Como civilización, siempre hemos pensado que si, actualmente, el hombre puede cocinar, todo fue gracias al descubrimiento del fuego y su dominio. Las teorías nos aseguraron que, una vez teniendo una fuente de fuego controlado, surgieron los métodos de cocción estándar: a través del fuego.
Recientemente, investigadores del MIT y la Universidad de Alcalá en España, han descubierto restos de lo que pudo ser una zona de aguas termales junto a fósiles y herramientas de los primeros homínidos, lo que replantea los primeros métodos de cocción. Pudo no ser fuego, sino aguas termales y hervor.
Un rastro de bacterias en la Garganta de Olduvai
Los investigadores de este proyecto partieron a Tanzania, que es donde se encuentra la Garganta de Olduvai, para buscar rastros que indicaran el nivel de afectación en el ecosistema debido al cambio climático. Con investigaciones en los sedimentos del suelo y con pruebas en las rocas, los investigadores pueden llegar a distintas conclusiones.
Al analizar los sedimentos de la Garganta del Olduvai, los científicos hallaron restos fósiles de microorganismos muy particulares, es decir, bacterias que solo se presentan en zonas donde el agua supera los 80 grados centígrados.
Curiosamente, estos organismos se hallaron cerca de donde también se encontraron restos de los primeros homínidos (aquellos que vivieron hace 1.8 millones de años) y lo que concluyeron eran herramientas de caza.
La hipótesis de estos hallazgos es que las primeras comunidades no iban de paso a estas aguas termales, sino que quizá se quedaban a convivir y... a cocinar.
¿Qué fue primero, el agua o el fuego?
Los investigadores barajan varias hipótesis, no obstante, todas ellas están basadas en el presunto análisis de comportamiento de estos primeros homínidos, lo que resulta muy inexacto y poco fiable. Sin embargo, dice uno de los científicos, si alguna vez vieron un animal caer a las aguas termales, ¿por qué no habrían de comérselo?
Otra de las hipótesis es que la cocción no se dio únicamente con las proteínas, también de vegetales que son muy rígidos por naturaleza, como la zanahoria y la papa. Para una mejor digestión y deglución.
La segunda hipótesis que sustenta a la primera es que, quizá por instinto, los depredadores le temían a estas fuentes hidrotermales, por lo que se habría convertido en un espacio seguro para alimentarse y... cocinar sus alimentos al vapor, esto en conclusión con los restos hallados además de las bacterias.
Una nueva perspectiva para el origen de la cocina
El hallazgo en la Garganta de Olduvai abre una grieta fascinante en la cronología de la evolución humana. Mientras que el consenso científico actual sitúa el control definitivo del fuego y la cocina organizada hace aproximadamente 500,000 años, la evidencia encontrada en Tanzania retrocede el reloj casi un millón de años atrás.
Este desfase temporal plantea interrogantes que obligan a reescribir el pasado: ¿fue la inmersión en aguas termales un paso previo y necesario que facilitó la transición hacia el dominio de las llamas? ¿O existieron comunidades de homínidos capaces de desarrollar una tecnología culinaria puramente ambiental que luego se perdió en el tiempo?
Lejos de ser una simple anécdota biológica, este descubrimiento demuestra que la gastronomía no nació de una chispa fortuita, sino de la capacidad innata de nuestros ancestros para leer un entorno hostil y convertir el peligro de la tierra hirviente en su mayor ventaja evolutiva.
