Fierro se presenta como una cantina moderna, pero en el fondo es un restaurante que rinde un homenaje honesto a la cocina del noreste de México. El espacio es acogedor y está diseñado para sentirse cómodo desde el primer momento, con una iluminación cálida que crea la atmósfera ideal para alargar la sobremesa. Aquí la propuesta de la chef Lucía Cañas y el creativo Roberto de los Santos se centra en platos sencillos, pero con una ejecución técnica que resalta la identidad norteña en cada bocado.
La experiencia fluye de manera natural, comenzando por la barra, donde se nota un esfuerzo por destacar destilados nacionales menos comunes como la raicilla, el sotol o el pox. Entre sus opciones de coctelería probamos el Chapulín, una mezcla equilibrada de mezcal con pepino y menta que resulta muy refrescante para abrir el apetito. También destaca la Pasioncilla, que combina gin y maracuyá para quienes prefieren un perfil un poco más dulce pero igualmente fresco.
La tradición de las cantinas y su menú para compartir
Al pasar a los alimentos, el menú sugiere que todo sea al centro para compartir. Iniciamos con la ensalada Fierro, que presenta una lechuga completa aderezada con machaca, y unas papas galeana acompañadas de jocoque. Si bien ambas opciones cumplen con creces, las papas destacaron por su sabor y textura. Es notable que cada preparación en la mesa ofrece una sensación distinta al paladar, algo que parece ser un sello de la casa.
Uno de los platos que mejor representan esta cocina son los camarones fritos. Se sirven con salsa coctelera y alioli, y tienen la particularidad de que su cáscara, cocinada con cerveza, es comestible y aporta un toque crujiente muy especial. Por otro lado, la carne asada es un ejemplo de cuidado y paciencia; llega a la mesa cortada en trozos, cocinada con cenizas de maíz y acompañada de cebolla asada, logrando un sabor ahumado muy característico del norte.
Mar y tierra con sazón de cantina
El cierre dulce mantiene el mismo nivel de detalle. La tarta de chocolate con naranja juega con el contraste entre una base de galleta firme y una crema suave, mientras que la capirotada se ha convertido en el plato insignia por una buena razón. Se sirve en una porción generosa que incluye crema de queso fresco, cacahuate y un toque de tomate verde que aporta una acidez inesperada pero muy agradable.
Dulce y tradición
Fierro es un lugar versátil que se adapta a distintos planes. Su ambiente permite tanto una comida ruidosa entre amigos como una cena más tranquila, siempre manteniendo ese espíritu donde lo más importante es compartir una buena botella de vino mexicano y una buena charla.
