencia de esta magnitud. El Majestic, dirigido por la familia Soldevila-Casals desde 1918, sigue siendo el guardián de la historia de Barcelona, demostrando que la verdadera elegancia no es producto del paso del tiempo, sino del trabajo incansable, la evolución constante y una profunda atención al detalle.
