En la actualidad, y desde hace un par de décadas, el amor a los gatos se apoderó del mundo; no es que el mundo no se haya dado cuenta de que los gatos son fabulosos, es que no se les había ocurrido crear toda una subcultura alrededor de su peluda figura.
Por eso, cuando escuchamos cuestiones como que en Rusia un museo contrató a un ejército de gatitos para salvaguardar el arte y su historia, no nos extraña, más bien, nos arrepentimos de no haber tenido antes esta grandiosa idea.
La historia de los gatos del Hermitage es una demostración de que el vínculo y la confianza entre humanos y animales siempre ha existido y siempre ha dado frutos estupendos. Después de tres siglos de historia, este vínculo se ha mantenido, así como las obras de arte que descansan a salvo en el Museo del Hermitage en San Petersburgo.
Pedro el Grande, un amante de los gatos
Pedro el Grande, Pedro I zar de Rusia, llegó a Leningrado (hoy San Petersburgo, de la que Pedro el Grande es fundador) al Palacio de Invierno desde Holanda con su fiel compañero; un gato negro llamado Basilio.
Como gran amante de los gatos, Pedro el Grande ordenó su estancia dentro del Palacio de Invierno so pretexto de cuidar las posesiones dentro del recinto y, sobre todo, para alejar a los roedores de las preciosas obras de arte que adornaban el Palacio.
No conforme con Basilio, el Zar ordenó reclutar más gatos que custodiaran los graneros y otras áreas del Palacio, con la estricta orden de no dejar pasar a ningún roedor. Para 1747, la emperatriz Isabel, hija de Pedro el Grande, tomó la decisión de alojar a toda una colonia de gatos porque le tenía pavor a los roedores.
Para esta misión trajeron gatos cartujos de Kazán que la emperatriz distribuyó en los pasillos y en los sótanos asegurando que ni un solo roedor llegara a los aposentos principales.
Con Catalina la Grande las colonias de gatos en el Palacio de Invierno ya eran considerables, entonces empezó a hacerse una distinción entre los gatos de jardín, que custodiaban el exterior del Palacio, y los gatos de interior, ocupados de no dejar que un solo roedor empañara la vista de la reina.
El asedio de Leningrado y la crisis económica de la Segunda Guerra Mundial
Como servidores públicos, los gatitos debían ocuparse de sus deberes (ya sea dentro o fuera del Palacio) y el pueblo y demás trabajadores del castillo debían respetarlos y tratarlos como parte del personal de los zares.
Esta convivencia de armonía y respeto duró bastantes años y las colonias de gatitos ya eran bastante numerosas.... Sin embargo, la historia tenía otro final para estos primeros gatos servidores públicos.
Con los conflictos bélicos que rondaban entre Europa y Asia, era difícil adivinar la situación futura de los zares y del Palacio mismo. Todo sobrevivió incluso a la revolución de octubre en 1917. Los gatos se mantuvieron a salvo dentro y fuera del Palacio... No fue hasta que Leningrado estuvo sitiada durante la Segunda Guerra Mundial que el panorama para los gatos del Hermitage cambió totalmente.
Con la ciudad sitiada, los alimentos fueron escaseando y los pobladores tuvieron que echar mano de lo que fuera para sobrevivir, por lo tanto, el sustento de la ciudad fue a base de los gatos del Hermitage, que, de cierto modo, siguieron con su labor de servidores públicos.
Servidores públicos certificados
Después de lo que supuso este trago amargo para todos, y en cuanto Leningrado estuvo lejos del cerco y la posguerra ayudaba a todos a retomar su vida, inmediatamente se mandaron traer nuevas colonias de gatitos; al final, alguien tenía que seguir vigilando los pasillos del Palacio de Invierno.
El Museo del Hermitage alberga las colecciones privadas de los zares y las emperatrices. Hablamos de una colección de alrededor de 220 obras de artistas clásicos, pintores como Caravaggio, Pisarro, Cézanne, Gauguin, Monet, Matisse, Van Gogh, Rubens, Van Dyck, entre otros adornan los altos muros, y la misión de los gatos del Hermitage sigue siendo la misma: salvaguardar el arte.
No obstante, hay nuevas regulaciones para que todos sigan conviviendo en armonía, y es que el ejército de gatos (cada uno con pasaporte con fotografía que los acredita como servidores públicos) no debe sobrepasar los 70 (ya que si crece el número empiezan los conflictos internos y descuidan sus labores).
Con esto en mente, y ya que a veces es imposible evitar su reproducción o que lleguen solos al museo, cada 28 de marzo se realiza la "jornada del gato", organizada por el personal de la biblioteca. Se planean actividades especiales (enfocadas en niños) y se organizan planes de adopción para que los gatos que no pueden permanecer en el museo, encuentren un cálido hogar.
A las afueras de museo podrás leer el letrero: ¡Cuidado, gatos caminando!
