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Childfree: No tengo hijos y no quiero tenerlos, ¿puedo tomar un café tranquila en un espacio libre de niños?

Por: Corina Mendoza
• 6 minutos de lectura

No es que deba justificar mi vida childfree, pero en la era de la inclusión hay que explicar, con mucho cuidado, por qué sí y por qué no...

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Imagen generada con Gemini

"Hijo de mi hija, mi nieto será; hijo de mi hijo, en duda estará"... Eso solía decirme mi madre antes de que aceptara que su única hija mujer (de tres hijos en total) decidió, desde la veintena, que no quería ser madre.

Más allá de lo arcaico y prejuicioso que es el dicho, no niega la verdad: mi madre siempre ha querido tener un nieto dado por mí, y es algo que jamás voy a darle, porque así lo decidí...

Antes de continuar, quiero aclarar que, al menos en lo que a este ensayo respecta, ser una mujer childfree no es lo mismo que ser la bruja mala del cuento que quiere convertir a los niños en ratones; simplemente, no quiero tener hijos y, de ser posible, evito el contacto con los niños como un acto de libertad.

La decisión de no tener hijos; rehusarse a seguir siendo la "mujer del sacrificio"

los niños de hitler, propaganda nazi, proyectos nazis
Wiki Commons
abril 27, 2021 02:25 p. m. • 3 minutos de lectura

Vamos a ver, no es que me haya despertado un día con la certeza de que no quería ser madre (aunque no dudo que así sucede en algunos casos). Llegué a esta decisión después de una ardua guerra de la que volví completamente transformada.

Tengo claro que, ya sea por biología, historia, sociedad o familia, pareciera que ser mujer incluye el deseo de la maternidad, y cómo dificulta las cosas este "chip" de madre incrustado en la cabeza de las mujeres.

La maternidad es algo que no conozco, que no comprendo, que no juzgo y que no quiero experimentar, y para hablar abiertamente sobre este tema, como ya mencioné, libré varias batallas en mi fuero interno. Siendo el primero tener que liberarme de todas las presiones externas.

En lo primero que pensé fue en la institución familiar, muchas veces fomentada por la religión y el Estado, ya que la familia es el pilar de toda sociedad; no obstante, bajo este estandarte de unión y comunidad, existieron muchos que usaron esta decisión para crear soldados y consumidores (sabemos bien que el caso más controversial es el de los niños de Hitler y su proyecto nazi).

Lo mismo sucede con el capitalismo, el sistema y esta obsesión por consumir y convertirlo todo en un negocio lucrativo... En medio de esta crisis económica a nivel mundial, ¿cómo hacer frente a gastos médicos, educativos, recreativos, etc., de alguien más que no sea yo misma?

Para terminar esta primera batalla, me ubiqué en mi contexto actual y el panorama fue desalentador: guerras, crisis económicas, crisis de vivienda, crisis de valores morales... Entonces pensé, ¿de verdad quieres traer un hijo a un mundo como éste? Con honestidad, hay veces que yo misma dudo de mis capacidades de sobreviviencia... La respuesta fue rotunda: NO.

Una vez que pude librarme de estas cadenas, empezó la batalla más difícil, la que libré sorteando a personas que amo, conceptos que conozco e incluso una parte de mi misma (la biológica, quizá), que me hacía dudar a cada paso sobre mis deseos de ser madre.

En esta batalla estaba completamente sola, porque era yo quien le iba a decir a mi madre que no quería tener hijos, lo mismo para mis hermanos, para mi misma, y para mi útero, que sangra cada mes esperando albergar vida... Porque es real que la biología también tiene voz, una muy fuerte y clara.

Al visualizar mi vida con hijos, consagrada a su felicidad y bienestar; de aceptar que mi cuerpo y mi cerebro cambiarían para siempre y al poner sobre una balanza mi salud mental y la de mis supuestos hijos, quedó más que claro que, más que incapacidad, lo que sentía por la maternidad era un enorme vacío...

La otra cara de la moneda: de crianzas "new age", derechos de las infancias y la soledad

@rosario3.com

TODO POR UN LUGAR AL LADO DE LA VENTANILLA DEL AVIÓN 👀🫠 🛩 Una mujer que viajaba con su hijo en un vuelo comercial en Brasil, le pidió a una pasajera si le cambiaba el lugar para que el pequeño pudiera ver por la ventana. 📹 Al negarse al cambio, la madre del niño empezó a filmarla y la acusó de no tener empatía. ✖️ Los demás pasajeros no aconapañron el reclamo y dejaron que lo resolviera la aerolinea. ¿Crees que está bien la reacción contra la mujer? 🤔

♬ sonido original - rosario3.com
septiembre 25, 2024 03:01 p. m. • 1 minutos de lectura

Vamos a ponernos serios un momento (pero solo un momento). Pertenezco a esa generación dorada de "hogares rotos" por el divorcio y madres que trabajaban 24/7. ¿El resultado? Un playlist de heridas emocionales: abandono, autoestima, valor personal... ya se saben la letra.

