vacuna coronavirus


Una vacuna para Navidad

Mientras el mundo rebasa las más de un millón y medio de muertes y los 69 millones de contagios por Covid-19, las esperanzas de la humanidad yacen en las vacunas.

A un año y un mes del primer contagio registrado en Wuhan, China, Reino Unido se convirtió en el primer país occidental en aplicar una vacuna contra el virus Sars-Cov-2, hecho que para muchos finalmente ha revelado una pequeña luz al final del túnel. Sin embargo, la verdadera tragedia de esta pandemia apenas comienza.

 

La carrera por la vacuna contra el coronavirus ha demostrado que el avance científico parece no tener límites y que la labor que normalmente tomaría hasta una década, se ha logrado en diez meses. Es difícil no mostrarse optimista ante semejante hazaña. Sin embargo, la llegada de uno o varios proyectos de inoculación exitosa podría desencadenar una de las etapas más conflictivas de la historia reciente: la guerra por las vacunas.

Falta de solidaridad internacional

Según la Organización Mundial de la Salud, hay 214 proyectos de vacunas Covid-19 en todo el mundo; 52 se encuentran en ensayos clínicos y 13 en la fase más avanzada de pruebas. Siete han sido aprobados para uso limitado o de emergencia en varios países y uno ha sido autorizado para su uso masivo por al menos cuatro países al momento de la redacción de este texto: la de Pfizer y Biontech. En resumen, nos dirigimos rápidamente hacia un mercado competitivo.

Pero incluso mucho antes de que se aplicara la primera dosis a una mujer de 80 años llamada Margaret Keenan en el Reino Unido, las naciones ya estaban lejos de competir en igualdad de condiciones para adquirir las anheladas inyecciones. Era de esperarse que los países ricos acapararan la mayoría de las dosis iniciales, pero lo que nadie esperaba fue la falta de una mayor solidaridad internacional.

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Si bien la alianza de más de 180 países llamada COVAX –para asegurar que todos los participantes tengan acceso igualitario a la vacuna– ha sido impulsada desde la Organización de las Naciones Unidas, este tipo de cooperación no ha sido precisamente un sello distintivo de las crisis recientes de salud pública. Recordemos que, durante el brote de gripe porcina de 2009, los países ricos se reservaron una gran cantidad de dosis de vacunas, lo que dejó a los países de bajos ingresos a merced de las donaciones. Incluso hoy en día, diversas naciones han impuesto prohibiciones a la exportación de mascarillas, ventiladores y otros recursos esenciales.

La meta original del mecanismo COVAX era sencilla: producir más de mil millones de dosis de vacunas a través de las aportaciones hechas por los países desarrollados para distribuir vacunas en las naciones pobres. Sin embargo, hoy solo se han comprado 250 millones de dosis anticipadas para el corto plazo, una suma significativamente menor que la cantidad de dosis reservadas por muchas de las potencias, y muy por debajo de su objetivo de proporcionar dosis suficientes para inocular a al menos el 20 por ciento de la población de los estados participantes.

Todavía hay esperanza

Aun así, no todo está perdido. Varias compañías farmacéuticas importantes, incluidas AstraZeneca, GlaxoSmithKline y Johnson & Johnson, se han comprometido a ofrecer sus vacunas sin fines de lucro durante la pandemia. Otros están considerando precios diferenciados para distintos países. Hasta el mes pasado, cuatro importantes empresas farmacéuticas ya habían acordado producir al menos tres mil millones de dosis de vacunas para países de renta media o baja.

Era de esperarse que los países ricos acapararan la mayoría de las dosis iniciales, pero lo que nadie esperaba fue la falta de una mayor solidaridad internacional.


Sin embargo, cuando revisamos las cifras de compras de vacuna a nivel mundial, la meta establecida por la ONU para regresar a una vida remotamente parecida a la normalidad del 75% de la población vacunada se ve cada vez más lejos. De acuerdo con cifras de People’s Vaccine Alliance, organismo internacional de control de vacunas, los países ricos ⎯a pesar de que representan solo el 14% de la población mundial⎯ ya acaparan más de la mitad de las vacunas más prometedoras.

De hecho, con la cantidad de dosis precompradas podrían inmunizar a su población hasta tres veces; mientras que, en 67 de los países más pobres, solo una de cada 10 personas puede esperar recibir una vacuna para fines de 2021. Pero lo que los países desarrollados parecen olvidar es que, en un mundo hiperconectado como el nuestro, de poco servirá que inoculen a la mayoría de su población si el resto de los países se queda atrás.

Según datos de un modelo realizado por Rand Corporation, la distribución desigual de las vacunas podría provocar pérdidas de hasta 1,2 billones de dólares a la economía mundial. Mientras que una distribución proporcional podría evitar casi el doble de muertes. Ya incluso el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, advirtió que los más pobres y vulnerables del mundo no deben ser “pisoteados en la estampida” por las vacunas de Covid-19. Pero quizás él aún es de los optimistas. Después de todo, es Navidad.

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