Sobra decirlo, pero con este panorama, estoy muy lejos de ser la candidata ideal para gestionar la salud mental de un pequeño humano que dependería al 100 % de mí. Y está bien admitirlo. Reconocer las propias limitaciones es, curiosamente, un acto de responsabilidad.

La prueba de que la paternidad no es para todos está a un scroll de distancia en redes sociales. Centenares de videos de "pequeños demonios de Tasmania" redecorando restaurantes mientras la madre, desde la comodidad de su silla, lanza un tierno e inútil: "No, mi amor, eso no se hace".

O peor, el silencio absoluto mientras el caos avanza. ¿Y los papás? Bueno, la ausencia paterna es casi una pandemia. Y no, no se puede decir nada, porque el pobre hombre está "demasiado ocupado proveyendo". O eso dice el guion social.

Hablemos del caso que rompió internet: el niño del berrinche en el avión y el drama del asiento de la ventana. La madre avergonzó públicamente a la mujer que no cedió su asiento (¡por el que pagó!), preguntándose cómo era posible que en pleno siglo XXI no hubiera empatía con un niño.

En X llueven publicaciones de madres alegando que sus hijos no aprenderán a desarrollarse en sociedad si existe gente "intolerante" como la chica del avión.

¿De verdad el problema es la intolerancia? ¿O somos "intolerantes" por no renunciar a la comodidad y libertad por las que hemos trabajado duro para dárselas a un extraño, solo porque es pequeño?

Aquí está el kit de la cuestión: la empatía y la tolerancia funcionan en ambas direcciones. Es un baile social delicado. Sí, los niños necesitan espacio para desarrollarse, ¡claro que sí! Pero no es como si el mundo no ofreciera opciones.

Desde que el sistema descubrió que lucrar con los niños es un negocio millonario (hola, Disney), existe una industria entera de entretenimiento infantil. Una serie de "pretextos" llamados experiencias, talleres, campamentos y películas diseñados para que los papás puedan (respiremos profundo) delegar un rato la crianza a una pantalla o a un monitor de verano.

Y aquí llegamos al verdadero dilema de las mujeres childfree: no tenemos nada en contra de los niños. Un niño gritando de pura emoción por su juego o riendo a carcajadas no es algo insoportable.

Lo que nos cuesta procesar es la inacción de los adultos a su cargo. Si yo quisiera vivir en un monasterio en absoluto silencio, buscaría ese contexto. Mi conflicto no es con el ruido vital de un niño, es con la falta de límites y respeto por el espacio ajeno.

Elegir no tener hijos es, inevitablemente, un camino un poco solitario. Más allá de preferir los espacios "para adultos", te vas alejando poco a poco de los amigos cuyas vidas ahora giran en torno a partidos de futbol, festivales escolares, cumpleaños temáticos y reuniones de padres. Es una desconexión natural.

Y así terminas un domingo a media tarde sola, buscando una buena serie en Netflix y con el teléfono en mano para ordenar comida.

Pero, ¿saben qué? No me molesta. Fue la vida que yo elegí, con plena consciencia de lo que implicaba no elegir la otra opción. Entonces ya no es soledad, es el disfrute consciente del estilo de vida que procuro día con día. Y, honestamente, es una paz que no cambio por nada.

Respeto y coexistencia

mujer soltera bebiendo una taza de café en una cafetería
Pexels

He recorrido un largo camino desde las palabras de mi madre hasta la paz de un domingo por la tarde.

Mi decisión de no tener hijos fue pensada y analizada por años (los pocos que nos da la biología de nuestro cuerpo, porque las mujeres vamos a contrarreloj), no es un capricho.

Es una declaración de independencia frente a mandatos arcaicos, un ejercicio de autoconocimiento sobre las propias limitaciones y un compromiso consciente con un estilo de vida que valora la paz, la libertad y el respeto por el espacio ajeno.

Es la certeza de que, en un mundo saturado de presiones y expectativas, he tenido la valentía de definir mi propio camino y de encontrar en él, sin culpa ni arrepentimiento, una tranquilidad que no estoy dispuesta a ceder.

¿Es que no tengo derecho a solicitarle al mundo un espacio childfree?

A mí me parece que en este mundo cabemos desde las mujeres childfree, las familias numerosas, las tías cool, y hasta los therian... Todo se trata de respeto.

enero 11, 2025 07:30 a. m. • 4 minutos de lectura

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